CORRESPONSAL/ CHINANDEGA
La falta de agua desesperó ayer a los cinco mil habitantes del reparto Virgen de Candelaria en la zona sur de Chichigalpa, quienes viven una calamidad por un prolongado corte ejecutado por la estatal Empresa Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillados (Enacal), que a la vez reclama a los afectados una mora de 3 millones de córdobas.
Mujeres, ancianos y niños con sed se plantaron por la tarde frente a las oficinas de la delegación de Enacal, poco después de recorrer el cauce seco del otrora río La Esperanza, por el que hace un par de días dejó de correr una débil corriente de agua que aprovechaban los vecinos para lavar la ropa.
Carolina Velásquez, delegada de Enacal, alegó que los mismos usuarios del barrio —uno de los más grandes de Chichigalpa— son parte del problema. “El reparto Candelaria despunta a nivel nacional como uno de los más morosos en lo que el circuito de Enacal respecta. Ahí hay mil 300 abonados y pagan (por el servicio) sólo de 300 a 350 abonados”, reveló la funcionaria, tras agregar que han descubierto que los pobladores usan 83 pequeñas bombas eléctricas que dañan el sistema y bajan las reservas acuíferas.
Según datos ofrecidos por Velásquez, la mora de estos usuarios asciende a 3 millones de córdobas, la cual arrastran desde 2005.
La funcionaria precisó que es tal la rebeldía que ni los llamados Gabinetes del Poder Ciudadano pueden con los morosos, porque desde el pasado mes de noviembre se les rebajó el 70 por ciento en las facturas, en reconocimiento por el desabastecimiento, pero aún así no asisten a cancelar.
La delegada de Enacal denunció que en los momentos que llega el agua al reparto, los vecinos la derrochan, además de que tiene llaves en mal estado y han dañado las tuberías.
Para paliar la dificultad los vecinos recurren a los barrios vecinos o a una pipa que envía a diario el Ingenio San Antonio.
Sin embargo, el principal temor de los pobladores es el riesgo de contraer enfermedades por la calidad del agua que consumen.
Los pobladores dijeron que han mostrado mucha paciencia pero que es una violación a los derechos humanos que les corten el vital líquido. “No omitimos que hay algunas personas que no pagan el recibo, pero no es la solución cerrar la llave”, señaló un vecino.
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