El doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, Mártir de las Libertades Públicas de Nicaragua y Director Mártir de LA PRENSA, dijo que “la libertad de prensa es el sustrato básico sobre el cual se asienta la vigencia efectiva de todos los derechos fundamentales de la persona humana. Sin libertad de prensa no hay libertad de conciencia. Sin libertad de prensa no hay libertad de pensamiento. Sin libertad de prensa está disminuido incluso el derecho a la vida. Sin libertad de prensa no hay libertad”.
El doctor Chamorro Cardenal expresó este pensamiento libertario en 1975 cuando recibió por segunda vez el Galardón de la Libertad de Prensa, otorgado por la Asociación de Periodistas de Guatemala. 16 años más tarde, en 1991, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) instituyó el Día Mundial de la Libertad de Prensa, el 3 de mayo de cada año, en reconocimiento a una conferencia de periodistas africanos por la libertad de expresión que se realizó en Namibia, África. Y dos años después, en diciembre de 1993, la institución del Día Mundial de la Libertad de Prensa fue ratificado por la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Para el doctor Chamorro Cardenal, la libertad de expresión y prensa es un derecho fundamental de todas las personas humanas. Él estaba convencido de que la libertad de expresión y de prensa es un valor en sí mismo, pero al mismo tiempo, condición y herramienta para el ejercicio de todas las demás libertades humanas. Es que, como dice el periodista y escritor cubano-español Carlos Alberto Montaner, en un artículo publicado en la sección Domingo de LA PRENSA el pasado domingo 2 de mayo, desde que los seres humanos comenzaron a guiarse por la razón y tomar decisiones descubrieron que era necesario informarse. Sin embargo, para seleccionar la información más útil y veraz, desechando aquella que no les parece ni les beneficia, necesitan tener diversas fuentes y distintos medios informativos.
Otro eminente escritor y periodista, el argentino Mariano Grondona, ha escrito al respecto que “el hombre contemporáneo ( ) necesita, para saciar su sed de información, el auxilio de aquellos mediadores que les cuentan y analizan lo que sucede hasta en remotas fronteras. Estos mediadores son los periodistas “Pero Grondona también advierte contra el peligro de la desinformación y señala que la garantía para evitarlo es la “pluralidad” de los medios. “Porque es sólo comparando un medio con otro; es sólo sumergiéndose en las corrientes revueltas de la competencia de unos medios con otros, como el lector, el oyente o el televidente, pueden acercarse a un conocimiento satisfactorio. El monopolio periodístico, por lo tanto, es la negación lisa y llana del auténtico periodismo. De más está decir —asegura el autor argentino— que el unicato (poder informativo único) del Estado, más aún que los múltiples medios privados, es el que puede aproximarse, peligrosamente, al monopolio informativo”.
A esto se refiere también Montaner en el artículo antes citado, cuando denuncia que “la violencia totalitaria trata de impedir que las personas puedan informarse. ¿Para qué necesitan informarse si todas las decisiones las toma el Estado y todas las verdades ya han sido descubiertas?”, se pregunta el eminente ideólogo democrático. Esta situación de asfixiante falta de libertad de información y por tanto de todas las otras libertades, es la que impera en Cuba, donde el Estado sólo permite sus propios medios oficialistas que maquillan la información a favor del Gobierno, repiten un solo discurso y pretenden ser dueños de la única “verdad”: la del Gobierno, del partido comunista y de Fidel Castro. Y quienes se atreven a disentir y tratan de informar e informarse de manera distinta y veraz, son perseguidos y encarcelados, como los más de 20 heroicos periodistas que están condenados a más de 20 años de presidio.
Esa misma situación es la que se está imponiendo en Venezuela, es la misma que ya hubo en Nicaragua y que ahora Daniel Ortega y el FSLN pretenden restaurar. Es cierto que en Nicaragua hay —todavía— libertad de prensa. Pero está cada vez más amenazada, y si desaparece de nuevo, con el fin de la libertad de prensa morirían todas las demás libertades y derechos de los nicaragüenses. Lamentablemente hay muchas personas, incluso entre opositores que se consideran demócratas, que todavía no alcanzan a percatarse de esta sombría y ominosa realidad.
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