Ahora las cuentas son otras. Y aunque el paleosocialismo chaviano quiera reinventar un “nuevo orden internacional” anti-Washington, sus aliados son numéricamente inferiores que hace un par de años.
En un lapso breve de tiempo, el ALBA perdió a Honduras por la sucesión constitucional en Tegucigalpa; y a Haití, luego del terremoto, y con la ayuda desbordante de Estados Unidos, hasta instalaron a más de 10,000 soldados gringos en Puerto-Príncipe.
Así también, en Chile, con el triunfo de Sebastián Piñera; y en Panamá con el triunfo de Martinelli, habrá dos países menos que coqueteen con las ideas explosivas y altisonantes de la izquierda radical.
Mientras en Caracas y La Habana los golpes duelen mucho, porque en política, al igual que en matemáticas, los números suman, los números nos dicen cuánto tenemos y cuánto podemos, acá las preguntas son: ¿Va a ser esta una tendencia? ¿Y qué consecuencias tendrá como alternativa para América Latina?
Veamos cómo están alineados los bloques ideológicos. Por el lado radical están Castro, Chávez, Ortega, Morales y Correa. Son 5. Mientras que los moderados son Lugo, Colon, Funes, Mujica y Lula. Por su parte, Preval en Haití, después de abrazarse con todo gringo que llegara a Puerto Príncipe, no creo que tenga rostro para ir a los foros del ALBA a oír latigazos verbales. Y este grupo de 5-6, aunque esté a la izquierda y tenga razones justificadas para mantener un discurso anti gringuista, no se van a prestar a enfrentarse a los Estados Unidos. ¡Serían tontos e ingenuos!
Por otro lado, Calderón, Fernández, Lobo, Chinchilla, Piñera, García, y Uribe, que están en contra de esas izquierdas, ya suman 7. ¿Se volteó la tortilla como decimos los nicaragüenses?
El petróleo es un buen aliado de Chávez, pero ahora hay más sustitutos de ese hidrocarburo que todos los países del mundo están usando. Por otra parte, Chávez, después de 10 años de expropiaciones en Venezuela, ahora tiene que honrar esas deudas exorbitantes. Lo peor: ya su maquinaria obsoleta que requiere para sacar su petróleo se le está venciendo y ningún país le va a querer vender repuestos o nueva tecnología, luego de sus arbitrarios despojos. Consecuencias: le va a suceder como a Irán que ya ni siquiera puede refinar su propio petróleo, sino que lo tiene que comprar más caro en el exterior.
Si antes Castro era el buque insignia de la revolución radical por su retórica, ahora Chávez —un socialista con mucho dinero— ¡tampoco con plata demuestran ser exitosos!
Una vez Castro le dijo al escritor chileno Jorge Edward: “Nosotros somos muy buenos para pelar, pero no sabemos producir”. ¿Y cómo van a acabar con la pobreza si nunca aprenden siquiera a manejar la riqueza para distribuirla entre los necesitados, y más bien siguen derrochando más plata en armas?
Consecuentemente, nuestros empobrecidos pueblos, creo que van a seguir siendo tan miserables como siempre lo han sido. Prueba de ello son estos reveses electorales que ha sufrido la opción radical en América Latina.
Y es obvio que el bando de los Castro-Chávez ha comenzado a achicarse, a pesar de las promesas de Hugo, de construir represas, refinerías, acueductos, bancos que sustituyan al BID, organismos que sustituyan a la OEA (¡Esta es una lección para Insulza y que vea qué hipócritamente lo trataron!). Nada funcionará con el dinero del petróleo de Chávez a largo plazo, porque el socialismo peleonero y bravucón, sigue siendo improductivo, yermo, insubstancioso, e insoluble.
¿Después de la receta número XXI vendrá la XXII, o se acabará para siempre esta pesadilla global?
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