El teatro es así de misterioso y subyugante. A veces todo cristaliza maravillosamente y vemos actores inspirados, un público receptivo y cuaja la magia en una atmósfera especial.
Otras veces pasa lo contrario. Algo falla, los mecanismos que articulan la propuesta se desequilibran y no se logra ese momento especial, entonces la obra no parece la misma de la otra vez y nos sentimos desalentados.
Esto fue lo que ocurrió con la obra La Resma de Papel , del grupo Quetzatlcoatl, de Matagalpa, y su presentación en el Festival Internacional de Teatro del Justo Rufino Garay.
Durante el Festival de Teatro Popular (Movitep) ellos estrenaron esta pieza en el Mercado de Artesanías de Masaya y fue muy bonito lo que pudimos disfrutar esa noche.
Concebida como teatro popular, para interactuar con su público, La Resma de Papel no cumplió sus expectativas cuando llegó al teatro de sala, esa breve elevación del escenario hizo que perdiera su fresca espontaneidad.
Por otra parte veíamos a Ernesto Soto desorientado, olvidando los nombres de los personajes con quienes interactuaba y Pablo Pupiro no podía llenar los vacíos e incongruencias que pasaban en cada escena.
¿QUÉ PASÓ?
Pasaba algo extraño, diferente, que no permitía aglutinar los elementos de la representación. Y sí, algo sucedía, lo supimos después de la función.
Ernesto Soto lleva mucho tiempo enfermo, su padecimiento renal es grave, necesita un trasplante de órganos y sobrevive por las diálisis que debe hacerse cada cierto tiempo. Precisamente ese día estaba en uno de sus peores momentos, sufría de calambres y malestar.
Así que él, que fue el Rey de la noche en Masaya, no pudo retener su cetro. Es admirable que aún siga actuando, que tenga fuerzas para trabajar, pero sus compañeros no pudieron salvar la función y vimos una Resma de Papel muy, pero muy diferente a la de aquella hermosa noche en Masaya, cuando Soto y sus compañeros cristalizaron una puesta para recordar.
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