A un lado, los haitianos gritaban desesperados, agitando las manos en el aire. Al otro, estaban los primeros cadáveres de un total de 150 mil que posiblemente dejó el rugido de la tierra, con fuerza de 7.3 en la escala de Richter.
En medio del desastre, huyendo a toda prisa de la muerte, estaba Daniela Montealegre, una joven nicaragüense de 21 años que había llegado a Haití apenas un día antes del terremoto del 12 de enero, participando en la misión humanitaria Comida para los Pobres.
Daniela, la menuda hija del diputado liberal Eduardo Montealegre, relató ayer a través de un correo electrónico los momentos más difíciles de su juventud.
DORMIR O VIVIR
Acostumbrada a las comodidades y cursando en Estados Unidos tercer año de la carrera de Educación, Daniela aparece sonriendo en una fotografía publicada en la página electrónica de la universidad Lynn.
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- Antes del terremoto, me impactó que los haitianos que conocimos, que eran muy humildes, eran muy alegres en medio de toda la pobreza en que vivían. Después del terremoto, los haitianos seguían con la misma fuerza y sabiendo que ellos tenían que ayudar. Mientras estuvimos en la grama, los haitianos empleados del hotel (Montana) nos daban botellas con agua y alguna comida que encontraban. Sólo con eso, yo digo que los haitianos son gente que se cuidan entre sí y también a la gente que está con ellos, dijo una agradecida Daniela Montealegre, al recordar su experiencia antes, durante y después del devastador terremoto que hizo colapsar a Haití y dejó a 150 mil personas muertas, de acuerdo a los reportes publicados ayer por las autoridades.
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La joven usaba camiseta azul, suéter gris, jeans negro y zapatos tenis. Está junto a 11 compañeros de universidad, previo al viaje a Puerto Príncipe, la capital de Haití que estaba destinada a quedar en ruinas en apenas unos segundos, con un solo manotazo de la madre naturaleza.
Los representantes de la Universidad Lynn, que envió a 12 estudiantes y a dos maestros, lograron efectuar algunas labores el lunes 11 de enero, explicó Daniela.
El martes por la tarde, una parte del grupo decidió descansar en el hotel Montana.
Daniela y la otra parte del grupo universitario fue a la terraza. Era la calma infinita.
Pero en un instante el hotel se desplomó, el terremoto se tragó a Haití y la nicaragüense Daniela estaba siendo rasgada por la muerte.
“Incluyéndome a mí, éramos 12 estudiantes y 2 profesores, de los cuales 4 estudiantes y los 2 profesores siguen sin ser encontrados. El día del terremoto, al llegar al hotel, teníamos un tiempo para descansar y en ese momento algunos estudiantes se fueron adentro del hotel para descansar y el resto nos quedamos afuera. Después del terremoto, nos buscamos unos a otros hasta encontrarnos los ocho que logramos salir”, relató ayer Daniela desde Estados Unidos.
“El momento más desesperante fue al no ver al resto del grupo, sabiendo que ellos estaban dentro del hotel. No sabíamos lo que nos iba a pasar después del terremoto. No sabíamos qué hacer, ni dónde ir. No sabíamos si alguien nos iba a llegar a rescatar. Después del terremoto la gente de Haití estaba en estado de pánico, buscando a sus familiares. Después de un tiempo, la gente de Haití estaba orando y cantando a Dios con las manos arriba”, añadió Daniela.
Luego del terremoto, una mujer de nombre Ángela, trabajadora de la Embajada de Estados Unidos en Haití, guió en los momentos cruciales los pasos de Daniela y sus compañeros, para sobrevivir a la catástrofe.
Ángela primero recomendó que todos se quedaran sobre una grama donde, según dijo, el suelo era fuerte.
“La primera noche dormimos afuera, en la grama, porque no sabíamos a dónde ir y allí estábamos con Ángela”, expresó Daniela.
Esa noche eterna estuvo acompañada de desesperación, gritos, cantos a Dios y lágrimas.
El teléfono celular de Daniela era el único que tenía señal entre los miembros del grupo universitario y trataron de enviar mensajes de texto a todos los contactos que tenían, incluido el diputado Montealegre.
“Papá, estoy bien”, le dijo Daniela al diputado liberal.
A la 2:00 p.m. del día siguiente al terremoto, Ángela tomó la decisión de que el grupo buscara la casa del Embajador de Estados Unidos en Haití.
CORRIENDO POR SU VIDA
“Empezamos a caminar en las calles de Puerto Príncipe, Haití, y después comenzamos a correr, porque nos dio miedo cuando vimos el caos en las calles hasta llegar a la casa del Embajador. En la casa del Embajador nos montaron en un carro que nos llevó a la Embajada de los Estados Unidos”, recordó Daniela.
“Lo más impactante fue (ver) todos los cadáveres tirados en las calles, con sabanas encima de los cuerpos”, admitió Daniela.
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