Con su característica “franqueza” política, el contralor Guillermo Argüello Poessy calificó de “babosos” a quienes están proponiendo personas para que la Asamblea Nacional las tome en cuenta al elegir a los altos cargos estatales que por mandato constitucional deben ser designados por el Poder Legislativo.
La palabra baboso tiene diversas definiciones, según el contexto en que se usa. Pero es obvio que el contralor Argüello Poessy, quien fuera propuesto por el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) y personalmente por su líder o caudillo, el doctor Arnoldo Alemán Lacayo, para ocupar el alto cargo público que todavía desempeña, empleó la palabra baboso en su sentido de bobo, tonto y simple. Y se refería el singular contralor liberal, a la propuesta que la Cámara de Comercio Nicaragüense Americana (Amcham) hiciera la semana pasada, de una lista de personas que a su juicio son idóneas para ocupar magistraturas en el Consejo Supremo Electoral y la Corte Suprema de Justicia, así como las titularidades en la Contraloría y la Procuraduría de Derechos Humanos.
Según el contralor Argüello Poessy, son “babosos” los que hacen esas propuestas y quienes creen que serán tomadas en cuenta, porque “el (ex) presidente Arnoldo Alemán no cede un solo cargo de los que le corresponden. ¿Qué va a ceder un cargo? ¿De qué santo? ¿Se lo va a ceder a Amcham? ¿De qué santo? ¿Acaso es partido político? ¿Tiene acaso votos en el parlamento?”, expresó, lapidario, el presidente de la Contraloría, dando a entender que esos cargos serán repartidos entre el FSLN y el PLC, de conformidad con el pacto de Arnoldo Alemán con Daniel Ortega mediante el cual el mismo Argüello Poessy obtuviera su cargo de contralor.
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ero esto que ha dicho el doctor Argüello no es nuevo. Lo impactante es la franqueza brutal con que lo dice y la burla a quienes proponen candidatos para ocupar los cargos institucionales que debe elegir la Asamblea Nacional. En realidad, en los corrillos políticos se da como un hecho que cuando logren ponerse de acuerdo y lo consideren oportuno, el FSLN y el PLC o sus caudillos Daniel Ortega y Arnoldo Alemán, se repartirán otra vez las magistraturas y demás puestos superiores que están en disputa.
Probablemente así será. Pero aunque así fuera, eso no significa de ninguna manera que sea una babosada hacer uso del derecho constitucional y ciudadano de presentar tales propuestas para la escogencia de los altos cargos públicos, y exigir a los diputados que las tomen en cuenta porque así lo manda la Constitución.
Nosotros podemos compartir con el contralor Argüello Poessy la idea de que al fin y al cabo los cargos se los van a repartir una vez más Ortega y Alemán. Podemos también estar en desacuerdo con las propuestas que ha presentado Amcham. Pero no podemos negarle a nadie su derecho de proponer, ni tenemos por qué burlarnos de quienes hagan las propuestas que quieran. Como hemos dicho en otras ocasiones, uno de los peores efectos del autoritarismo, de la corrupción gubernamental y de la repugnante práctica del Estado botín, que tan arraigada está en Nicaragua, es que debilitan e inclusive destruyen las defensas éticas de la sociedad y de los ciudadanos, que se dejan atrapar por el pragmatismo impotente de que nada se puede ni se debe hacer porque de todos modos “los de arriba” van a hacer siempre lo que quieran. Lo cual viene a ser una forma de complicidad tácita con el autoritarismo y la corrupción.
Dice la Constitución que los diputados deben elegir los magistrados y demás altos cargos, “en consulta con las asociaciones civiles pertinentes”. De manera que la sociedad civil tiene derecho y en las circunstancias actuales hasta obligación de hacer sus propuestas, aunque quienes deciden no las tomen en cuenta. En todo caso esto es parte de la lucha por la defensa de los derechos constitucionales y de la democracia.
Los gobernantes autocráticos y corruptos quisieran que la sociedad se postrara en la inactividad porque supuestamente “nada se puede hacer” contra los que mandan. Pero las grandes luchas y conquistas de la libertad y la democracia siempre comenzaron por demandar pequeñas cosas, y muchas veces tuvieron que pasar por la amargura del menosprecio y del atropello a la voluntad popular y al derecho constitucional. Además, como muy bien dice la sabiduría popular, la peor lucha es la que no se hace.
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