Por Edgard Rodríguez Centeno
Una de las principales virtudes de Román “Chocolatito” González ha sido la constancia en su desempeño sobre el ring. No es que no haya tenido presentaciones discretas. Claro que las ha tenido. Pero aún en ellas ha podido apreciarse el formidable material del cual está construido.
González es la aparición más genial en el boxeo nicaragüense desde los días de Rosendo Álvarez, quien con una pegada potente y un aguante granítico forjó una trayectoria sólida y se aseguró un lugar entre los mejores pugilistas de nuestra historia, luego de que su técnica fuera refinada.
A diferencia de Álvarez, el “Chocolatito” siempre me ha parecido más talentoso, es decir con mejores proyecciones, y eso demanda la necesidad de ser cultivado adecuadamente. Intentaré explicarme: Rosendo me pareció más limitado técnicamente al inicio, pero luego llegó a ser el estupendo boxeador que vimos brillar en el mundo.
El “Chocolatito”, en cambio, es más fino, más vistoso y más limpio en su boxeo. Y eso pareció ser un sello de fábrica, es decir lo han trabajado, pero él traía sus herramientas más pulidas que Rosendo. Sin embargo, Álvarez mejoró y delante de él sólo podemos poner a Alexis Argüello, el paradigmático boxeador que seguimos echando de menos.
Pero, ¿qué “Chocolatito” vamos a ver este sábado en su pelea en Puebla, México, ante el local Iván “El Pollito” Meneses? Ésa es una de las principales inquietudes que han surgido ahora, máxime cuando ha cambiado de entrenador. Prescindió de los servicios de Gustavo Herrera y cuenta con Arnulfo Obando.
A González lo vimos en su obra cumbre frente a Yutaka Niida, a quien atacó con un golpeo mortífero, hasta restarle movilidad y destruirlo en la noche de su coronación. Antes lo habíamos visto lanzarse como fiera ante José Luis Varela, a quien sólo dejó saludar el público y luego lo noqueó.
Hizo lo mismo ante Eriberto Gejon y causó buena impresión ante Katsunori Takayama en su última subida al entarimado, pero también lo vimos errático y sin potencia ante Javier Murillo, quien se fue al piso siete veces y se levantó en ocho. De igual modo no brilló ante Francisco Rosas en una noche de pesadillas estomacales.
Nadie espera transformaciones severas en su presentación del sábado, pero será interesante descubrir si ofrece alguna variante.
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