Decir que la relación actual de Venezuela con Nicaragua es neocolonialista, como lo han denunciado recientemente analistas políticos nicaragüenses, tal vez podría parecer exagerado. Pero esta denuncia se ha derivado de unas declaraciones que dio el venezolano Rafael Paniagua, gerente general de la empresa estatal-privada denominada Alba de Nicaragua SA (Albanisa), en la cual el Estado de Venezuela tiene el 51 por ciento de las acciones, acerca de que el Alba llegó para quedarse y que los venezolanos están construyendo un proyecto de nación en Nicaragua.
Lógicamente, las declaraciones de Paniagua provocaron una encendida reacción en diversos medios de la sociedad, al grado de que la misma Albanisa se vio obligada a desmentir a su gerente general, pero sólo en lo que se refiere a lo que dijo sobre la compra del Canal 8 de TV. Mientras que el Gobierno de Daniel Ortega, por guardar las apariencias rechazó por medio de su asesor económico la arrogante pretensión del funcionario venezolano.
En realidad, hablar en sentido estricto de una relación neocolonial de Venezuela con Nicaragua podría ser una exageración, si nos atenemos al sentido estricto del concepto de neocolonialismo. Por ejemplo, según Wikipedia neocolonialismo “es el control indirecto que ejercen las antiguas potencias coloniales sobre sus ex colonias o, en sentido amplio, los estados hegemónicos sobre los subdesarrollados. Estos países —dice— no disfrutan de una independencia plena, sino que están sometidos a los dictados culturales, políticos, lingüísticos y, especialmente, económicos de otro, por la cual han sido grandes potencias” coloniales
Por su parte, la Enciclopedia Virtual Edumet, de la Universidad española de Málaga, explica que “El neocolonialismo significa que todos los gastos y responsabilidades administrativas recaen sobre la ex-colonia, pero manteniendo el sistema de intercambio desigual, con el agregado de una fugaz ilusión de autonomía. El neocolonialismo es también una forma de dependencia transitoria, porque el intercambio desigual termina provocando en el país dependiente una total incapacidad de importación, que agota las posibilidades del sistema”. Y agrega Edumet que “aparece allí una posibilidad de desarrollo autónomo (la industrialización sustitutiva de importaciones) que si no es bien aprovechada, se convierte en el pasaje de la dependencia neocolonial a la satelital”.
O sea que de conformidad con esas definiciones no se puede asegurar que hay una relación estrictamente neocolonialista de Venezuela con Nicaragua, pero sí que se podría llegar a eso si no se pone freno al expansionismo chavista. Y en todo caso, es obvio que hay una clara hegemonía política del gobierno venezolano de Hugo Chávez sobre el régimen de Daniel Ortega, y por lo tanto sobre Nicaragua, que se deriva tanto de la afinidad ideológica entre ambos caudillos de extrema izquierda como de la dependencia económica de la parte nicaragüense con respecto de Venezuela, particularmente a través de los ricos negocios económicos que el orteguismo está haciendo con el manejo discrecional y secreto de los beneficios de la cooperación venezolana. En realidad, sin ser tan sofisticada como las definiciones del neocolonialismo que hemos citado, sin embargo la relación de Venezuela con Nicaragua se basa en “una estrategia de penetración hemisférica dominada por el gobierno de Hugo Chávez”, la cual utiliza “un mecanismo de triangulación de dinero para, desde sociedades mercantiles nominalmente privadas, e inscritas en el país receptor, adquirir medios de comunicación para ponerlos al servicio del Alba y de los proyectos autoritarios de sectores afines”, según comentó editorialmente el diario costarricense La Nación en su edición del martes de esta semana. Pero el Alba, como instrumento de penetración, expansión y dominación de Venezuela y de Hugo Chávez en Nicaragua, no sólo medios de comunicación está adquiriendo sino cualquier clase de empresas que reporten beneficios económicos y utilidad estratégica, como hoteles de lujo, proyectos genéticos ganaderos, almacenadoras y distribuidoras de combustibles, entre muchas otras de diverso giro de negocios y tamaño.
Además, en el ámbito político internacional, Nicaragua figura y es vista como un peón de la estrategia beligerante de Hugo Chávez, particularmente en su incansable pero innecesario enfrentamiento agresivo contra Estados Unidos. De manera que ahora el pueblo democrático de Nicaragua no sólo tiene la enorme tarea de liberarse del régimen autoritario de Daniel Ortega, sino también la de desprenderse del Alba y emanciparse de la hegemonía neocolonialista o casi neocolonial de la Venezuela de Hugo Chávez.
Ver en la versión impresa las páginas: 10 A