Yissa Julieht Rodríguez González, de 17 años, a quien se tenía como desaparecida desde hace cinco meses y hasta se creía asesinada, fue entregada este viernes a sus familiares en la Estación Cuatro de Policía.
El 2 de noviembre de 2009 la hermana de Yissa, Johana González, junto a su madre denunciaron la desaparición de la joven. El pasado 29 de abril la Policía del Distrito 8 encontró el cadáver de una mujer en el km 21 Carretera Managua-Tipitapa y se creía que se trataba de Yissa, pero las investigaciones del Instituto de Medicina Legal revelaron que era otra mujer de la zona de Tipitapa que vendía agua helada.
El caso fue seguido muy de cerca por el diario HOY, principalmente.
Yissa dijo ayer haber sido secuestrada por tratantes de mujeres que la llevaron a prostituirse a Guatemala. Asegura que iban a “exportarla” a Costa Rica, pero pudo escapar cerca del puesto fronterizo de Peñas Blancas, en un descuido de sus captores.
Asegura que este último mes la pasó oculta por temor a sus secuestradores en la casa de una señora que también trabajó en el centro nocturno Good Time, donde ella laboraba como mesera al momento de su desaparición.
Según el relato de la joven, su travesía comenzó cuando en el Good Time llegó una mujer que se hacía llamar María Magdalena acompañada de un sujeto, a quienes atendió varias veces como cualquier otro cliente.
- El 2 de noviembre de 2009 los familiares de Yissa denunciaron la desaparición de la joven en la Estación Cuatro de la Policía Nacional.
El Comisionado Noel Cruz, Segundo Jefe del Distrito Cuatro, afirmó que ya se ha realizado una coordinación de patrullaje para que vigilen la casa de la víctima, quien pidió protección porque la mafia se encuentra al acecho.
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“Cuando se rumoraba que cerraría el Night Club, yo me puse desesperada porque la leche de la niña costaba 500 córdobas. Esa mujer me ofreció trabajo en Guatemala, pero le dije que la iba a pensar”, relató la víctima.
“Una vez quedamos de vernos en una disco donde llega solamente gente de dinero. No sospeché nada, me tomé un vaso de cerveza, fui al baño pero al regresar me tomé otro trago. Minutos después que me terminé la bebida, me sentí mareada y con ganas de vomitar”, aseguró. Ya en el carro, dice, perdió el conocimiento.
“Cuando desperté me encontraba en el interior de un camión rodeada de cajas, junto a mí habían otras chavalas menores que yo, bien bonitas, todas atadas de los pies, las manos y la boca tapada”, dijo.
El destino de la víctima después de ese largo viaje era Guatemala, donde las llevaron a una casa que simulaba estar abandonada. Les hicieron cambio de look (corte de cabello, entre otras cosas) para no ser reconocidas fácilmente. Las amenazaron de muerte si decían la verdad a alguien, obligándolas a prostituirse y entregar parte del dinero al jefe de la mafia.
Yissa también reveló que a ella y sus compañeras las mantenían drogadas y luego que terminaban de trabajar las amarraban, siendo esa la causa principal de las señas en sus brazos.
LAS VENDÍAN
“En Guatemala se reunieron varios sujetos para decidir qué hacer con nosotras. A Carol (otra joven originaria de Siuna) y a mí nos llevarían a Costa Rica donde nos venderían a night clubes clandestinos”.

¿CÓMO ESCAPA?
Después de cumplidos los cinco meses de haber permanecido en Guatemala, los delincuentes ya habían distribuido a las otras adolescentes en otros países. Solamente quedaba Carol y Yissa, quienes fueron transportadas hacia Peñas Blancas, donde los compradores llegarían a conocerlas.
“Recuerdo que le dije al hombre que tenía su cuerpo todo tatuado, con la Virgen de Guadalupe en el pecho, que me dejara orinar cerca de un monte. Carol me acompañó, hice el simulacro y en un descuido salimos corriendo tomadas de las manos. Mi amiga ya no pudo más y fue alcanzada por las balas”, agregó.
Al momento de huir Yissa sólo recuerda que corrió como loca, cayó en un predio montoso y no supo nada más hasta que despertó en la casa de un humilde anciano llamado Juan Cano, quien la asistió en medio de su desesperada lucha por vivir. Después de unos días la joven decide viajar a Managua donde pidió refugio a una mujer.
“Tenía miedo de llegar a mi casa y que me estuvieran esperando los asesinos, estaba sin teléfono, ni un córdoba en mi bolsa, para ganarme la comida tenía que hacer los quehaceres de la casa en Managua donde me habían dado refugio”, manifestó.
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