Lava y frío en la atonalidad sin misericordia. La tiña de épocas hirsutas —ayer y hoy— tumbadoras de esperanzas. Terremotos. Desniveles físicos y políticos con la desembocadura en los problemas económicos.
Antes como hoy repercutían las mismas ingratas motivaciones, expuesta la dignidad a perder su trono porque ella “no da de comer” me decía un correligionario que luego fue diputado y “un cargo en el gobierno, con el usufructo del poder, eso sí da”.
En las relaciones entre Nicaragua y Honduras, se hace una revisión, señalándose con lógica que no deben confundirse los problemas económicos con los problemas políticos. En este caso la comparación está relacionada con los enigmas de las finanzas colectivas, más no con aquellos que son estrictamente individuales. Y es penoso aseverarlo: Lo que tiene nexos con los intereses de cada cual, está relacionado con la política o con las ambiciones de los políticos.
A propósito de “la puesta en escena” de numerosos, adocenados huesos que dependen de la pauta política de los asambleístas, oí decir a otro “camarada”. “Estoy tan mal que yo acepto lo que me ofrezcan, con el Frente o contra el Frente”. Semejante su posición con la de quien logró poner en su cabeza la corona de una diputación.
Por la desgracia personal, por el plasmar de las codicias se producen las traiciones y la danza del puñal en la espalda atrapada. Cuántas novedades —en esa línea— están por saberse (ya se sospecha de algunas) con motivo de esas elecciones. Cabildeos seducidos por la apetencia están buscando la plomada que confirma la tesis de Esopo.
En ese sentido, lastimosamente, economía, corrupción, deslealtad, politiquería, están ligados, se enmarañan, se entretejen. No debería ser así, pero así lo plantea la rotundidad anímica.
Cuando Arnoldo Alemán logró ser alcalde a través de la maniobra de burlar la prioridad jerárquica —en ese entonces de Agustín Jarquín Anaya— era algo corriente entre los PLI esta queja acelerada por el estómago, tentados con el pretexto teórico por no decir utópico de “la unidad liberal”, postulado el edil para la Presidencia de la República: “Me voy con Arnoldo porque ahí están los “riales”. Tenía una modestísima oficina de abogado litigante en la multitudinaria sede donde ahora están los juzgados de Managua.
Un día al solicitársele el no tan amable “diezmo” para tejer las fantasías de la mesa alcohólica, me respondió “Estoy palmado, en toda la semana no me ha caído un solo cliente”. Entiendo que después de haber logrado sus sueños de magistrado, al haberse ido a la esquina donde estaba la plata, ¿para qué los iba a tener?
Eso fue ayer, pero exactamente lo mismo ocurre hoy. En el no tan profundo pretérito de los tiempos de Somoza se propuso una terna para el Instituto Nacional de Reforma Agraria cuyo Presidente fue Rodolfo Mejía Ubilla en la cual figuraba un liberal de la oposición. Este aceptó vencido por el aguijón, desacatando el mandato de su partido. Al haberse comido esplendorosamente el periodo con el deseo de volver al tronco, éste contestó ante la interpelación de su partido: “Era tan crudo el invierno”.
Ahora “eriza los pelos”, urde su alineación la tez de niño (del niño) de otro invierno con perfil de mortal sequía.
No es el objetivo satanizar “el cargo público”. Todos tenemos derecho de ejercerlo, mas no entre heridas y codazos, por el camino limpio de transitar hacia él con la correcta aplicación de “servir y no de ser servido”.
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