Respeto
“Entre los individuos, como entre las Naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.
Benito Juárez (1806-1872), abogado y político mexicano.
Injerencismo
El gobierno sandinista acusa de inje-rencismo a la Organización de Estados Americanos (OEA), luego que varios países amigos de Nicaragua expresaron su preocupación por la ola de disturbios, chantajes y el caos en que Daniel Ortega nos está llevando a los nicaragüenses. Ortega fue quien le suplicó a la OEA que interviniera en el conflicto interno de la hermana República de Honduras, y quien junto con Chávez tramaba la inestabilidad política y social de ese país centroamericano.
¿Acaso eso no se puede catalogar como injerencia en los asuntos internos de otra nación, o intervención, o acaso no fueron ellos los que han violentado las leyes de nuestro país mediante la injerencia de otros poderes del Estado robando funciones que no le competen a la ley?
¿Tendrán moral estos señores sandinistas de decirle a la OEA y a la Cooperación Internacional que lo único que quieren en Nicaragua es que se respeten las leyes constitucionales del país, y que son injerencistas, cuando ellos son los primeros en meterse en asuntos de otros poderes del Estado? ¿Entonces a qué le llamamos injerencismo?.
Ezequiel Pérez
La OEA en el 79
A propósito de la Organización de Estados Americanos (OEA), quiero recordar que ésta apoyó antes y después del 19 de julio de 1979, el ataque militar del ejército irregular del FSLN contra los pueblos indefensos de nuestra Nicaragua.
A mi juicio aquellos ataques fueron para robar y asesinar a miles y miles de nicaragüenses, pero hasta la fecha los victimarios mencionados no han sido juzgados por los crímenes de lesa humanidad y lesa patria que cometieron.
Benjamín Guerra
Maleficio de Nicaragua
Pienso que ORO es la sigla del maleficio de Nicaragua: Obando, Rivas y Ortega, o si se quiere al revés. Lo mismo da. Siempre el mismo resultado: la corrupción entronizada en el país. Maleficio que se pudiera romper al conjuro de una orden superior emanada del Vaticano, prohibiendo al Cardenal toda injerencia en política so pena de despojarlo de su capelo cardenalicio. ¿Pero llegará el clamor del pueblo oprimido hasta la Santa Sede? O creerán que son meras “habladurías”, como dijeron algunos de los abusos cometidos contra niños?
Pienso entonces en Ezequiel 34: Así habla el Señor Yavé: ¡Ay de los pastores de Israel que se apacientan a sí mismos! ¿Los pastores no son para apacentar el rebaño ?.
Carlos Chamorro Coronel
Mal ejemplo judicial
Como estudiantes de las Ciencias Jurídicas fuimos instruidos a respetar lo que las leyes prescriben, ordenan o señalan, porque de ellas emana la Justicia, como la virtud única que nace instintivamente en el alma del legislador; con el fin de favorecer y regular en lo correcto y debido a la conducta de los súbditos de un Estado, pero esto se logra cuando el pueblo asentado en un Estado de Derecho y democrático es quien decide qué personas son capaces para gobernar.
En la universidad nos enseñan que nuestra carrera es honorable y que nosotros como futuros profesionales en el Derecho tenemos una gran responsabilidad con la sociedad, pues somos nosotros mismos los que vamos a crear, deshacer e interpretar las leyes. Pero esto se debe hacer con justicia y para hacerlo debemos saber lo que ello significa, no sólo de forma conceptual o por definiciones, sino también a través de la experiencia; que en el transcurso de nuestra profesión vayamos aprendiendo a discernir entre lo bueno y lo malo y como dice Platón en su obra La República , sólo a través del conocimiento y la reflexión podemos llegar a ser buenos jueces; sin embargo, no es necesario para llegar a ser buenos jueces y saber lo que es la injusticia, cometer delitos en carne propia o pasar por encima de lo que la ley señala.
Las personas con más edad y experiencia en las Ciencias Jurídicas, como nuestros mandatarios, magistrados y jueces, deberían de darnos lecciones de moral, urbanidad, igualdad ante la ley, respeto e ineludible cumplimiento a lo que establece la Constitución Política como suprema norma, que emana de la voluntad de la mayoría del pueblo y sobre todo de aquellos temas que se enmarcan dentro de la justicia. Además, deberían darnos ejemplos de valores como la honestidad y las virtudes que como profesionales del Derecho debemos tener, tales como: la templanza, paciencia, tolerancia, fortaleza y sobre todo temor a Dios, pues se supone que ellos con su vasta experiencia y por la responsabilidad que sus cargos públicos les exigen, ya tienen la moral de poder enseñar y dar el ejemplo a los que se están formando y a los que se acaban de graduar en las Ciencias Jurídicas, incentivando a los nuevos profesionales del Derecho a que en sus mentes reine la justicia y luchar para que ésta prevalezca no importando las circunstancias en que se encuentren, los sacrificios que hagan o lo que puedan perder por defender y hacer prevalecer lo justo, lo correcto y lo debido. Pero es lamentable que actualmente en nuestro país esto no se logre ni en lo mínimo.
Al contrario, es asombroso el mal ejemplo y el caos que se está viviendo dentro de los órganos jurisdiccionales.
Para aquéllos que están estudiando y los que estamos comenzando a ejercer esta profesión, es triste darse cuenta que en la realidad se hace lo contrario de lo que nos enseñaron nuestros profesores.
Víctor Manuel Obando Grijalva
Cómo corregir
Todos los chicos, chicas y adultos hacemos cosas que no son correctas o nos equivocamos.
En algunas ocasiones tanto en el centro educativo como en la familia es necesario hacer una corrección a un chico por una acción que no se corresponde con las normas aceptadas por todos.
Pero esta corrección, para ser positiva y educativa debe cumplir cuatro reglas: la primera es que el educador que corrige debe reconocer también los aspectos positivos del que recibe la corrección.
Si el profesor o padre sólo ven lo negativo no tendrán nada positivo en donde apoyarse para ayudar al desarrollo personal del otro.
La segunda regla consiste en que ha de corregirse con afecto y aprecio, como lo haría un amigo o un médico que cura una herida de un paciente.
Ha de hacerse con delicadeza y seriedad, evitando el sarcasmo y la ironía. El afecto y el aprecio hacia el otro ha de estar dirigido a conseguir una mejora personal del otro.
La regla tercera consiste en que el educador que corrige, ya sea profesor o padre, ha de examinarse para descubrir qué parte de responsabilidad tiene en el acto negativo del otro.
Cuando algo marcha mal en una institución casi nadie puede decir que está libre de culpa.
Cuando el educador se siente corresponsable de una falta o error, se corrige de otra forma: puede comentar las circunstancias del hecho y el corregido no verá la corrección como una agresión externa.
La cuarta regla se refiere a la forma de llevar a cabo la corrección: se ha de realizar cara a cara y en privado, nunca en público.
Hay que evitar las comparaciones con otros chicos o chicas, diciendo: “Fíjate en tu primo, qué buenas notas saca”.
Los hechos de la corrección deben estar bien comprobados, no corregir sobre suposiciones o rumores, pues se puede caer en una clara injusticia.
Centrarse en una o dos conductas negativas y evitar las generalizaciones como siempre o nunca.
Y por último elegir el momento oportuno, en el que los dos estén serenos y tranquilos, pues si uno de los dos estuviera nervioso o alterado se perdería una buena oportunidad de resolver el problema.
Haciendo una corrección acertada se evita la crítica destructiva que siempre es más fácil que la constructiva.
Arturo Ramo García
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A