Silvio Méndez-Navarrete

El proceso hacia el totalitarismo

Los nicaragüenses somos tanto más dignos e iguales cuanto más real y efectivo sea nuestro derecho de participación política, igual y libre. Si los que deciden no cuentan con nuestra participación, se convierten en tiranos y nuestra dignidad se resiente. Los demócratas somos igualitarios, combatimos cualquier forma de discriminación, tiranía, luchamos por crear condiciones de libertad y dignidad. Nuestro igualitarismo se satisface si a ninguno le faltan medios básicos para no tener que humillarse ante nadie. Calidad democrática se mide por cuanta participación política igual y libre incentivan y permiten, evitando deteriorarla en calidad, caer en autoritarismos, boquetes abiertos en la institución democrática por corrupción, incompetencia, desafíos donde se cuelan electoralmente, proyectos de poder que llevan ínsitas, semillas de totalitarismo.

El mito revolucionario presenta una narración de hazañas, no argumentos ni demostración. Sin pretender hacer diáfano el mundo, lo hacen dramático; justifican acciones de héroes míticos, sin importar lo sangrientas, desalmadas, repugnantes que sean. Sus soldados tienen privilegios, derecho a desarrollar acciones que niegan a los demás. No plantean contiendas pluralistas democráticas sino pugnas inevitables, necesarias, entre fuerzas irreconciliables. El enemigo no es opositor político, es conspirador diabólico detrás de cualquier pliegue de la realidad que inquiete al poder, intolerante respecto de la oposición, de todo el que dude. Desconfían de cualquier política libre, genuinamente democrática.

El proceso puede demandar dosis renovadas de sacrificio, unidad, firmeza de propósitos; movilización de multitudes será más necesaria que nunca, purga de disidentes también; extremarán las amenazas imperialistas y enemigos internos con propaganda creadora de realidades; los aparatos del Estado son instrumentos del proyecto de poder, apoyado en un gran ideal para justificar sus horrores. Sofisticadas maquinarias de dominio, sus complejas ruedas y conexiones, se engrasan con ideales salvajes que hayamos recurrentemente en la base del asesinato.

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Es evidente que no existe democracia sin pluralismo político. Lo que ya no es evidente es que los actores políticos plurales puedan participar en la vida democrática con actitudes egoístas: pluralidad cultural subordinarla a cultura nacional única, “verdadero pueblo” constituido por parte de la población, marginar al “falso pueblo”, considerar la oposición como oligarquía traidora al pueblo, sólo reconocer democrática la “oposición” que apoya propuestas oficiales, dividir la sociedad en fuerzas del bien, del mal, capitalismo y socialismo, imperio y pueblo, considerados como categorías contrarias entre las que no cabe solución final más que derrota/extinción de las unas por las otras. Este egoísmo refleja, promueve comprensión de relaciones humanas en términos amigo/enemigo, categorías estrictamente políticas, a las que todo se redirecciona, se mantienen en conexión con posibilidad real de matar físicamente.

Esto requiere concentración de poder, centralización, dictadura que dirija una sola voz para el pueblo durante los próximos cincuenta años. Crucial es articular un consenso absolutamente seguro, firme, que centralice instituciones, sociedad civil, cultura, ideas. Es necesario regular, excluir, coaccionar las disidencias, nada exclusivo de las dictaduras de ayer, sino muy propio también de las populistas de hoy. Las tiranías no están en retroceso.

En todo encontraremos el populismo de lo simple, lo verdadero, lo ideológicamente igual, la homogeneidad perfecta de la voluntad del pueblo fraterno, del castigo al disenso, del control horizontal de los iguales, del discurso políticamente correcto. Problemas políticos se presentarán sin opciones, sin márgenes, anulando moralmente a adversarios. Buenos sólo son ellos. Pueden cometer errores, pero no “males”. Para el egoísta político los malos siempre somos nosotros, y con el enemigo, no hay nada qué dialogar ni qué aprender. Deliberación pública desaparece sepultada por proliferación de mentiras, la manipulación quiebra por su base los elementos pluralísticos democráticos verdaderos. Masificación de propaganda, control monopolístico de medios, intimidación de comunicadores disidentes, sustituyen diálogo con la oposición por la compra o división de los opositores, diseñan instituciones electorales que los subordine o la práctica electoral que los burle, todo justificado en nombre del pueblo.

Vivimos dificultades en tiempo de transición; la meta ya no debería ser cómo recuperar, construir el imposible Estado-Nación, basado en identidad única, sino, ir relevando con coraje experimental normas, reglas, valores para convivir en un núcleo de identificaciones, orientaciones colectivas que exigen esquemas de gobernabilidad democrática innovadoras.

El pluralismo deliberativo exige responsabilidad cívica y sólo puede prosperar en la inclusión igual de los diversos, en el reconocimiento de la indispensabilidad del conflicto, de las negociaciones, generación de espacios de encuentro, deliberación, aprendizaje, creatividad e innovación, garantía de igual valor de las vidas humanas, construcción de humanismo desde la diversidad, sometimiento a los derechos humanos. La democracia pluralista, deliberativa, es una práctica muy imperfecta hoy, uno de los modelos normativos que pretenden expresar un nuevo humanismo, el de nuestro tiempo, el del siglo XXI.

El autor es ingeniero

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COMENTARIOS

  1. chester membreño y la derecha cristiana
    Hace 17 años

    excelente articulo,.. este señor siempre escribe con firmes convicciones y fundamentos académicos, le felicito y al diario la prensa por tener escritores de calidad

  2. Romeo Alfa
    Hace 17 años

    Son los escritos que alimentan la sabiduria de los lideres de nueva generación que necesita el pais. Siga escribiendo por el bien del pais.

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