la satisfacción interior de sabernos útiles y autores
de grandes cosas
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Qué fácil resulta colocarse delante de las figuras que conforman el Nacimiento de nuestro hogar y soñar, como los niños, imaginando las cosas pueriles y sencillas que haría y diría cada ‘figurilla’; un paso más y comenzamos a pedir a ese Niño-Dios todo lo que llevamos en el corazón: para nosotros, para los nuestros, para el país, para el mundo. Quizá podemos hoy sentarnos delante del Nacimiento a ‘descubrir’ alguna de las lecciones que nos dan los miembros de la Sagrada Familia. Cuando nace una criatura solemos felicitar y dirigirnos a su mamá; a la Virgen podemos verla pendiente de la casa y del Niño: su comida, sus pañales, su descanso, sus lloros, sus sonrisas ; vive pendiente de José y siguiendo con la mirada sus pasos: cuando acomoda el pesebre, limpia la suciedad dejada por los animales o busca un poco de leña para encender el fuego y tener luz y calor en el improvisado hogar ; tampoco falta la atención a los ‘visitantes’: que los pastores dejen sus ovejas y cabritos en algún lugar de la ‘casa’, y se acerquen al Niño para contemplarlo y dejar que el corazón se explaye en propósitos y decisiones grandes de mejora personal. ¡Qué lección de servicio! Cada Navidad tendría que ser una ocasión para despertar nuestros deseos de servir y atender a los demás. Es fácil encontrar personas que, cuando oyen hablar de servir, se asustan, buscan cómo evadir lo que requiera una actitud de servicio y se sienten o ven como inferiores a quienes desarrollan actividades que llenan necesidades de otros. En realidad, en el mundo nos servimos todos unos a otros; no hay nadie en la tierra que, de un modo u otro, no tenga que servir a los demás: dependemos de Dios, de los que viven en nuestro país, de los que están cerca, de los que están lejos: el maestro sirve al alumno, el médico a sus pacientes, el electricista a quien tiene un desperfecto en su hogar, el presidente y el político a los gobernados, la mamá al hijo Hay actividades que tienen más repercusión y trascendencia para las personas, en la medida en que cubren necesidades más básicas y elementales: no todos tienen necesidad de acudir a un banco ni todos experimentarán las atenciones de una aeromoza o del guía turístico en un museo, pero todos necesitamos un lugar donde vivir y en el que encontrar amor, el calor del cariño y el desinterés, el alimento y una comida sana y algo de ropa limpia para ponernos cada día, un lugar donde reparar las fuerzas y descansar, para afrontar la actividad del día siguiente. En cuantos hogares ese ambiente y atenciones son fruto del trabajo de varias personas que, unidas a la señora de la casa y con un objetivo común, se organizan y distribuyen el trabajo para llegar a cubrir las necesidades básicas de las personas que viven en ese hogar. El Niño-Dios, el Redentor de los hombres, también recibió las atenciones y los cuidados que sabe poner una mamá; cuanto más nosotros necesitamos tener cubiertas las necesidades básicas para poder dedicarnos después a otras que contribuyen con el desarrollo de nuestras capacidades. Cuanta mayor es la repercusión de una actividad, mayor es el nivel de perfeccionamiento y autorrealización de quien lo ejecuta y, por el mismo motivo, es lógico que llene de satisfacción y alegría. ¿Qué hizo que la Madre de Dios-Hijo fuera la mujer más feliz de la tierra, aún sin haber tenido estudios, realizado viajes por el mundo ni haber recibido reconocimientos públicos, etc.? Que vivió para servir a Dios; que todo lo hizo por Él, pensando en Él y para Él; que tuvo la disposición de atender las necesidades de los que tenía a su alrededor, aún sin apenas salir de los límites de su país.
Cómo sirve considerar una breve frase, pero llena de contenido, que repetía hace años un santo de nuestros tiempos: “Para servir, servir”; para ser útiles a la familia, a la sociedad, al país, a los hombres , hemos de servirles, atender las necesidades que puedan tener. Esta Navidad podemos pedirle a la Virgen que nos enseñe a servir con alegría, a atender las necesidades de los demás con el orgullo y la satisfacción interior de sabernos útiles y autores de grandes cosas en sus vidas y agradecer cualquier oportunidad que tengamos para hacerlo, porque llenaremos de valor y de alegría nuestra vida. [email protected]
Esta Navidad podemos pedirle a la Virgen que nos enseñe a servir con alegría, a atender las necesidades de los demás con el orgullo y la satisfacción interior de sabernos útiles y autores de grandes cosas
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