Boston (AIPE)- La alarma ocasionada por el supuesto recalentamiento global se está derritiendo mucho más rápidamente que el hielo en los picos del Himalaya. Pero el alarmismo de Al Gore no disminuye.
En un reciente artículo de 1,900 palabras publicado en el New York Times, el ex vicepresidente de Estados Unidos nos advirtió sobre las amenazas del recalentamiento: “una calamidad inimaginable que requiere profundas precauciones para proteger a la civilización humana que conocemos”.
Pero no menciona su interés financiero y personal en que se instrumenten las medidas que propone. Gore ha realizado grandes inversiones en vehículos eléctricos y en otras empresas que se beneficiarían inmensamente de toda legislación contra el consumo de gasolina y de otros combustibles fósiles para la generación de electricidad, lo cual explica su espeluznante advertencia de que si no actuamos decisivamente “nuestros nietos, retrospectivamente, nos verán como la generación criminal”.
Con “contaminación que recalienta”, Gore se refiere al dióxido de carbono (CO2), el cual es tan “contaminante” como lo puede ser el oxígeno y el agua, pero la vida humana sería imposible sin todos ellos. CO2 es esencial para la fotosíntesis, el proceso que mantiene vivas las plantas y genera el oxígeno que los seres humanos y los animales inhalan. Lejos de contaminar al mundo, el dióxido de carbono lo enriquece. Niveles más altos del CO2 se asocian con cosechas más grandes, mayor crecimiento de los bosques y temporadas más largas para sembrar y cosechar; es decir, con un planeta más verde.
Desde luego que dióxido de carbono también contribuye al efecto invernadero que mantiene la temperatura de la Tierra. Pero la mayor parte del CO2 ocurre de manera natural y nada nos indica que el dióxido de carbono emitido por las fábricas e industrias tiene algún impacto negativo en el clima.
Por otra parte, se ha comprobado que la actividad económica y agrícola causante de esas emisiones de CO2 ha sido enormemente beneficiosa para muchísimos hombres, mujeres y niños. En los últimos 20 años ha aumentado la expectativa de vida en los países en desarrollo y ha disminuido la mortalidad infantil. La producción per cápita de alimentos se ha disparado y cientos de millones de personas en China y la India han logrado superar la pobreza. No queda duda que el CO2 ha contribuido al dramático aumento en la calidad de la vida de la gente.
Pero nada de eso lo toma en cuenta Al Gore, sino que por el contrario apunta a las recientes tormentas de nieve en el noreste de Estados Unidos como “prueba” del recalentamiento terrestre. La buena noticia es que cada día menos gente cree lo que él dice, como tampoco en su insistencia en lograr mayor intervención y mayor control gubernamental para evitar ese supuesto recalentamiento. © www.aipenet.com
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