SAN SALVADOR/ AFP.- Salvadoreños derramaron lágrimas de regocijo ante un monumento en honor a víctimas de violaciones a los derechos humanos en la pasada guerra civil (1980-1992), luego de conocer el pedido de perdón del presidente Mauricio Funes en nombre del Estado por esas víctimas.
Llevando una rosa roja en su mano, Javier Hernández, de 47 años, llegó hasta el monumento hecho de mármol en un sector del parque Cuscatlán, en la periferia suroeste de San Salvador, lugar en donde se encuentra inscrito el nombre de su hermano Alfonso, desaparecido por escuadrones de la muerte en 1985.
Visiblemente emocionado, el hombre se arrodilló y con sus ojos llenos de lágrimas dijo agradecer “a la vida” porque “por fin se reconoce que lo hecho en la guerra estuvo mal”.
Al igual que él, otros muchos salvadoreños acuden los fines de semana ante el Monumento a la Memoria y la Verdad, para depositar flores en el lugar en donde están inscritos en placas de mármol más de 25 mil nombres de personas desaparecidas o asesinadas en la época del conflicto.
Ayer, en una acción inédita el presidente Mauricio Funes, como jefe de Estado, pidió “perdón” por las “graves” violaciones a los derechos humanos cometidas por fuerzas de seguridad gubernamentales en la guerra civil.
“Reconozco que agentes, entonces pertenecientes a organismos del Estado, entre ellos las fuerzas armadas y cuerpos de seguridad pública, así como otras organizaciones paraestatales, cometieron graves violaciones a los derechos humanos y abusos de poder”, señaló Funes en un mensaje a la nación.
Entre esas violaciones figuran masacres, ejecuciones arbitrarias, desapariciones forzadas y actos de represión, dijo el jefe de Estado.
“Por todo lo anterior en nombre del Estado salvadoreño pido perdón”, aseguró Funes ante un nutrido auditorio conformado por políticos, diplomáticos, empresarios que acudieron a un auditorio de la Cancillería, en la periferia oeste de San Salvador.
“No podemos más que sentirnos felices por ese justo reconocimiento que se está haciendo, ese perdón tuvo que haber llegado hace mucho, pero mejor tarde que nunca”, dijo Rosa Castro, de 35 años, cuyo padre Ángel Castro fue asesinado en 1988 por supuestos militares en una carretera en el oriente del país tras acusarlo de ser “colaborador” de la guerrilla.
Cerca de Rosa una anciana, Angela Cubías, de 67 años, tocaba la pared del monumento y entre sollozos dijo que “los que dieron su vida en la guerra, ahora sí pueden descansar en paz”.
“Esa paz para nuestras víctimas ha llegado porque su recompensa está con ese perdón y ahora se puede hablar de reconciliación de los salvadoreños”, señaló Rosa, una maestra universitaria retirada que sufrió la desaparición de su hijo Salomón durante el conflicto.
La guerra civil que concluyó el 16 de enero de 1992 con la firma de un acuerdo de paz, dejó una estela de 75 mil muertos y 7 mil desaparecidos.
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