Los saqueos en diversos lugares dejaron un muerto ayer en Haití. LA PRENSA/AFP/MARCO DORMINO

Continúa la desesperación en Haití

Las escenas más recientes del drama de la supervivencia y de la muerte en el desastre de Haití son un saqueador muerto a tiros por irrumpir en un comercio y grupos de ilusos construyendo viviendas sobre terreno inestable.

Por Paisley Dodds y Ramón Espinosa

PUERTO PRINCIPE/AP

Las escenas más recientes del drama de la supervivencia y de la muerte en el desastre de Haití son un saqueador muerto a tiros por irrumpir en un comercio y grupos de ilusos construyendo viviendas sobre terreno inestable.

Más de dos semanas han pasado desde que un terremoto destruyó gran parte de la capital haitiana y dejó un vacío de poder acerca de quién y cómo reconstruirá el país.

En una muestra de la creciente desesperación, un guardia de seguridad privado mató a un saqueador que junto con otros entró en un dañado comercio de electrodomésticos en el distrito comercial ayer. Mientras jóvenes se llevaban cocinas, refrigeradores y un acondicionador de aire, un periodista de la Associated Press vio cómo llegaba el guardia disparando una pistola automática.

Una docena de soldados estadounidenses llegaron para calmar la situación, pero era demasiado tarde. El saqueador yacía boca abajo, al pie de las escaleras, salpicado de sangre.

Otros haitianos tratan de sobrellevar la situación, aunque prevalecía un ánimo sombrío.

Varios detenidos reportan las autoridades tras los constantes robos en Puerto Príncipe.
LA PRENSA/AFP

«La situación sólo empeora», se lamentó Josielle Noel, de 46 años, que estaba entre un grupo de docenas de personas dispuestas a reconstruir el barrio de tugurios de Canape Vert, una zona devastada por el temblor.

La casa de Noel quedó parcialmente destruida por el terremoto del 12 de enero. Otros dos remezones estremecieron el viernes partes de la capital, aunque es difícil distinguir los daños nuevos en medio de un panorama desolador de edificios resquebrajados, semidestruidos o aplastados.

Cansadas de esperar la ayuda del gobierno, las familias recogían maderos y estaño en las colinas para empezar a construir nuevas viviendas sobre las ruinas de las anteriores.

Pocas carpas han sido distribuidas a los sobrevivientes, los escombros están por doquier y en casi cada esquina de Puerto Príncipe se ven carteles que imploran ayuda en inglés, y no en el idioma local, el creole.

Podría tomar semanas para conseguir las 200.000 carpas que necesitan los desamparados en Haití, dijo Marie-Laurence Jocelyn Lassegue, ministra de cultura y comunicaciones. Haití tiene ahora menos de 5.000 carpas donadas y la coordinación de la ayuda sigue siendo difícil.

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Las casas en una ladera de una montaña quedaron casi totalmente destruidas, mientras las viviendas en la ladera opuesta quedaron intactas.

Las casas de granito se desplomaron o rodaron colina abajo. Algunas familias manifestaron preocupación por la inminente temporada de lluvias y temen perder sus lotes después de las demoliciones por carecer de títulos en regla o porque el gobierno les impida reconstruir en terrenos que considere inseguros.

La reconstrucción, la reubicación y los títulos de propiedad de tierras son prioridades del gobierno del presidente René Preval, pero por ahora sólo en teoría.

El gobierno prácticamente ha quedado paralizado por el terremoto —su propia infraestructura, inclusive el Palacio Nacional, fue destruida— y se ha limitado a pedir ayuda extranjera y a reunirse con donantes del exterior que hasta ahora no han elaborado planes detallados para la emergencia que enfrenta.

La desesperación lleva a un  hombre a robar un ataúd.
LA PRENSA/AFP/Naciones Unidas / Marco Dormino

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