Las rebeldías de los altos mandos y coroneles acontecidas en el Ejército de Nicaragua, a lo largo de su corta historia institucional, son muchas y significativas, aunque casi todas son desconocidas por la población y temerosamente comentadas por ciertos militares o personas conocedores del delicado asunto. ¿Por qué los actos de rebeldía de los militares han sido mantenidos ocultos?
La mayoría prefiere no hablar de esas rebeldías. Quizás advertidos que les “puede pasar algo” por el temor de ser injustamente acusados de injurias y calumnias o verse arbitrariamente involucrados en asuntos tan delicados de los “Guardias”. Porque, a decir verdad, nuestra gente popularmente señala que “con éstos no se juega”. En definitiva “las cosas no son como se ven, ni se ven como son”. ¿Serán tan peligrosas? ¿Tan comprometedoras? ¿Por qué se realizaron?
Da la sensación de que entre los involucrados, afectados, víctimas y victimarios existiese algo compartido que raramente funciona en secreto para no abrir la boca. Misterio que funciona a modo de un pacto de caballeros, pacto gansteril o arreglo debajo la mesa para no abordar el comprometedor y delicado asunto. En los círculos sociales militares y civiles se le considera a estas rebeldías un “top secret” o “maniobras ocultas” que no deben comentarse, pues de lo contrario “te pueden pasar la cuenta”, vulgarmente mandar a liquidar.
Un dicho popular dice que “el que no la debe, no la teme”. ¿Por qué no hablar de un asunto de interés nacional, cuando todos sabemos y estamos conscientes que la institución armada no es una hacienda propiedad personal o privada? Al contrario, nuestro Ejército, además de nacional es patrimonio de todos. Somos los ciudadanos en libertad democrática, los que pagamos con nuestros impuestos para que las cosas ahí transcurran en absoluta legalidad y transparencia. Por lo tanto cualquier problema grave se le debe informar a la nación. De todas maneras, la población se entera por medio de comprometedores rumores, que al fin y al cabo a quien más perjudican es al cuerpo castrense.
Las más conocidas y famosas rebeldías militares, que inclusive han sido del dominio público, pero que nadie las esclareció, son las de los coroneles Javier Pichardo, Edén Pastora Gómez, Antenor Rosales, José Valdivia Hidalgo, etc. Otras todavía no son del conocimiento público, se perdieron en el anonimato y aunque a algunos no se les considera como rebeldes han cuestionado de forma clara a la jerarquía militar. Como sucede con los duros cuestionamientos que vierte la oficialidad sobre la triste y célebre piñata, la descomunal violencia e impunidad de Daniel Ortega, su anarquía terrorista o simplemente los señalamientos directos contra el general Humberto Ortega y su desproporcionada fortuna.
Es evidente que los militares activos y los que pasan a retiro deben de defender el orden democrático y la constitucionalidad de la República de Nicaragua, manteniendo dentro y fuera del Ejército una posición de dignidad nacional. No es posible que en nuestros militares prevalezca una postura camaleónica que un día los muestres como defensores de la patria y al otro como traidores a la nación.
Esos infortunios de rebeldías y traiciones deben ser divulgados y conocidas por nuestro pueblo. En honor a la verdad ¡La patria somos todos!
El autor es Abogado y Notario Público. Coronel ®
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