El recién pasado primero de abril se cumplieron cuatro años de la entrada en vigencia del Tratado de Libre Comercio entre República Dominicana, Centroamérica y Estados Unidos ( DR-CAFTA).
Este Tratado tenía ante todo el propósito de consolidar y ampliar los beneficios que los países centroamericanos ya estaban recibiendo de la Iniciativa de la Cuenca del Caribe (ICC), los cuales eran temporales. A mediano y largo plazo, el objetivo del DR-Cafta era crear condiciones para el aumento de las inversiones extranjeras y nacionales; establecer reglas comerciales claras y estables; diversificar la oferta exportable de Nicaragua; favorecer al consumidor con mayor acceso a productos de calidad y de menor precio; eliminar barreras arancelarias de manera paulatina, considerando las asimetrías económicas entre países; creación de contingentes crecientes para acceder desde Nicaragua a EE.UU. con cero arancel en la exportación de bienes y productos esenciales; fortalecimiento de leyes como las de propiedad intelectual y laborales; profundización de la integración centroamericana; encadenamiento con otros TLC, como el Acuerdo de Asociación de Centroamérica con la Unión Europea, que además de lo comercial abarca gobernabilidad y desarrollo de la infraestructura productiva centroamericana.
El DR-Cafta no era una receta para que los países pobres y atrasados, como Nicaragua, se convirtieran inmediatamente en ricos y desarrollados. Como todo acuerdo económico y comercial, el DR-Cafta implicaba asumir responsabilidades y correr riegos, con todos los efectos que esto implica. Su ventaja era que abría la oportunidad de que los productos locales, ajustados a los necesarios requisitos de calidad, pudieran ingresar a un mercado tan amplio y rico como el de EE.UU., así como atraer inversiones, crear empleos y estimular el desarrollo económico en términos generales.
Cuatro años después de la entrada en vigencia del DR-CAFTA el balance es positivo, a juzgar por lo que indican las estadísticas y por lo que se puede observar a simple vista. Esto a pesar de que un gobierno desalentador de la economía, como es el de Daniel Ortega, se instaló en el país apenas 9 meses después de que dicho TLC se comenzara a implementar.
El DR-Cafta ha dinamizado el comercio exterior de Centroamérica. Según datos de la Secretaría de Integración Económica Centroamericana (SIECA), en el año 2005 la región exportó a Estados Unidos U$$ 14,488 millones de dólares, pero en los siguientes cinco años pasó a exportar U$$ 19,710 millones de dólares, lo cual significó un aumento de 35 por ciento. Además, las importaciones pasaron de U$$ 30,648 millones de dólares en 2005, a U$$ 37,042 millones de dólares en 2009, o sea que tuvieron un incremento del 23 por ciento, disminuyendo como región económica el déficit comercial con el resto del mundo. En la relación comercial con Estados Unidos, incluyendo Zonas Francas, el 2006 fue el último año en que se exportó más de lo que se importó desde Centroamérica.
Cabe destacar que Nicaragua ha sido el país de Centroamérica que ha crecido más en exportaciones a partir del 2005, el último año antes de la implementación del TLC. En efecto, Nicaragua pasó de exportar U$$ 535.9 millones de dólares en 2005, a U$$ 1,391.3 millones de dólares en 2009, experimentando un incremento del 150 por ciento en las exportaciones a todo el mundo. Comparado con el incremento del 39 por ciento en importaciones, en igual período de tiempo (U$$ 2,491.8 millones en el 2005 versus U$$ 3,462 millones en el 2009), esto ha significado la reducción del déficit comercial del país, sin tomar en cuenta las exportaciones que se realizan desde el Régimen de Zonas Francas.
Hay muchos datos estadísticos más que demuestran los beneficios que Nicaragua ha logrado con su participación en el DR-Cafta. Pero todavía quedan muchos y grandes retos. A pesar de todo, entre los países centroamericanos Nicaragua es el que menos exporta al área y al resto del mundo, en términos absolutos y relativos: 7 por ciento y 8.6 por ciento, respectivamente. Esto refleja falta de capacidad del país para aprovechar plenamente las ventajas del libre comercio internacional. Sin embargo, los avances logrados demuestran que el camino del desarrollo pasa necesariamente por los Tratados de Libre Comercio. Y que lo peor es la alternativa del populismo, la cual significa mantener a los pueblos en la pobreza, inclusive empobrecerlos más, pues así a los políticos demagogos les resulta más fácil manipularlos y someterlos a su poder autoritario.
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