El derecho a conocer y discutir lo militar

Una de las principales conquistas del pueblo nicaragüense, en la breve época de los gobiernos democráticos que comenzó en abril de 1990 con doña Violeta Barrios de Chamorro y terminó en enero de 2007, cuando Daniel Ortega recuperó el poder presidencial, ha sido la libertad de expresión y de prensa. Y dentro de ésta, el derecho de hablar libremente sobre el Ejército y los temas militares en general, lo que en tiempos de la Guardia Nacional somocista y del Ejército Popular Sandinista era un tabú, algo peligrosamente letal.

En realidad, la desmitificación de lo militar es una conquista democrática global. En todas partes del mundo donde hay democracia, los ciudadanos tienen derecho de discutir sobre las fuerzas armadas, critican a los mandos militares cuando lo consideran necesario y no sufren represalias de ninguna clase. A nadie mandan a la cárcel por eso, ni lo apalean y mucho menos que lo acusen de traición a la patria, como solía ocurrir en Nicaragua en las épocas de las dictaduras somocista y sandinista.

En el mundo democrático existen y funcionan instituciones civiles especializadas en la investigación y divulgación de los asuntos militares, entre las cuales sobresale el Instituto Internacional de Estudios para la Paz (Sipri), de Estocolmo, Suecia, que es una reconocida autoridad mundial en la materia. Y en cada país hay organismos de la sociedad civil, independientes del Estado, del Gobierno y de los ejércitos, como es el caso en Nicaragua del Instituto de Estudios Estratégicos y de Políticas Públicas (IEEPP), que monitorean los asuntos de seguridad pública, armamentismo, correlaciones regionales de fuerzas militares, relaciones de la sociedad con los militares, control civil sobre los estamentos armados, etc. Los cuales mantienen a la ciudadanía debidamente ilustrada sobre asuntos de tanta importancia.

Por supuesto que siempre y en todas partes también hay mandos militares a quienes les desagrada esa apertura democrática, prefieren el secretismo “estratégico”, consideran que sólo ellos pueden y deben hablar de las cosas del ejército, descalifican a los estudiosos e investigadores civiles de los problemas de la defensa nacional, la seguridad pública y las relaciones institucionales entre los ciudadanos armados —que no otra cosa son los militares— y la sociedad civil. Y tampoco faltan políticos civiles, inclusive entre los democráticos, que comparten con los militares la perniciosa alergia a la libertad de información y de crítica.

En Nicaragua, el derecho conquistado por el pueblo, de discutir sobre los temas militares, ya fue quebrantado jurídicamente mediante la Ley de Acceso a la Información Pública, aprobada a mediados de mayo de 2007, la cual, en su artículo 15, establece que es “Información Pública Reservada” toda la referida a organización, equipamiento técnico y funciones de las fuerzas armadas. Eso contradice o restringe el derecho a la libertad de expresión y de información establecido y garantizado por la Constitución en su artículo 66. Además, ese artículo de la Ley de Acceso a la Información Pública permite a los militares descalificar a los estudiosos civiles de los temas de seguridad pública y nacional, que con todo derecho opinan públicamente sobre, por ejemplo, que el cambio en las normas para el retiro de los generales va a impedir el ascenso y el crecimiento profesional de la oficialidad intermedia.

Peligrosamente se está haciendo desaparecer el derecho de los ciudadanos a opinar —directamente o por medio de los estudiosos civiles de los temas militares— sobre las personas designadas para ejercer los altos cargos en las instituciones armadas, acerca de la importancia fundamental de que los miembros de la cúpula militar sean seleccionados por su capacidad profesional, dedicación personal, antigüedad y experiencia, no por vinculación con el gobierno y mucho menos por afinidades políticas, ideológicas o personales con el gobernante de turno.

La libertad de opinar y discutir sobre todos los asuntos que son de interés público, incluyendo los militares, es un derecho democrático que los ciudadanos, la sociedad civil y los medios de comunicación independientes no deben dejarse arrebatar. Además, suprimirlo o restringirlo va en perjuicio hasta del mismo Ejército, cuya legitimidad y prestigio social se debe a que su desarrollo profesional, institucional y democrático es reconocido por los ciudadanos, precisamente porque han podido criticar y valorar el comportamiento de la institución armada. Esto es algo tan obvio que los militares no lo deberían menospreciar ni olvidar.

COMENTARIOS

  1. Visionario
    Hace 17 años

    Nadie criticaba al ejercito por dos cosas: 1 porque les tenian miedo a las cañahuecas y 2 porque creian que al no criticarlos se iban a volver, como todos deseaban, un ejercito profesional. Olvidandonos que no son oficiales de academia, que no han cumplido con el sagrado mandato de defender la constitucion de los atropellos de Ortega. Mas bien lo apañan y lo siguen porque son complices, camaradas y lo principal: Socios. Que se acabe la impunidad del fuero militar!!!!!!!

  2. Roberto Escobedo Caicedo
    Hace 17 años

    ¿Por qué motivo se desmovilizaron unilateralmente los efectivos militares de la Resistencia Nicaragüense, dejando al FSLN con su propio Ejército y su propia Policía? Lo correcto hubiera sido que se desmovilizaran todos los grupos armados y celebráramos como los ticos, cada 1 de diciembre, la abolición del Ejército por su naturaleza intrínsecamente subvertora de las instituciones. Los militares de mayor edad son los viejos cuadros del FSLN. Prolongar su permanencia, será en beneficio de

  3. MAXIMUS
    Hace 17 años

    Este es un tema que vas mas alla de un sistema democratico. Los militares en Nicaragua hacen lo que se les dá la gana y nadie puede revertir lo que hacen. Echen un vistazo a lo negocios que hacen, por ejemplo, o a la empresas que manejan y como todo esto está por encima de las leyes. Hagamonos la pregunta, por qué tenemos un ejercito que goza de prebendas especiales y vive en un secretismo eclesiastico? Pues porque así se lo han permitido todos los gobiernos empezando con el de Doña Viol

  4. Reed
    Hace 17 años

    La resistencia se desarmo porque fue derrotada en el campo militar y político. Así fue Roberto.En Costa Rica es de nombre que no tienen ejercito,pero si analizas tienen y usan armamento de guerra todas sus fuerzas represivas.Nunca ha dicho nadie de la oposición que el Ejercito viole o no defienda la constitución. Los ejecitos en todo el mundo funcionan como Instituciones descentralizadas y autonomas. hasta en la USA.Queres que sean entrenados en la escuela de las Americas donde forman asesin

  5. Caitudo
    Hace 17 años

    Maximus, asi es hombre tenes toda la razon, pero el editorial dice que antes a ningun ejercito se podia criticar sin correr el riesgo de ser encarcelado, pero ahora si se hace aunque logicamente a algunos de los altos dirigentes no les gusta que les saquen las mantillas al sol y que la gente vea la caca en esos pañales.

  6. Doug
    Hace 17 años

    Reed, la Contra nunca fue derrotada, los 9 dictadores, cuya cabeza era Ortega se vieron obligados a firmar la paz a reganadientes, porque ha pesar del enorme ejercito, mas las milicias, nunca visto en Centroamerica, la ayuda militar de la Union Sovietica y Cuba (que envio a uno de sus mejores generales, el General Ochoa que dirigia las operaciones del EPS), NUNCA PUDIERON OBTENER UNA DECISIVA VICTORIA; y el costo de la guerra era ya insostenible. Roberto Caicedo esta correcto en su comentario.

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