José Antonio Peraza Collado
En estos días de crisis, como en todos los tiempos, los políticos nicaragüenses siguen marcando la agenda. Ante esta situación se impone una reflexión. Por qué en Nicaragua la política partidaria, que concentra tantas energías, ha tenido resultados tan mediocres, por no decir nefastos. Parte de la respuesta está en el atraso económico y cultural del país.
Los políticos y las élites nicaragüenses no son ciudadanos de Marte. Son hijos de una sociedad con un desarrollo económico raquítico, donde sus aspiraciones y logros son menores al desarrollo. Creo que aquí se cumple con la afirmación de Marx: “El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es el que determina su conciencia”. Apegados a este simple economicismo estaríamos condenados, como Sísifo, a repetir los errores de nuestra historia.
Contrario a Marx, en algunos pequeños momentos de nuestra historia las creaciones espirituales han estado por encima del desarrollo económico. Es la historia de algunos de nuestros poetas. Pese a la excepción, ellos también han confirmado la norma. Los poetas y escritores han llenado el vacío que otras ciencias, en un país de mayor desarrollo, habrían jugado. El análisis de los problemas políticos, económicos y culturales no debe estar en manos de los poetas, sino en el ámbito de sus respectivas ciencias. Esto es una arista más de un mismo problema, la falta de capital humano para enfrentar los problemas de desarrollo del país.
- Tour
- Reportaje
[/doap_box][doap_box title=»Marlon Rocha» box_color=»#336699″ class=»aside-box»][/doap_box]
En el ámbito político, a pesar de las limitaciones económicas, también hay que recordar la reflexión de Raymond Aron cuando decía que a los hombres de acción o de fe hay que juzgarlos por el sentido que daban a su prédica. Una prédica que Max Weber consideraba auténtica cuando tiene conciencia clara de que su acción va a tener influencia sobre otros hombres y mujeres. En otras palabras, el sentimiento de que la participación en el poder implica manejar acontecimientos históricos que afectarán a muchos.
Pero ¿cuáles son esas cualidades que le permiten al político profesional estar a la altura de esos retos y de las responsabilidades que de ellos derivan? ¿Qué clase de hombre o mujer se debe ser para tener en sus manos el destino de un país? En Nicaragua esto es dramático, si se toma en cuenta que lo más común ha sido que hombres pequeños ocupen posiciones grandes.
Weber identifica tres cualidades en el político superior: una gran pasión al servicio de una causa, responsabilidad con esa causa que oriente la acción y la mesura. Esto lo pone en el dilema práctico a resolver día a día cómo combinar la pasión ardiente con la fría mesura. Aquí la paradoja: mientras por un lado el político necesita de un narcisismo moderado para sentirse llamado a envolverse en los acontecimientos que hacen historia, también ese narcisismo es la mayor perdición si adquiere características patológicas.
El pecado mortal de los políticos, para Weber, está cuando las ansias de poder dejan de ser positivas para convertirse en pura embriaguez personal (vanidad). Normalmente, esto los hace caer en otros dos pecados: la ausencia de finalidades objetivas y la falta de responsabilidad ante sus ciudadanos. No hay nada más dañino para una nación que el poder por el poder, sin ninguna finalidad trascendente. Desde luego, esto nos aleja de la política para situarnos en el terreno de la ética.
Al estadista francés Georges Clemenceau, conservador y lúcido, se le atribuye haber dicho que “la guerra es una cosa demasiado seria para dejarla en manos de los militares”. Estableciendo un paralelismo con la política, podríamos decir que la política es demasiado seria para dejarla en manos de sólo políticos de la vieja usanza. Cabe preguntares: ¿Quiénes fueron los artífices del descomunal cambio en China? Sus dos últimos presidentes, ministros, banqueros, directores de empresas tienen formación básica en ingeniería y sólidos estudios de posgrado en economía. ¿Será esta la fórmula para transformar a la clase política nicaragüense y al país? Recordemos la reflexión de Albert Einstein: “No podemos resolver problemas pensando de la misma manera que cuando los creamos”.
El autor es politólogo.
Ver en la versión impresa las páginas: 13 A