Soy un ferviente admirador de la cultura, los valores y las tradiciones chinas al igual que la gran mayoría de los ciudadanos chinos nicaragüenses. No sólo por el origen de mis ancestros oriundos casi todos del lejano Cantón, sino por el tesón, sacrificio y el esfuerzo que tuvieron para labrar con orgullo un nombre y un apellido en un país que los acogió con los brazos abiertos, pero donde tuvieron que reafirmar y mantener los valores de la solidaridad, el amor al trabajo, la honradez y el respeto para poder triunfar.
El año nuevo lunar que se inicia este 14 de febrero, coincidente este año con el Día del Amor y la Amistad es el comienzo de una serie de celebraciones en el Festival de la Primavera y a través del cual, como en las fiestas navideñas occidentales, se reúne la familia y constituye un momento de gran desplazamiento para encontrarse y festejar durante varios días. Ocasión que tendrá también la familia china nicaragüense para reunirse, celebrar y compartir la cultura y tradiciones de sus antepasados.
Parte de esta tradición es que las casas y calles se cubren de los dos colores más queridos por los chinos: el rojo y el oro. El rojo simboliza la buena suerte, y el oro representa el dinero, la prosperidad y la riqueza, términos valorados por los chinos.
En las puertas de las casas se cuelgan dibujos de colores chillones, como parejas de niños regordetes cargando en los brazos un pez con vistosas letras rojas, que significan “buen provecho y prosperidad”, y en algunos lugares todavía se escriben versos y se colocan en los dinteles, costumbre que nos recuerdan las tradicionales procesiones de Semana Santa en León, cuando el “poeta niño” descargaba sus primeros versos, producto de su incipiente verbo al paso de las imágenes y los devotos.
En las fiestas, la cena de nochevieja, las familias acuden con sus hijos a casa de la familia paterna (costumbre que con el tiempo se va diluyendo con la migración, la llegada de la modernidad y la familia extendida).
Este año se encuentra signado por El Tigre considerado “el rey de la selva”, y que según la tradición china representa la autoridad, el poder, la fuerza y al mismo tiempo, el peligro. Sin duda alguna un año en que se reflejará una vez más el poder y la fuerza de una raza, que a pesar de las diferentes vicisitudes que le ha tocado vivir ha sabido salir adelante y ser en estos momentos una potencia económica, social y política.
En Nicaragua, por ejemplo hemos sido testigos de la generosidad, el respeto y el cariño de un país que como Taiwán, a pesar de ser apenas una cuarta parte del tamaño de nuestro territorio, nos apoya y nos sigue apoyando en todos los sectores nacionales, especialmente en el ramo de la seguridad alimentaria que es donde más lo necesitamos para poder salir de la pobreza en que aún nos encontramos.
Los nicaragüenses debemos de tomar como ejemplo los valores que la familia china ha sabido inculcar en sus descendientes: la solidaridad, el respeto, el amor a sus antepasados, la honradez, la mística por el trabajo y el orgullo nacionalista que ha hecho de su nación una de las más prósperas y eficientes del mundo, y que sólo de esta forma podremos salir de la postración en que nos encontramos.
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