Desde que el decreto presidencial que ordena que los magistrados de los diferentes poderes de Estado que se les vence el período para el que fueron nombrados se queden en sus puestos hasta que se ordene lo contrario, y además que los magistrados que ya entregaron el cargo en cumplimiento de lo que manda la ley, regresen a tomarlo de nuevo y permanezcan en él hasta nueva orden, numerosos, los mejores, juristas y expertos en derecho constitucional han desfilado ante los canales de TV dando cuenta de su gran conocimiento sobre la materia. Lógicamente todos coinciden en que el decreto es inconstitucional y todos disertan elocuentemente sobre la Constitución de la República, constantemente violada por el titular del Ejecutivo.
Con esas lecciones gratis e interesantes lo único que se ha demostrado es que en Nicaragua hay tantos juristas como poetas, por lo que ahora podemos decir: Nicaragua, tierra de lagos, volcanes, poetas y juristas, agregando una valiosa particularidad nacional.
Pero hasta allí llegó el efecto de tanto despliegue de conocimiento constitucional y mientras tanto, el decreto sigue su camino sin nadie que lo detenga. Prueba de la inutilidad de las palabras, aunque éstas sean de profundo significado judicial, es la presencia de Omar Cabezas Lacayo, quien regresó a su cargo en ineludible cumplimiento del decreto presidencial.
¿Quién se ha personado en la oficina del señor Cabezas Lacayo a desalojarlo porque está ilegalmente instalado y merece ser encarcelado por transgredir lo legal? No vemos a ningún jurista, ni a ningún movimiento de la sociedad civil plantados en las afueras de la oficina del usurpador exigiendo su salida inmediata, pero seguimos viendo en los diferentes canales de TV excelentes exposiciones de derecho constitucional de parte de lo más graneado de nuestro caudal jurídico. Palabras y más palabras, planes, proyectos y soluciones hipotéticas, pero de acción nada. Por eso el presidente Ortega está muy tranquilo en su sillón presidencial, pensando en el próximo decreto que va a lanzar, con el cual a lo mejor cercena la libertad de prensa, o la libertad de movilización o cualquier cosa, por disparatada que parezca, que altere totalmente lo establecido por la Constitución.
Si estuviéramos en un país serio, respetuoso del derecho y de la Constitución, el Presidente de la República ya estaría acusado y a lo mejor hasta destituido por abusar del cargo que se le confirió. Pero Nicaragua es una parodia de país, en donde vivimos en una constante comedia con los dos protagonistas principales que no son otros que los dos socios del pacto que tienen encarcelada a la nación. Si Nicaragua fuera un país de verdad, a estas alturas el Ejército Nacional ya hubiera tomado cartas en el asunto aunque sea demostrando su poder en maniobras militares ante los ojos del pueblo, para que entienda el que tenga que entender a lo que se está enfrentando en caso de destruir la vida constitucional del país. Sin embargo, el Ejercito Nacional está ocupado haciendo las veces de Policía Nacional persiguiendo narcotraficantes en los mares que nos flanquean. Nadie niega que ésa es una encomiable labor, pero la realidad es que el Ejército Nacional tiene otras prioridades, como velar por el fiel cumplimiento de la Constitución de parte del Poder Ejecutivo y de todo aquél que deba respetarla.
Integridad territorial, decía un miembro de los productores agropecuarios en su discurso de despedida al general Halleslevens y de bienvenida al general Avilés, no sólo se entiende por el resguardo de las fronteras nacionales, sino también por el respeto a la libertad y a las leyes de la República. Y eso es lo que espera del Ejército Nacional toda la ciudadanía, para seguir respetando a la institución y a los miembros que la conforman.
El doctor León Núñez, que no se las da de jurista, ni de analista político, hizo un perfecto y real análisis de la situación política y decía que todo ese despliegue de preocupación jurídica por el decreto famoso del comandante Ortega es pura comedia porque ya está todo arreglado y entre las cosas que están arregladas es la reelección del presidente Ortega, la candidatura del doctor Alemán y la conformación de los poderes de Estado, que aunque aparezcan con caras nuevas, son clones de los mismos zánganos que actualmente los conforman. El doctor León Núñez puso muy en alto a los analistas de Acoyapa con su frío y realista análisis sobre lo que va a pasar en las futuras elecciones presidenciales. Pero todo eso se puede evitar con sólo que los que están supuestos a velar por el cumplimiento de la Constitución de la República cumplan con su deber, a como lo hicieron en la vecina República del cacique Lempira.
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