CABLES COMBINADOS
El caos reinante en Haití desde el letal sismo del martes se extendió ayer al espacio aéreo, hasta el punto que en medio de una movilización de ayuda humanitaria internacional sin precedentes se suspendieron algunos permisos de aterrizaje.
La portavoz de la Administración Federal de Aviación estadounidense, Laura Brown, dijo ayer en Washington que el Gobierno haitiano no está aceptando la entrada de más vuelos estadounidenses porque no hay pistas disponibles ni espacio suficiente para estacionar en el aeropuerto de Puerto Príncipe.
La noticia cayó como un jarro de agua fría cuando habían transcurrido menos de 24 horas desde que llegaron las primeras ayudas y se esperaba para ayer un verdadero enjambre de aviones con material y equipo humano.
Pese a todo, el optimismo empezó a crecer ayer en horas de la tarde cuando Estados Unidos hizo el anuncio que había asumido el control del aeropuerto de Puerto Príncipe. “Tomamos la responsabilidad del control aéreo. Tenemos mucho personal que ayuda en las cargas y las descargas”, declaró el portavoz Philip Crowley.
“La buena noticia es que ahora el aeropuerto de Puerto Príncipe funciona las 24 horas. Lo malo es que es un aeropuerto pequeño muy limitado, con una sola pista y poco espacio”, comentó Crowley.
Rescatistas y provisiones de emergencia comenzaron a entrar la mañana de ayer a raudales en el mencionado aeropuerto procedentes de todo el mundo, pero Naciones Unidas advirtió de los problemas que se enfrentan.
Ellos colaborarán en atención médica y labores de búsqueda de víctimas que podrían estar todavía bajo los escombros, a causa del terremoto de siete grados en la escala de Richter, que el pasado martes afectó la capital de Haití, Puerto Príncipe.
A cargo de la misión está el general Mario Perezcassar, jefe de la Defensa Civil, quien refirió que en el territorio donde sean asignados para colaborar tratarán de aportar la mejor experiencia “con calidad en la atención y poder mitigar un poco el dolor de esta población”.
Manifestó que por la información recibida aún quedan muchas áreas donde la población aún no ha sido atendida, dada la situación compleja existente ya que alrededor de la capital se concentran habitantes de cuatro ciudades. Antes de viajar a ese país —dijo Perezcassar—, el contingente tomó en cuenta los posibles escenarios con que se encontrarían, “hay un caos, situación muy compleja, se habla de entre 50 mil a 100 mil afectados, hablan de muchos heridos sin atención”.
El jefe del Ejército, general Omar Halleslevens, quien despidió el contingente aseguró que han dotado a la misión con teléfonos satelitales para mantener comunicación directa con éstos.
Halleslevens expresó que, tras una evaluación que realice Perezcassar, determinarán si es necesario extender la ayuda.
El teniente coronel Ernesto López Corea indicó por su parte que el equipo médico lleva medicamento para atención de pacientes politraumatizados. Entre los cinco médicos está un ortopedista, un epidemiólogo, dos médicos generales y un cirujano.
ELÍZABETH ROMERO
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Según Naciones Unidas, los trabajadores de ayuda están topándose con grandes desafíos al tratar de localizar a personas atrapadas bajo los escombros o al alimentar a los sobrevivientes hambrientos.
Chinos, franceses o estadounidenses: los rescatistas desembarcaban ayer en masa en el aeropuerto en medio de toneladas de material de ayuda para los damnificados por el sismo, saturando el aeropuerto.
CIVILES QUIEREN SER EVACUADOS
Mientras, los civiles se agolpaban en el aeropuerto con la esperanza de salir a toda costa de la ciudad. Las instalaciones funcionaban, pero con una torre de control fuera de servicio.
“Vamos a enfrentarnos a un desafío logístico importante”, indicó desde Ginebra la portavoz de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU, Elisabeth Byrs. Equipos se esfuerzan por tratar de poner en marcha la torre de control “al final del día”, añadió.
Las entregas por mar eran imposibles de desembarcar en la capital, debido a los daños sufridos en el puerto, dijo el Programa Mundial de Alimentos (PMA).
Muchos de los desesperados sobrevivientes del terremoto, que temen haya más temblores, están ocupando caminos y retrasan el transporte de alimentos y otra ayuda crucial.
El olor a putrefacción inunda toda la ciudad, dos días después del terremoto que la redujo prácticamente a ruinas.
OTRO CÁLCULO DE MUERTOS
Acerca del número de víctimas de la catástrofe, ayer la Federación Internacional de la Cruz Roja adelantó que entre 40,000 y 50,000 personas murieron en el terremoto.
“Las principales cifras son las que el Gobierno ha mencionado. Y el Gobierno de Haití está hablando de cerca de 40,000 ó 50,000 personas que habrían fallecido”, dijo Xavier Castellanos, director para las Américas para la Federación de la Cruz Roja.
“La magnitud indica que puede ser una cifra bastante elevada y el Gobierno puede estar dando una cifra real”, añadió.
La organización humanitaria también advirtió que en los próximos días habrá un “serio problema de seguridad” en Haití debido a la escasez de alimentos y agua potable.
Por su parte, el Primer Ministro peruano, Javier Velásquez Quesquén, declaró ayer desde Puerto Príncipe que unos 7,000 muertos por el sismo ya fueron enterrados en las últimas horas. El funcionario viajó a Haití para brindar ayuda a nombre del Gobierno de Perú.
MILES ENTERRADOS EN LAS ÚLTIMAS HORAS
“En las últimas horas han enterrado unos 7,000 haitianos y el Gobierno está pidiendo ayuda de maquinarias para levantar los escombros”, dijo Velásquez Quesquén en declaraciones por teléfono al Canal de cable N.
Mientras, centenares de cadáveres están enterrados bajo los edificios. Los vecinos los encuentran guiados por el hedor y comienzan a excavar con sus propias manos.
“Más de cien personas quedaron sepultadas aquí”, afirma Beauzier Louis, estudiante de medicina que desde ayer intenta rescatar a las enfermeras enterradas en la escuela donde estudiaban.
Hasta el momento, sólo ha conseguido cadáveres y la posibilidad de encontrar algún superviviente se extingue con el paso de las horas.
“Desde que ocurrió el terremoto no ha habido una sola declaración al pueblo por parte de nuestros dirigentes. De acuerdo, ellos también se han visto afectados por esta catástrofe, pero hubieran podido decir algo”, opina Valentín, funcionario del ministerio de Finanzas.
La gasolina en la ciudad se está acabando y caminar es para la mayoría la única forma de huir.
RÉPLICAS SIGUEN SIENDO FUERTES
“Las réplicas siguen siendo fuertes. Es imposible dormir bajo un techo después de lo vivido”, afirma Florence, madre de familia que intenta salir de la capital con su esposo y dos hijas.
El bullicio de las calles se ve a veces interrumpido por disparos. La falta de agua y comida está llevando a los haitianos al extremo y los saqueos son abundantes.
Los comerciantes se esfuerzan en proteger sus tiendas semiderruidas de decenas de haitianos desesperados. Durante la noche, varios grupos de personas intentaron invadir casas u hoteles para refugiarse o robar comida.
“Haití vuelve a ser hoy un pueblo que no conoce los finales felices”, lamentó Milien Roudy, acostado en un jardín, acompañado de su esposa y dos hijas, que llevaban 24 horas sin probar ningún alimento.
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