El lunes de esta semana comenzó en Copenhague, Dinamarca, la Cumbre Climática Mundial, que se prolongará hasta el 18 de diciembre. En esta Cumbre los representantes de 192 países, incluyendo unos 100 jefes de Estado y/o de Gobierno, discutirán sobre los problemas del medio ambiente, particularmente sobre el calentamiento climático global, y tratarán de alcanzar un acuerdo que en todo caso no será vinculante y postergará para el próximo año, la adopción de un nuevo tratado internacional que sustituirá al denominado Protocolo de Kioto.
La parte culminante de la Cumbre de Copenhague será al final, cuando coincidan los líderes de los principales países del mundo, incluyendo a los de Estados Unidos, China e India que están entre los más contaminantes del planeta. La disposición de éstos a adoptar compromisos efectivos para contener la degradación del clima global, determinará el éxito o fracaso de este cónclave que ha motivado una inmensa expectación internacional.
El reto principal de esta Cumbre es garantizar que de aquí al año 2050, se reduzcan en un 50 por ciento las emisiones de gases de efecto invernadero, que son las causantes del calentamiento climático global y sus catastróficas consecuencias. La reducción del 50 por ciento de las emisiones de gases de efecto de invernadero, significa que durante los próximos 40 años el aumento de la temperatura promedio en el planeta no debe pasar de dos grados centígrados, en relación con el clima promedio que había en 1850, cuando por efectos de la revolución industrial comenzó la época de esta clase de emisiones tóxicas. Tal es la recomendación fundamental del Grupo de Expertos Intergubernamentales sobre la Evolución del Clima (GEIEC), que es considerado como la máxima autoridad científica en el problema de calentamiento global de la Tierra.
Hay mucha discusión sobre este problema. Pero la verdad es que al margen de las controversias, nadie puede negar que así como es indispensable cuidar y mantener limpia e higiénica la casa donde cada uno habita con su familia, del mismo modo y con mucha mayor razón hay que proteger el ambiente natural en cada país y a nivel planetario. Como dijo el Papa Benedicto XVI el domingo pasado, al saludar la Cumbre Climática de Copenhague: “La salvaguarda de la creación pide la adopción de estilos de vida sobrios y responsables, sobre todo hacia los pobres y las generaciones futuras”.
Ésta tiene que ser una de las principales preocupaciones de la gente en todas partes del mundo, y ante todo de los gobernantes, puesto que los gobiernos existen precisamente para resolver los problemas, no para crearlos y agravarlos y mucho menos para ser usados como medio de enriquecimiento personal, familiar y partidista de los gobernantes, que es lo que ocurre en algunos o muchos países, como Nicaragua.
Y a propósito, ¿qué papel va a jugar Nicaragua en la Cumbre Climática de Copenhague, siendo un país que por su mismo atraso económico prácticamente no produce gases de efecto de invernadero, ni tiene petróleo ni carbón, ni aprovecha sus recursos naturales para producir energía limpia, pero tiene un Gobierno que no cuida sino que más bien permite la contaminación de sus aguas y la destrucción de sus bosques?
En la Cumbre de Copenhague participan cuatro tipos de gobiernos: Uno, los que ya están aplicando medidas efectivas para enfrentar el cambio climático y proteger el ambiente natural, como son, por ejemplo, la Unión Europea y Japón. Dos, países como Estados Unidos y Australia que aceptan reducir las emisiones de gases de efecto de invernadero, pero quieren hacerlo gradualmente para no afectar sus bases productivas que dependen de energía muy contaminante, como el petróleo y el carbón. Tres, países emergentes y productores de petróleo como China, India, Rusia y otros, que exigen un tratamiento especial y financiamiento para reducir sus cuotas de contaminación. Y cuatro, los gobiernos que van “a ver qué agarran”. Éstos demandan que los países desarrollados paguen los costos de la reducción del calentamiento global, y que además los indemnicen por los desastres naturales que han ocurrido.
Los gobiernos de Centroamérica, que producen menos del 0.5 por ciento de la emisión total de gases de efecto de invernadero, exigen una indemnización de 105 mil millones de dólares por los desastres naturales causados supuestamente por el calentamiento climático global. En este plan va el Gobierno de Nicaragua a Copenhague.
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