CORRESPONSAL/ JINOTEGA.- La Casa Materna de Jinotega reportó 54 muertes maternas de 2006 a 2009, lo que ha dejado a 355 niños huérfanos en este departamento. En total, en los últimos 10 años 250 madres murieron por falta de control prenatal y por no tener acceso a la atención médica.
Los municipios más afectados son Wiwilí, Bocay y El Cuá, los más alejados de la cabecera departamental.
Las madres indígenas mayangnas y miskitas y las campesinas que habitan en las comunidades más alejadas son las principales víctimas de las muertes maternas, revela Francisca Espinoza, de la Casa Materna de Jinotega.
Evacuar a las madres desde las comunidades del Río Coco y el Río Bocay es bien difícil, tomando en cuenta que sólo se puede hacer por dos vías: acuática y aérea, medios que generalmente no están al alcance de las mujeres indígenas, agregó.
Otro obstáculo para la mujer campesina de las zonas más alejadas es dejar la casa y familia solas. Además de estar dos meses en control prenatal y constante atención médica, desespera a las mujeres que terminan abandonando también los controles médicos en los pocos casos que han tenido acceso a la Casa Materna de Jinotega, explicó Espinosa, durante un foro al que asistieron diputados.
Para reducir la mortalidad materna, de momento se planea construir con fondos de la cooperación española nuevas casas maternas en Ayapal, Bocay, Wiwilí, El Cuá y Pantasma y otras comunidades de la zona fronteriza con Honduras.
La diputada Mónica Baltodano, una de las partícipes del evento, reconoció que la mayoría de los diputados “son insensibles” al tema y no apoyan iniciativas y leyes a favor de la salud materna, entre ellos los oficialistas, reacios a involucrarse en los esfuerzos para evitar que una mujer muera queriendo dar vida.
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