Un tupido bigote sobresale en el rostro del Wihta Tara (Gran Juez) Héctor Williams, dándole simetría a su cara. Es un hombre con un semblante serio, pero resulta ameno conversar con él por la cortesía que le caracteriza. Rodeado de un grupo de personas, narra con tal dominio los capítulos de su vida que mejor recuerda, y que asegura nunca serán borrados de su memoria.
Es el Wihta Tara de la comunidad indígena del Caribe, quien califica como población única, por creer en un sólo Dios a diferencia de otras etnias existentes en en América Latina.
Héctor Williams no titubea al hablar y para hacer más fácil la comprensión de lo que desea expresar, gesticula a cada momento para reafirmar sus palabras.
Este personaje nació en una comunidad llamada Dakura, ubicada a 35 millas náuticas al norte de la ciudad de Puerto Cabezas ( Bilwi en lengua miskito) en la Región Autónoma Atlántico Norte. La edad, se la reserva y oculta en su cabello negro azabache el medio siglo y un poco más de su largo recorrido por la vida.
Su hogar hace muchas décadas estaba rodeado de frondosos pinos, pero por destrucción y explotación de extranjeros, Williams asegura que solo llanos y mariscos les representan.
“Bilwi es aún hermoso -suspira- pero antes podíamos ver como los pinos sobresalían.Era una panorámica espectacular; verde por todos lados, una verdadera maravilla, hasta que vinieron las transnacionales y arrasaron con todo”.
Él es miskito, pero a la vez líder indígena , quien suele vestir muy formal pese a sus creencias en la vida ancestral.
Si retrocedemos el tiempo, su atuendo sería diferente o bien se hubiera mantenido con el paso de los años como lo han hecho varias tribus que aún radican en América como en el Perú, Bolivia, Guatemala o México, pero no es posible, Williams aparte de ser el Gran Juez es pastor evangélico.
“Nuestros antepasados dejaron perder nuestras costumbres, descuidaron el atuendo, nosotros vestimos normal, pero me hubiera gustado que esa tradición no se perdiera. Ahora es muy tarde”, asegura.
Desde pequeño, el ahora Wihta Tara visitó a los sabios por que los ancestros le enseñaron que el Consejo de Ancianos es una autoridad.
“Sin embargo crecí en la Iglesia Morava, mis padres fueron evangélicos y me inculcaron la religión,” asegura.
Bilwi, tiene el privilegio de estar con la vista al mar, panorámica que Wiliams recibe a diario como “ un regalo especial de la madre naturaleza”, pero también un potente enemigo en temporadas de huracanes.
“Nos sentimos tan pequeños con el poder del mar. Que se avecine el mes de octubre, nos hace temer por nuestras vidas. Casi nunca nos salvamos de desastres naturales, los fenómenos nos castigan sin piedad, pero un gran Dios nos protege”, afirma el Gran Juez, emocionado.
El tiempo baraja la vida del Wihta Tara entre la religión y su misión como guía de la Nación Comunitaria de la Moskitia, pero los domingos a las 12 del medio día, una corbata, una biblia, y a garganta limpia profesa en una iglesia del Caribe su mensaje, e invoca en señal de adoración a un Dios, que no necesariamente es el de la luna, el sol y la cosecha.
Williams realizó sus primero estudios básicos para pastor evangélico en el Instituto Bíblico de las Asambleas de Dios de 1971 a 1973.
“Enseñar a otros lo que sé, es mi gran vocación, y si en mí mensaje puedo hacer una sinergia entre religión y tradición, puedo decir que soy una persona realizada”, asevera.
Entre 1984 a 1986 tuvo que emigrar a Honduras y vivió en campos de refugiados mientras cesaban los conflictos entre el gobierno y la comunidad indígena.
“Fue un momento muy duro, pero nunca me sentí un extraño en tierra ajena. Si bien me fui con mi familia (sus cinco hijos y su esposa) estando en el exilio no dejé de pensar en los hermanos indígenas que se encontraban en Nicaragua. Siempre estuve en contacto con el Consejo de Ancianos”.
A diferencia de muchos nicaragüenses, él ha podido viajar y estudiar en países como Estados Unidos y Puerto Rico, cuya principal motivación ha sido su vocación a la docencia y enseñar el cristianismo.
El ser pastor evangélico le abrió las puertas al mundo. Con pasaporte en mano, tomó vuelo rumbo a la isla del encanto. En Puerto Rico (1986-1990) estudió la licenciatura en Teología y continuó su labor como pastor en ese país.
Sin embargo, su constante deseo de aprender lo impulsó a viajar a Estados Unidos, nación donde logró especializarse con una maestría en teología. Retornó a Nicaragua en 1995.
Cuando regresa a su comunidad, afirma haber encontrado más pobreza. Las mini faldas (casas elaboradas de madera y cemento) se mecían desesperadas, aunque fuera solo la caricia del viento, para ellos era una tormenta por las pésimas condiciones, asegura el Wihta Tara.
Y es ante el descuido gubernamental que Héctor Williams aceptó que 400 delegados del Consejo de Anciano de la Mokitia, representado por Miskitos, Sumos, Ramas, Mayagnas, Creoles y Mestizos reunieran en Bilwi a miles de indígenas durante cuatro días para elegir al Gran Juez (Wihta Tara), junto a un segundo que ellos llaman Ninka y un consejero (Kupia krakrauka).
En una ceremonia especial, poco tradicional proclamaron la independencia de la Nación Comunitaria de la Moskitia el 19 de abril del 2009, iniciativa ya lanzada en el 2002 sin éxito.
Según explica el Wihta Tara está vez no quedarían en una convocatoria local , sino que subieran las apuestas: las nuevas autoridades no sólo desconocieron al Gobierno Regional Autónomo, sino que solicitaron ante la Organización de Estados Americanos (OEA) y Naciones Unidas el reconocimiento internacional.
Williams, interesado porque la elección (donde luego resultó electo) fuera trasparente veló en conjunto de los otros dos contrincantes que “todos quedaran conformes”.
A diferencia de los comicios presidenciales, municipales y regionales en nuestro país, las elecciones comunitarias indígenas se desarrollan sin necesidad de utilizar boletas, tampoco es preciso presentar una cédula “todos nos reconocemos y contamos con la ayuda de líderes por cada etnia”, asegura.
“El Bilwi nos reunimos y los tres candidatos nos sentamos en un silla, entonces el Consejo de Ancianos se encarga de organizar a las personas, y pregunta ¿quién está de acuerdo, con este líder? y agrega , por favor haga fila donde está su silla que empezamos a contar”, recuerda el Wihta Tara.
Al desarrollarse las elecciones las personas son enviadas a sentarse a unas escaleras, para evitar que la tentación les impulse a volver a ubicarse en las filas.
Y pese a ser un mecanismo poco confiable para muchos, complicado en su conteo, lo que sí está convencido Williams es que no “se gasta ningún peso (córdoba), no se derrocha nada en elegir a un mandatario”, a diferencia de los sistemas electorales existentes actualmente, asevera.
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