Es envidiable cómo en otros países latinoamericanos se alternan gobiernos de derecha y de izquierda como algo natural, mientras en Nicaragua cada cambio de gobierno resulta traumático por culpa de unos y otros. Nadie puede declararse libre de culpa, pues tanto la derecha como la izquierda nicaragüenses tienen como norma tratar de eliminar al adversario. Al llegar al Gobierno ambas han abusado del poder de una u otra forma, y cuando están en la oposición la táctica ha sido procurar obstaculizar o desprestigiar al gobierno contrario.
Es envidiable ver cómo en El Salvador la derecha entregó el Gobierno a la izquierda con una actitud cívica haciendo una oposición constructiva, y el Gobierno respeta las reglas del sistema democrático salvadoreño. En Panamá, sin traumas, la izquierda entregó el Gobierno a la derecha. En Chile ganó la derecha y ambos candidatos se reunieron de inmediato para declarar que el Gobierno contaría con el apoyo de la oposición y la tomaría en cuenta para sus decisiones. ¡Qué envidia me da!
Un paso que ahora puede ayudarnos a salir de nuestra situación política tan atrasada es que los políticos actúen en forma sensata para la elección de magistrados de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo Supremo Electoral, contralores y procuradores de derechos humanos. Para eso hay que estar claros de que son los diputados quienes eligen y que se necesitan 56 votos que no los tienen ni el Frente Sandinista, ni la oposición unida. Por lo tanto, el Frente Sandinista no puede elegir a nadie sin contar con la oposición, ni la oposición puede elegir a nadie sin contar con el Frente Sandinista. Lo único que se puede hacer es negociar entre ellos. ¡Como se hace en toda democracia!
Está bien que la oposición esté unida para negociar con el Frente Sandinista, poniéndose primero de acuerdo entre los partidos opositores sobre los candidatos a proponer. Está bien que se escuche la opinión de la sociedad civil, sin olvidar que al final son los diputados de los partidos políticos quienes constitucionalmente deciden. Y hay que ser realistas aceptando que si hay varios partidos de oposición unidos en la Asamblea Nacional, debe dársele la oportunidad a todos para que cada partido seleccione candidatos proporcionalmente a los votos que cada cual tiene. Finalmente, tener presente que “negociar” no es “imponer”; lo que significa que el Frente Sandinista propondría a los que ellos tengan a bien y no a los que la oposición escoja, y viceversa, lo cual debe respetarse. La negociación estaría en el número de funcionarios y cargos propuestos por el partido de gobierno que se van a elegir con los votos de ambos bandos y en el número de los que se van a elegir propuestos por la oposición.
Descalificar como “repartidera” esa manera de elegir no es justo, pues no hay otra forma de hacerlo. No es justo descalificar algo sin tener otra alternativa viable. O se negocia primero internamente en la oposición y luego ésta negocia con el Frente Sandinista, o vamos a una crisis institucional. Hay quienes consideran que “la solución” política de Nicaragua pasa por crear esa crisis, por la desobediencia civil, por un paro nacional y por una insurrección popular. No creo que esas sean propuestas positivas. Si en los ochenta la negociación nos sacó de una guerra terrible, hoy la negociación, el diálogo, el ceder todos un poco es lo que nos permitirá dar ese paso vital de elegir autoridades tan importantes para avanzar hacia la madurez política. Si se logra, se facilitará dar otros pasos necesarios. Las posiciones de fuerza o radicales de uno u otro lado sólo nos llevarían a más desgracias para nuestro pobre país.
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