Por Gustavo Soto García
Para algunos teóricos latinoamericanos la sociedad civil se ha auto-creado en Nicaragua, retando al modelo político gobernante excluyente, como una alternativa independiente ciudadana, con una alta diferenciación interna totalmente opuesta a las opciones partidarias tradicionales. Los eruditos sociales afirman que la sociedad civil tiene su basamento político ideológico en la visión de izquierda Estado-sociedad política o partido hegemónico, es decir que la sociedad civil debe ser una extensión orgánica de la estructura programática del partido gobernante, sin caber los disonantes o grupos de derecha, estos deberían ser subordinados, aspirando a construir la sociedad mayor: Estado-partido-sociedad civil.
En los últimos 20 años a raíz de la caída del poder soviético, el muro de Berlín y la globalización, al quedar a la zaga los partidos políticos tradicionales ante el crecimiento de los problemas ambientales, diferencias de género, los derechos humanos y ciudadanos, junto a los efectos de los programas de ajuste estructural, la realidad fue permitiendo la expansión de la expresión de pequeños grupos organizados en asociaciones, ONG, grupos residuales de resistencia cívica, movimientos religiosos y emergentes que se han regularizado, pero también organizaciones espontáneas que van desde grupos de presión por una demanda civil ante un caso de fraude contra la Coca-Cola, los demandantes del nemagón, los grupos de agave azul y móvil, hasta las asociaciones residenciales demandando incumplimientos de los desarrolladores urbanos y muy recientemente los tarjetahabientes y no pagos.
Habiendo mucho que decir, me limito a expresar que estamos frente a un fenómeno que nadie actualmente lidera, que se sale de las ópticas partidarias, podría llamarlos “los sin partido”, si agregamos el alto grado de desilusión de la población ante las organizaciones y líderes tanto de oposición como gobernante, y al no tener asidero o eco de sus demandas específicas, es un todo unido diverso, desde los movimientos feministas pro-aborto y contra la violencia, hasta los panaderos y católicos conservadores, a ello le podríamos adicionar el efecto de la crisis económica y las medidas de gobierno, ante el alza del costo de la vida, las reformas fiscales, las demandas ecologistas, de gobernabilidad y anticorrupción política y económica, pasando por los derechos elementales constitucionales, toda una gama de reivindicaciones que no fluyen por el escaso pensamiento de los líderes políticos tradicionales, de una ciudadanía con sed de exportación de sus ideas, y necesidades inmediatas grupales, de equidad y justicia.
Pienso que estamos ante una proporción poblacional decisora del sufragio que pasa más allá del 45.0 por ciento, según lo miden las encuestas y los tipifican como ciudadanos sin inclinación política militante, algo con mucha lógica si consideramos el deterioro en la percepción negativa de todos los sectores políticos de derecha, centro e izquierda vs. incremento de figuras o personas calificadas positivamente como Aminta Granera de la Policía y Monseñor Brenes, pareciera que la pendulación de la opinión ciudadana, castiga a los partidos que no han incorporado estas demandas insatisfechas y premian la rectitud, honestidad, y firmeza, pero también la esperanza y la fe, no necesariamente religiosa, sino fe en personas con credenciales limpias.
Me pregunto: Si bien este movimiento ya demostró su organización musculosa con capacidad convocante; ¿tiene una estrategia definida donde haga sentir su peso de participación ante una sociedad política que domina el control negociado de las instituciones democráticas, conforme las cuotas de poder que les da el balance de intercambio de los votos en la Asamblea Nacional? ¿Bastará la movilización ciudadana como medio de aglutinación y expresión para seguir generando una reacción consciente del ciudadano promedio, hastiado de la montaña de dificultades económicas y sociales que arrastramos de más de 30 años?, ¿estamos frente a un posible antagonismo muy profundo entre sociedad política y sociedad civil, de cara a las elecciones de funcionarios públicos y las del 2011, o una alianza donde la sociedad política quiera condicionar la supeditación de la sociedad civil?, ¿es el devenir de una rebelión en aumento ciudadana anti-sistema, con capacidad para poner los votos y el próximo presidente de Nicaragua, o es tan solo un movimiento civil temporal anti-mercado, anti-consumo muy efímero y sensible como una burbuja?
El autor es Sociólogo y Administrador de Empresas
Ver en la versión impresa las páginas: 11 A