Por Luis Vega Miranda.- En nuestra realidad la frase puede imaginarse así: Todo dentro del Ejecutivo, nada fuera de él, parafraseando aquel enunciado del tirano de Cuba, Fidel Castro: “Todo dentro de la revolución, nada fuera de la revolución”, que la recogió de Benito Mussolini: “Todo con el Estado (fascismo), todo dentro del Estado (fascismo), nada contra el Estado (fascismo)”. La expresión parece fuerte, pero a uno no se le ocurre otra idea cuando el presidente nicaragüense invade funciones de otro poder del Estado y controla los demás, prohibido por la misma Constitución que le permitió llegar al poder y ahora pretende ignorar. Producto de un socialismo primitivo, (reinventado por Hugo Chávez), que según los expertos, tiene puntos de encuentro con el nacionalsocialismo y el fascismo italiano.
Es casi inútil, cuando sistemáticamente lo hace, mencionar los artículos constitucionales que infringe, porque de un plumazo los deje sin efecto y se aplica “lo que el líder escribe”, con argumentos típicos de gobernantes autoritarios: la “urgente necesidad” y sentirse “iluminados” o “absolutos”.
Desde hace tres años parece que estamos viviendo una especie de “realismo mágico”, que en literatura (y en otros campos) se conoce por hacer realidad la ficción o ficción lo real, o “mostrar lo irreal o extraño como algo cotidiano y común”, tendencia inaugurada (no necesariamente) por Juan Rulfo con su novela Pedro Páramo , seguida de la novela de Gabriel García Márquez, Cien años de soledad , a la que le sigue la otra novela sobre el poder de un viejo presidente maniático, El otoño del patriarca , un anciano “más antiguo que su edad” que gobierna absurdamente por decreto, en un país absurdo que puede ser cualquiera de nuestra América.
Es curioso que las principales novelas latinoamericanas sobre el poder, no detallan históricamente los hechos autoritarios de un individuo, son más bien un estudio del abuso del poder como un fenómeno desde las independencias de estas repúblicas de España, que pasaron del atropello colonial ( Réquiem en Castilla del oro , novela del nicaragüense Julio Valle Castillo, sobre el cruel primer gobernador español de Nicaragua, Pedrarias Dávila, 1440-1530), a una repetición de la opresión, heredado esta vez por dictadores criollos. Así las novelas: Facundo , de Faustino Domingo Sarmiento (1811-1888) que analiza el liderazgo de Facundo Quiroga (1788-1835) y el régimen despótico del general argentino Juan Manuel de Rosas (1793-1877); Yo el Supremo , de Augusto Roa Bastos, revela la tiranía del paraguayo Gaspar Rodríguez de Francia, (Dr. Francia, 1766-1840); El Señor Presidente , del guatemalteco Miguel Ángel Asturias, en torno al terror de Estrada Cabrera; la novela del peruano Mario Vargas Llosa, Conversación en la catedral , sobre la dictadura de Manuel Odría, (1896-1974), de la que la crítica ha dicho: “Una mirada profunda de la ‘maquinaria de la corrupción’ que creó la dictadura, la desidia de los dirigentes, la impotencia de los ciudadanos, cuando carecen de cultura democrática y ven como una masa adormecida (el pueblo) acepta como normal actitudes abominables de la clase política”.
Uno habría esperado que el Gobierno del presidente nicaragüense hubiese sido bajo las reglas de la democracia constitucional, (su contrario es la fuerza grosera), que sirva a los intereses de todos, la cual es la única, aunque no perfecta, que funciona, y quizás la reelección se hubiese discutido por consenso general, (pues algunos dicen que la reelección no es el problema); pero cuando se gobierna a pesar de la ciudadanía y sus organizaciones subsidiarias, la forma a que se recurre para continuar en el poder casi siempre, es retomando las típicas características de las dictaduras, más o menos parecidas, con algunas diferencias en modalidades que ingenia la época, de las que han surgido en países de la América Latina desde casi doscientos años de sus “independencias”.
El autor es Abogado y presbítero anglicano
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