“Mami, te dejo porque hay un vecino con un gato tocando al timbre”. Éstas fueron las últimas palabras que Milly Boele de doce años, habitante del pueblo de Dordrecht en Holanda, le dijo a su madre a las cinco y media de la tarde del miércoles diez de marzo. Ese día cuando su madre Tineke regresó a casa, su hija no estaba. Había pasado una hora desde la última vez que conversaron.
Tineke preguntó a algunos vecinos si habían visto a su hija. Aún sin saber nada de ella volvió a la casa y esperó. Tal vez se aparecería en los próximos minutos. Preparó la cena, pero no comió. Encendió la televisión, pero no la vio. Se asomó a través de la ventana y tampoco vio a su hija.
A las nueve de la noche llamó a la policía. Dos agentes se presentaron y ella les insistió en que algo le había sucedido a Milly, porque ni siquiera se había llevado el portamonedas que siempre cargaba cuando salía de casa.
Esa misma noche los investigadores tocaron a las puertas de los vecinos. Milly había desaparecido sin dejar rastro. Uno de los últimos entrevistados fue Sander V. agente policial de 26 años quien trabajaba en una estación policial al otro lado de la ciudad y quien desgraciadamente, no conocía a la joven porque recién se había mudado a esa zona.
A las diez de la noche la policía local en vez de usar perros rastreadores, lanzó una alerta a través de mensajes de texto por teléfono. Se pedía que cualquier persona que supiera del paradero de la joven se comunicara con las autoridades. Esa misma noche los investigadores ampliaron la búsqueda de Milly hacia otras zonas de la ciudad.
En la mañana del 11 de marzo, un comando de cuarenta policías fue distribuido por la ciudad en busca de la joven. En la operación también se usó un helicóptero. No hubo mayores avances. Tineke estaba angustiada. Su hija jamás se había ausentado tanto de casa y siempre que estaba fuera, llamaba por teléfono para decirle en qué lugar y con quiénes estaba.
A las cuatro de la tarde la policía decidió activar la alerta Amber, un sistema con el que se notifica a aeropuertos, medios de comunicación, oficinas estatales y comercios sobre la desaparición de menores de edad. De inmediato la foto de la pequeña apareció en las pantallas de televisión de sitios públicos y algunos noticieros interrumpieron su transmisión para informar de la desaparición de Milly. En menos de tres horas hubo más de doscientas llamadas telefónicas informando sobre el posible paradero de la niña, sin embargo ninguna pista parecía confiable.
El sábado el agente policial Sander V. celebró su mudanza con una fiesta a la que asistieron otros agentes de policía y su novia, quien también es oficial de policía. Sander V. pasó alegre y tomó varias cervezas en el patio de la casa hasta entrada la noche.
El domingo los agentes volvieron a enfocarse en los vecinos. Sin embargo, no pudieron localizar al agente policial Sander V. porque se encontraba trabajando. Él y otro vecino no habían podido responder con claridad las preguntas de la policía. Milly continuaba sin aparecer.
El martes 16 de marzo Sander V. luego de conversar con su novia, fue a la estación de policía y confesó que la noche del 10 de marzo, mientras Tineke hablaba con los agentes, él asesinó a Milly y la enterró en el patio de su nueva vivienda.
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