Desde hace cinco años, la Organización de Naciones Unidas (ONU) instituyó el 27 de enero como Día Internacional de Conmemoración Anual en Memoria de las Víctimas del Holocausto. La ONU escogió ese día porque el 27 de enero de 1945 las tropas soviéticas que avanzaban sobre Polonia y se dirigían desde el este hacia Alemania —mientras los aliados democráticos marchaban desde el oeste—, encontraron en el campo de concentración y exterminio de Auschwitz-Birkenau a unos cinco mil sobrevivientes de la horrenda matanza de un millón de judíos, que los nazis perpetraron en ese lugar.
El Holocausto es considerado como el hecho más trágico de toda la historia humana. Así lo reconoce la ONU mediante la decisión de conmemorarlo cada año, para que permanezca en la conciencia de la humanidad y no vuelva a ocurrir jamás algo igual, parecido o peor. Y es que, como lo dijera el Premio Nobel de la Paz en el año de 1986, Elie Weisel, un escritor judío nacido en Rumania cuyos familiares —todos— fueron asesinados en Auschwitz-Birkenau y sólo él logró sobrevivir: en el Holocausto “no murieron sólo los judíos, sino que murió el hombre y murió la civilización”.
Por supuesto que los nazis no asesinaron colectivamente sólo a los seis millones de judíos que murieron en el Holocausto. Víctimas del genocidio hitleriano fueron también veinte millones de rusos, diez millones de cristianos (entre ellos mil novecientos sacerdotes católicos) y decenas de miles de gitanos, homosexuales, comunistas, socialistas, liberales y otras personas que Hitler y sus partidarios catalogaban como seres indeseables. Pero el Holocausto —o Shoa, como lo llaman los judíos— tiene la particularidad de que fue motivado por una judeofobia racial, característica esencial de la irracional ideología nazi.
Según los historiadores, en el año de 1933, cuando Adolfo Hitler se aprovechó de las posibilidades y los mecanismos de la democracia para tomar el poder en Alemania con el objetivo de suprimir la libertad y destruir al mismo sistema democrático, 9 millones de judíos vivían en los 21 países de Europa que habrían de ser ocupados por el Ejército de la Alemania nazi. Pero después del exterminio masivo que fue perpetrado entre los años de 1938 a 1945, sólo quedaron o sobrevivieron 3 millones de judíos. Los otros 6 millones habían sido asesinados sin piedad en la operación sangrienta que Hitler llamó “solución final del problema judío”, o sea su exterminio físico.
Por orden de Hitler, el alto mando nazi trazó el plan para el exterminio de los judíos el 20 de enero de 1942. Ese día, quince de los principales líderes del gobernante Partido Nacional Socialista (Nazi) de Alemania, encabezados por Reihard Heydrich y Adolf Eichmann, se reunieron en la llamada Conferencia de Wannsee, un elegante barrio suburbano de Berlín y elaboraron allí el plan para eliminar a los 11 millones de judíos que vivían entonces en toda Europa. “Su prolija lista —dice el escritor argentino Marcos Aguinis— incluía hasta los 200 judíos de Albania, los 1300 de Noruega, los 3000 de Portugal”. Y agrega Aguinis que “ningún miembro de ese antiguo pueblo tendría derecho a salvarse. Antes se había insistido en una Alemania Judenrein (limpia de judíos), ahora se anhelaba la ‘solución final del problema judío’, un eufemismo que aspiraba a un rápido y fabuloso asesinato” masivo.
Eso ocurrió hace ya casi setenta años. Sin embargo, en la actualidad la siniestra sombra del Holocausto amenaza otra vez al pueblo judío y reta a la humanidad libre y democrática, ahora por medio de gobernantes poderosos, desquiciados y fanáticos como los de Irán, que inclusive tienen el arma atómica o la están fabricando aceleradamente. Ellos no sólo aseguran que el Holocausto es un invento de los judíos, sino que amenazan al Estado y al pueblo de Israel con barrerlos de la faz de la tierra. O sea que quieren hacer el holocausto del siglo XXI.
Sin embargo, como lo advirtió en Auschwitz-Birkenau el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, el miércoles pasado durante la conmemoración del Día Mundial del Holocausto, el pueblo judío cuenta ahora con “un Estado fuerte y su Ejército, que nunca permitirá que manos malvadas estrangulen a su pueblo o a su territorio”. Y hay también en la actualidad, aseguraron allí mismo diversos líderes del mundo libre, una comunidad internacional democrática que no dejará solo al pueblo de Israel ni permitirá un nuevo Holocausto. Así lo esperamos.
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