¿Dónde está Fátima? se preguntan los vecinos del barrio Laureles Norte, lugar donde vivía la desaparecida María de Fátima Pérez, de 23 años, quien el pasado 14 de febrero salió de su casa en compañía del mexicano-estadounidense Ramón Alcázar, de 52 años, para no regresar.
Según fuentes extraoficiales, el mexicano tiene vínculos con el narcotráfico, razón por la cual no trabajaba y siempre mantenía dinero y más de tres vehículos, incluidos la camioneta color roja placas G 78111 en la que salía a pasear con la joven, la que fue encontrada en abandono por la Policía en la frontera Las Manos.
El automotor fue llevado ayer en horas del mediodía hacia el Laboratorio Central de Criminalística, donde se conocerán mayores detalles de las huellas digitales o cualquier otro elemento que deje al descubierto los detalles de las investigaciones.
Fuentes ligadas a María de Fátima, quienes pidieron que sus nombres quedaran ocultos por temor, revelaron que la víctima conoció a Ramón Alcázar en un centro nocturno donde ella trabajaba como bailarina.
Después de unos meses, el hombre decidió alquilar una casa que quedaba frente al hogar de la muchacha en el barrio Laureles Norte, en Managua, con el objetivo de formalizar una relación de pareja con la víctima.
“Ese hombre mantenía económicamente a Fátima, a su mamá y a su pequeño hijo, quien pregunta siempre por su madre sin que su abuela le tenga una respuesta alentadora”, dijo la fuente.
Los vecinos del barrio Laureles Norte están casi seguros que el cadáver encontrado en La Quinta Angélica, en El Crucero, pertenece a María de Fátima Pérez por las características de su cabello, pero lo único que no entienden es por qué su madre niega que sea su hija.
LA PRENSA buscó la versión de María Auxiliadora de Pérez, madre de María de Fátima, pero una joven que abrió la puerta de la vivienda aseguró que la señora no estaba en casa y procedió a ponerle candado al portón de la casa casi en las narices del equipo de este diario.
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