Una frase famosa dice que los que no aprenden de la historia están sentenciados a cometer los mismos errores del pasado. La historia de Nicaragua ha estado marcada por las actitudes de políticos y gobernantes que se rehusaron a escuchar, que se rehusaron a ser consecuentes con las palabras de nuestro Señor Jesús, quien enseñó que “lo que el hombre siembra, eso también cosechará”. En otra parte la Santa Palabra de Dios nos dice, que “el que siembra viento, torbellino cosechará”.
Otras enseñanzas filosóficas se refieren a esta ley universal como la “ley de causa y efecto”. O sea que esto es una ley probada, no una mera teoría, no es una especulación, ni un cuento. Nuestros actos conllevan una relación directa de efectos producidos, y proporcionalmente a la magnitud del hecho, así será el resultado, sumado a su efecto multiplicador. Por ejemplo, si se siembran tres granitos de maíz se obtendrá por lo menos una o dos mazorcas de maíz, cada una con aproximadamente 80 granos. Tres granos te pueden producir entre 80 y 160 granos de resultado.
El presidente Somoza sembró amenazas, violaciones a los derechos humanos, sembró miedo, sembró corrupción, autoritarismo y egocentrismo por muchos años en Nicaragua. Con todo esto, se llegó a sentir un faraón, un emperador, casi un dios, junto a un pueblo subyugado. Equivocadamente asumió que su gran capital, sus prebendas y compras de voluntades, le aseguraban el futuro de su dinastía, de tal forma, que su proyecto personal fue muy bien comprado y asimilado por la Guardia Nacional, la cual se convirtió en cómplice y ejecutora de sus caprichos.
Sin embargo, su fin, a través de un proceso de insurrección y miles de muertes, fue la caída de su gobierno, su expulsión, su derrota y en última instancia la muerte misma de manera violenta y trágica. Causa y efecto; siembra y cosecha.
Le doy gracias a Dios que hoy por hoy contamos con un ejército muy diferente, a veces malentendido y criticado por algunos que no comprenden la complejidad de los retos que atraviesa la política en Nicaragua. Nuestro ejército está expuesto a una serie de fuertes presiones, donde lucha por mantener su profesionalismo y un equilibrio entre corrientes encontradas. Sin embargo, el general Omar Hallesleven en sus palabras de despedida en la ciudad de Matagalpa, hizo hincapié en la necesidad fundamental de la palabra corta, pero significativa como es la “credibilidad” de las fuerzas castrenses. Ellos comprenden que los gobernantes entran y salen, y por ende, son pasajeros, pero no así la institución castrense. Ésta existe de manera permanente, para garantizar el respeto a la Constitución, a la soberanía, a la seguridad y a la libertad, de cualquier forma de yugo opresor contra el pueblo. He compartido con algunos altos oficiales militares, con coroneles y generales, y ellos dicen que les anima el que como ciudadanos les expresemos que para nosotros ellos son la institución más confiable de todos los poderes en Nicaragua. Como tal, les bendecimos y les animamos a persistir con su llamado y vocación para con su Patria Nicaragua. Dios bendiga, guarde e ilumine a nuestro nuevo general Julio César Avilés.
El autor es Teólogo y Empresario
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