Por Róger Fischer S.
Recordar los barrios de la Managua previa al terremoto del 72 es un ejercicio que muchas personas hacen con frecuencia y provoca discusiones a veces acaloradas porque cada quien tiene sus propias evocaciones, basadas en tiempos y emociones diferentes.
Profesionales, rentistas, empleados bancarios, dueños de comercios grandes, pequeños y medianos, familias venidas a más y otras venidas a menos, negocios de servicios, clínicas, hoteles y pensiones, escuelas de comercio, en fin de todo un poco y para todos los gustos tenía San Antonio.
San Antonio eran tan vasto que yo voy a arrancar de la Avenida Roosevelt hacia abajo, teniendo como linderos la esquina noreste del Gran Hotel y yéndome sobre la calle, ahí vivió el Padre Perezalonso donde hizo su fundación e inició la UCA. Visitantes asiduos Don Juan Manuel Siero, funcionario de la Embajada Americana y padre de Juan Manuel cariñosamente llamado Sierito, hombre de mil batallas, bien informado y que suele tartamudear cuando le conviene. Más allá los Ulvert, distribuidores de automóviles, embajadores, condes, políglotas y otros puros aromáticos. Una maderería en la esquina y enfrente el Gran Hotel, con dos piezas a la calle que albergaban a dos personajes —el Coronel Mejía Chamorro que había peleado en la Primera Guerra Mundial y exhibía sus doscientos pares de zapatos y botas, algunos fuetes militares y medallas ganadas en los campos europeos—. El otro era el Conde Miguel de Escoto, de quien José María Moncada decía… Ni es conde, ni es coto.
Padrino de Tacho Somoza Debayle, manejaba concesiones mineras otorgadas caprichosamente por Somoza García. El Gran Hotel es uno de los cuatro grandes iconos de San Antonio, los otros… la Casa Dreyfus semillero de la inmigración francesa hoy convertidos en importantes familias del país… El almacén de Carlos Cardenal, pionero del modernismo, con sus escaleras eléctricas que hacían tropezar a más de algún cliente… era otro icono, y desde luego la Basílica menor de San Antonio, a los que dedicaremos el segundo artículo sobre San Antonio.
La casa Vassalli, familia que manejaba líneas navieras, depósitos de carga y que con el Chele Barreto y Álvaro Porta abrieron una empresa de préstamos al estilo de Indesa, era vecina del barrio. Según los conocedores dicen que los Mántica llegaron a Nicaragua por medio de los Vassalli, en realidad yo no tengo pruebas de ello. Otros vecinos eran Doña Polina Salomón y su esposo don Andrés, con su sonrisa alegre y su oloroso puro, padres de la Tintín, Midia, Henriette e Ivette quien falleció junto a su esposo el Dr. Caldera (Calderita) en el trágico accidente de SAHSA.
Hacia abajo, Pedro Rafael Gutiérrez, creativo e inteligente, de difícil carácter y control, fundó con William Morales la Agencia de Publicidad Wilmor. William después pasó a McCan Ericsson y murió en el exilio trabajando su pequeña imprenta. La Jefatura Política de Managua, la empresa Centroamericana de ahorro y préstamo con el menor de los Tünnermann a la cabeza, la firma de los Fonseca Mendoza, tíos de la Merceditas Gordillo, la Droguería Riestra, Rodolfito Vivas y otros que se me escapan, eran los vecinos al Oeste de Comunicaciones. Y más hacia el lago la Nora Solano y sus tías. Flecha de Hernán Robleto, que compraba las noticias entre cinco y veinte pesos, a un periodista tuerto, a quien Nacho Briones le decía: “Si tuvieras los dos ojos buenos, te pagaría el doble”. Nacho entonces tenía “impacto” en la misma calle, al igual que los Guerrero Soriano y los papás de la Carmencita de Manuel Zurita.
Los Manfut, los Castillo, el Dr. Roberto González Dubón y doña Merceditas, sus hijas, el zorro González padre de la Coty Guerra y el Coronel López exiliado tico en Nicaragua, también eran vecinos al igual que los Terán Balladares, encabezados por don Roberto Terán Gurdián y José Ernesto Terán Callejas y Violeta Lacayo, padres de bellas mujeres, entre ellas Verónica, esposa de Alejandro Cardenal, arquitecto de buen gusto y a quien Noel Lacayo le dice cariñosamente “el príncipe”. Los Arguello Pereira, médicos; el poeta Rivas Solís, el Dr. Adán Solórzano —cardiólogo— Chalo y la Lourdes Solórzano recién casados, Jaime Villa y Alicia, el Coronel Gallardo, Director de La Gaceta. La Nidia Manfut viuda de John Kelly, en una decisión inteligente en común conmigo, a nuestros catorce años y viendo que siempre nos quedábamos comiendo pato en las fiestas optamos por bailar juntos, sin importarnos los machucones, hasta que pudimos fluidamente bailar y cesar nuestra frustración. Fue así que en los quince años de Mirna Solórzano —La Silverio— bailé con ella… “El patito chiquito no quiere ir al mar, porque en el agua salada, no sabe nadar…” con pasos de boteadito y toda la cosa. Me lucí como dicen los granadinos y nunca más volví a comer pato.
