Ha habido cambio. En el beisbol nacional se ha pasado de ganar a como dé lugar, a buscar siempre la victoria, pero dentro de los ámbitos de acción establecidos por la ley.
Eso es un avance. Hasta hace dos años los torneos nacionales de beisbol eran un relajo. Los reglamentos eran convertidos en papel higiénico, prevalecía la posición del más intrigante y si las cosas no se hacían de la forma en que querían los directivos, retiraban a sus equipos. Total, ya la Feniba no tenía autoridad.
Aún hay dificultades. Persisten directivos que se quieren pasar de listos. Jugadores acostumbrados al chantaje. Directivas formadas estrictamente por identificación política. Exclusión de legítimos entusiastas del juego y falta de claridad en los objetivos del torneo, pero se ha avanzado.
En el Pomares pasado hubo orden y uno espera que eso persista en el campeonato que inicia hoy. Pero además es fundamental que se comprenda el espíritu del torneo, que además de entretener, tiene como finalidad brindar el espacio para el desarrollo de jóvenes figuras locales.
Ahora que se comienza a prestar atención en las Ligas Pequeñas, la Primera División es esencial para motivar a los jóvenes a escalar el máximo nivel local. He viajado a la Costa esta semana y he visto el entusiasmo de los chavalos por pelear un puesto en el equipo que va en el Pomares.
En esto va a ser vital que los mánagers estén claros de la necesidad de brindar el chance a los más jóvenes. La única manera de renovar nuestro beisbol es poniendo a jugar a los jóvenes, quienes observando a algunos veteranos pueden mejorar su nivel. Pero en el banco no hay forma.
El día que en este beisbol, directivos y mánagers dejen de pensar que si no ganan, han fracasado, entonces vamos a avanzar. Lo esencial es desarrollar jugadores. Eso va a provocar la necesaria y urgente transformación que se busca. Pero el primer cambio hay que hacerlo en la cabeza, en la forma de pensar.
Transformar el beisbol toma tiempo y eso pasa por un cambio de mentalidad en directivos, peloteros y periodistas. Y aunque falta mucho por cambiar, se está avanzando. Los relajos se están acabando y ya no existen los equipos formados a billetazo limpio. En cambio, hay equilibrio en los clubes y el entusiasmo ha vuelto a todas las regiones del país. Eso es un avance.
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