Las irrefrenables pretensiones del ex convicto Arnoldo Alemán de alcanzar nuevamente la silla presidencial lo están llevando a realizar actos cada vez más locos y desesperados. Para el PLC, ésta malsana pretensión no constituyera ningún problema si este político corrupto no tuviera la limitante de contar con el rechazo popular, con el desgaste y la desvalorización de su cúpula, por el descrédito que como institución política se ha granjeado al tornar en una práctica cotidiana la pactadera con la oligarquía orteguista.
Pero ellos, Alemán y sus vasallos políticos, siendo cada vez más conscientes de la tiranía de esta realidad, se han lanzado a la aventura de querer importar personalidades que les permitan reedificar sus carcomida popularidad. Alemán, enjaulado por los miedos que le suscita el monstruo del orteguismo, que él mismo resucitó con sus torpezas, concibió la idea, nada descabellada, de traer a Nicaragua al ahora reconocido político hondureño Roberto Micheletti Bain quien ha alcanzado —en la sociedad democrática nicaragüense— el respeto y la admiración por la valentía con que se enfrentó al mundo entero, para hacer prevalecer una Constitución que nació para respaldo de la democracia y no para la perpetuación de dictadorcillos que embrutecidos por sus ambiciones atropellan la dignidad y decoro de los pueblos latinoamericanos.
Jamileth Bonilla, promotora de “esta brillante idea”, ignora que en la Constitución hondureña los dictadores como Ortega, Chávez, los hermanos Castro Ruz y el mismo avaro y ambicioso Arnoldo Alemán, no tienen cabida. No hay sitio para ellos, no sólo porque los derroteros de sus leyes lo impiden, sino porque el Gobierno lo conforman hombres y mujeres que amando su Patria con tesón y valentía sienten respeto por las leyes y la voluntad popular.
Que diferente es nuestra Constitución. La pluma del poeta Guillermo Rothschuh Tablada en el prólogo del libro Entre Autores y Personaje del escritor nicaragüense Bautista Lara, grafica estas diferencias con sorprendente claridad: “Comprendo —dice el autor de Tela de Cóndores — que ustedes están sumergidos dentro de una órbita mayor que se llama Constitución Política de Nicaragua, y cuyas leyes no fueron escritas por dioses o semidioses, sino por grupos y grupejos muy reducidos, y cuyas metas son paralizar el país o paralizar sus gestiones, cuando están peligrando sus grandes intereses”. No hay crueldad en las palabras del poeta, sino en la descarnada realidad que plantea.
Esto de “sacar pecho con sombrero ajeno”, como decimos en Chontales, de brillar con prestigios alquilados, sólo me recuerda al dictador guatemalteco Manuel Estrada Cabrera (1857-1924) quien gobernó con temple romano durante 22 años desde 1898 hasta 1920, y que secuestró a nuestro poeta Rubén Darío pretendiendo utilizar la fama del vate nicaragüense en beneficio de su cuarta candidatura. Darío, ya en el ocaso de su vida, como diría Amado Nervo, fue “invitado” a la gran Convención Nacional del Partido Liberal en Guatemala que tuvo lugar el 7 de julio de 1915.
Aún cuando la neo-dictadura orteguista hubiera dejado entrar al ex presidente de Honduras, éste debió rechazar la invitación, no porque los nicaragüenses no merezcamos su visita sino para que no apoyara a Alemán en sus nefastas pretensiones de volver al poder. Los y las nicaragüenses no tenemos necesidad de optar por una ficha como ésta, tenemos derecho a escoger algo mejor, a algo menos viciado, menos corrompido y menos manoseado por los sandinistas. Así las declaraciones que vertiera en España el señor Montealegre me parecieron lógicas, oportunas y muy apegadas a la realidad que vivimos las bases democráticas.
El señor Micheletti debería saber que Alemán está vencido por su desmedida ambición por el poder, vencido por el dictador de turno, la prueba de ello está en su obediencia, en la docilidad con que ejecuta todos sus lineamientos.
Pero aquél, que una vez tuvo el valor de compararse con Nelson Mandela, parece sacado, tanto de la imaginación del escritor mexicano Carlos Fuentes —pues a manera de sus personajes Alemán “es capaz de tragarse un sapo sin hacer gestos”— como de las cavilaciones de Nicolás Maquiavelo, al no importarle que lo tachen de corrupto si a cambio mantiene a sus súbditos unidos y leales a sus macabros intereses. No le importa firmar otro pacto con el Frente Sandinista si con ello allana el camino que lo conduciría nuevamente al poder.
Don Roberto Micheletti debería darle a Alemán clases de valentía, de coraje, de verdadero liderazgo, de civismo, de orgullo, pero no de aquel orgullo que transpira en cada dicho y gestos, sino de ese orgullo que dignifica al nicaragüense sin que dejemos de ser humildes y sinceros.
Que Dios nos libre de las iniciativas de Alemán que amenaza en convertirnos en la Venezuela de Chávez al concederle a Ortega otro período presidencial.
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