La Mirna era parte importante de San Antonio, hija de Doña Sara y nieta del Dr. Alfonso Solórzano, con una casa hermosa en el callejón de Comunicaciones y hermosísimos terrenos en la explanada de Tiscapa, heredera en grande, el dinero se disipó como suele ocurrir con las grandes fortunas heredadas. Don Alcibíades Fuentes, personaje de carácter, que en el bautismo de un nieto quiso imponer su nombre al bautizado, con la franca oposición del papá, que a la larga salió vencedor. El Dr. Aníbal Solórzano, esposo de la Queta Morgan, padres de María Helena y hermanos. Abogado de prestigio y hermano de los famosos “Ismaelitos” que mandaron en la época de Emiliano. La Toña Gallard quien aprendió a vender conmigo. La Panadería Tica, la venta de autos del Gadala María, manejada por Octavio Sacasa (padre), quien nos dejaba manejar los modelos nuevos los fines de semana como vendedores ocasionales, lo que nos permitía algunas comisiones y muchas novias. Buitrago ajá, con su tribu, la Kunka enfrente, Leslie Caldera y sus hijos de nombres sugestivos. La oficina de Cairo y sus ventas de lotes en La Florida. La Pensión Poessy. El Gordito Cerna que cuando nos íbamos a bailar se bebía los tragos. Una pensión segoviana. Una fábrica de camas. El Ministerio del Trabajo. La Farmacia Alvarado. La familia de don Antonio Cabrera Lezcano. El Dr. Emilio Lacayo,
Pareciera que estoy haciendo un “chacuatol” pero quienes eran del barrio me pueden seguir sin problemas. Más abajo vivieron los Urroz, los Castillo de Chicho Blanco y la Coco Zelaya, Chale Baca Martínez, José Rolando Santamaría, casi colindando con San Sebastián.
Ahora empezaré con la esquina de La Taca, jefeada por un señor Guerrero, padre de Mireya, la de Chepito Salinas y luego manejada durante muchos años por el siempre atento Sr. Luis Rosales. Después de La Taca, era la entrada al Victory Club, que hacía una tertulia a la semana y siempre con la misma gente, únicamente cambiaba el nombre de la agraciada jovencita a quien le dedicaban la fiesta. Mercedes Benz en su etapa inicial estuvo ahí, inmediata a la Casa Dreyfus, donde Arturo Cruz (padre) era el jefe contable, y Arturito Cruz el papá del Embajador, fue su asistente. Arturo con Mundo Román importaban mercancías que yo, su vecino, vendía con buen suceso. En la acera de enfrente vivían los Del Carmen, Leonel Riguero, el Almacén de Phillip A. Martínez, mi familia, la familia Borge, P. J. Frawley quien a mis 17 años me invitaba a tomar un trago de Black and White, todas las tardes, a escondidas en su escritorio, hasta que nos agarró Doña María Pegneaut, y fue a poner las quejas a mi mamá diciéndole que yo le estaba corrompiendo a su anciano marido. En mi casa también vivió doña Lupita Quiroz de Martínez, costarricense y viuda de don Phillips, ella orgullosamente decía que su apellido era ilustre y tenía por lema: Después de Dios… Quiroz. Don Chente Navas y sus bellísimas hijas enfrente los Pereira, primos de Enrique y vecinos del Dr. Joaquín Cuadra Zavala, respetable jurisconsulto, cuya casa era esquina opuesta a la de Doña Casimira Argüello de Gómez, por lo que los vecinos decían que era un trozo de la Calle Atravesada de Granada, en Managua.
Cierto o no, las tertulias familiares más famosas de entonces, se daban en esa casa, con la presencia de Doña Mina, Carlos y Miguel Gómez y una serie de personajes que a diario disfrutaban de la hospitalidad de la familia, que adornaba con grandes jarrones de flores
Bellas y fragantes la sala principal de la casa. Ahí conocí chavalos a Joaquín, Juan y María y recuerdo especialmente a su papá el caballeroso Dr. Roberto Sacasa, quien ejercía su profesión de dentista en su consultorio hacia el lago.
Una hermana del Dr. Lacayo Farfán era la modista de moda en Managua, vivía frente a los Gómez, contiguo a los Cordúa. Y otra casa de raigambre era la de Doña María Dreyfus y don Juan con sus hijos Enrique, Gerard, Bernard y Claude, pintores, empresarios, cineastas y más, de quienes nos ocuparemos en San Antonio II.
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