Es necesario y muy importante llevar el pulso de los acontecimientos de Venezuela, porque en términos generales lo que va ocurriendo ahora allá es básicamente lo mismo que irá sucediendo aquí. No podría ser de otra manera, puesto que los gobernantes de ambos países son básicamente iguales y tienen el mismo proyecto totalitario.
Ese es el caso de la clausura en Venezuela de la difusión por cable de las transmisiones de Radio Caracas Televisión (RCTV), por disposición del régimen de Hugo Chávez, después que había cancelado su transmisión por medio de la señal abierta; y en Nicaragua, la misteriosa adquisición del Canal 8 de televisión por parte de la cúpula familiar, política y empresarial de Daniel Ortega. Son dos hechos distintos en cuanto a su forma, pero prácticamente iguales en el propósito de seguir cerrando y reduciendo espacios de la libertad de expresión y de información.
Para decirlo figurativamente, en Venezuela el gorila viste uniforme militar, esgrime el garrote de cavernario y golpea brutalmente el medio de comunicación social. Aquí el gorila se disfraza con atuendo de hombre de negocios y en vez de garrote carga un maletín rebosante de dólares, para comprar la televisora (con dinero que supuestamente es para ayudar a los pobres de Nicaragua), a fin de incrementar el monopolio mediático del régimen y sacar del aire espacios críticos a la gestión gubernamental y la abrumadora corrupción gubernamental. Son dos formas de actuar, pero el resultado es el mismo.
Cualesquiera que sean las explicaciones que se den y se quieran dar a estos hechos, en el fondo se trata de medidas para continuar reduciendo espacios de libertad de expresión y suprimiendo medios independientes de información. Y de esta manera seguir consolidando las nuevas dictaduras y avanzando hacia la implantación absoluta del totalitarismo del siglo XXI, llámese revolución bolivariana en Venezuela o revolución del poder ciudadano en Nicaragua.
Sin embargo, también es importante destacar que en ambos casos, tanto en Venezuela como en Nicaragua, las acciones dictatoriales contra la libertad de expresión y de prensa son repudiadas por los ciudadanos y se han topado con la actitud digna de personas que no se someten al poder arbitrario de la dictadura, en cualquier forma que se manifieste.
En Venezuela, la televisora independiente RCTV pudo haber evitado el cierre, o su señal podría volver a ser difundida ahora mismo por las empresas de cable, si se hubiera sometido y se sometiera a la dictadura, es decir, si accediera a unirse a las frecuentes cadenas que impone Hugo Chávez para fastidiar y tratar de embrutecer a la población. Y en Nicaragua, el periodista disidente del Frente Sandinista, Carlos Fernando Chamorro Barrios, quien fuera director del periódico del FSLN, Barricada, pero ahora es un enérgico crítico de la corrupción y los abusos gubernamentales del orteguismo, pudo haber mantenido sus programas en el Canal 8 si hubiera accedido a ayudar de esta manera al gobierno a aparentar “unos niveles de tolerancia que el régimen nunca ha tenido ni tendrá hacia el conjunto de la prensa independiente del país”, como él mismo lo dijo el domingo pasado por la noche, en su último programa en el canal 8 de televisión. Un régimen que según lo puntualizó el periodista Chamorro Barrios, oculta la información de interés público y viola la Ley de Acceso a la Información, agrede verbal y físicamente a los periodistas independientes, chantajea a los medios con la distribución de la publicidad estatal, condiciona las licencias de radio y TV, chantajea a los periódicos por medio del sistema tributario y de aduanas, y monta juicios criminales contra periodistas independientes.
Por su parte Marcel Granier, director general de RCTV, aseguró que no retransmitió ni retransmitiría las cadenas de Hugo Chávez, porque “la Constitución garantiza la libertad tanto de expresión como de empresa, y nosotros estamos ejerciendo nuestros derechos”. Y agregó que “un país no puede ser gobernado por los deseos de retaliación (represalia) económica o política por parte de ningún funcionario”. Ante eso, un periodista del diario venezolano El Universal preguntó a Granier: “¿Tiene sentido sacrificarse a sabiendas de que eso significa el cierre? ¿No es mejor conservar la señal en medio de todas las limitaciones?” Y Granier respondió de manera categórica: “Así pensaron muchos de quienes fueron cediendo a los caprichos de Castro, Hitler o Stalin y mira cómo terminaron sus países”.
Sin duda que se trata de una hermosa lección de dignidad, de amor a la libertad y de valor cívico y personal. Algo que deberían aprender muchos políticos y empresarios de Nicaragua que se dicen demócratas.
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