Nunca más

En homenaje al Dr Fernando Cedeño, testigo del asesinato de un mártir en 1967, y luego él mismo asesinado por la guardia genocida somocista.

Gloria Gabuardi


En homenaje al Dr Fernando Cedeño, testigo

del asesinato de un mártir en 1967, y luego él mismo

asesinado por la guardia genocida somocista.

Uno de los cuentos que me hacían cuando niña

Era de cómo morían las estrellas,

Siendo fantástico, me producía pesadillas.

En mi inocencia,

Las escondía en un cofre para que no las encontraran

Y tiraba la llave al fondo del mar.

Esa era la magia para mí.

Ha pasado mucho tiempo desde entonces,

Pero hace poco el mismo sueño me despertó:

Las estrellas habían escapado de los cofres, y en su huída

Dejaron tras de sí una historia que yo había enterrado en la niebla

Y guardado para siempre en el infierno del olvido

Escaparon las estrellas. Se abrieron puertas y compuertas

Y la tragedia como viento del desierto que levanta arena

Se hizo presente en mí.

“Se lo llevó la guardia preso con su hermano, se lo llevaron

A empujones, eran muchos los guardias, todo mundo lo vio

Pero los dan por desaparecidos».

Semana Santa cruel, vía crucis por Managua,

De radio en radio, de periódico en periódico

De cárcel en cárcel, otra vez, y otra vez. De nuevo la misma historia de cuando niña.

Hasta la propia Casa Presidencial.

Nadie lo tiene, aquí no está, quieren perjudicar a la guardia,

Búsquenlo, búsquenlo, búsquenlo,

Nada, Nada, Nada, Nada.

Una noche fui citada de manera secreta

a una entrevista con el Médico de la Guardia Nacional,

Lugar secreto,

jurar, jurar, jurar, jurar, jurar, no decir nada, no decir nada

Él está muerto, lo mataron, lo masacraron, está muerto, despedazado,

¡Pero el hermano está vivo!

Hay que salvarlo.

Mi corazón me ordena:

Tienes que actuar, tienes que moverte, tienes que gritar,

Hay que estremecer a la nación.

Hay que estremecer la conciencia del mundo

Para que nunca ocurra, para que no suceda más nunca,

Para que lo sepan las piedras, las nubes, los árboles

Las hojas, el viento, los hijos, los hijos de los hijos,

Las madres, los padres, el pueblo entero.

Para que el hombre queme su mala levadura

Para que mate el animal que lleva dentro

Para que los hombres sean hombres y no bestias,

Para que no olvidemos, para que no olvidemos,

Para que no olvidemos, para que no olvidemos

Para que nunca ocurra más, para que nunca ocurra más

Para que nunca ocurra más, para que nunca ocurra más

Para que no lloremos por nuestros hijos, para que no lloremos

Por nuestros padres, para que no desparezcan a nuestros hermanos,

Para que nunca más, para que nunca más, para que nunca más

nuestro suelo Patrio se llene de sangre

Para que no sangren nuestros corazones, ni lloren nuestras almas

Hay que hacer marchas, hay que tirarse a la calle,

Hay que denunciar, que aparezcan nuestros deudos,

Que nos entreguen a los detenidos,

Demos los nombres de los esbirros

Demos los nombres de los torturadores

Señalen nuestras manos a los que fueron

Señalen nuestros dedos al criminal y sus conjurados.

Consejo de guerra a los señalados.

Como dijimos él está muerto

Su cuerpo despedazado pedazo a pedacito.

Para ocultar el delito

Dejaron caer sus restos en el cráter del Volcán.

Horror de los horrores, grito, grito, grito, grito

grito, grito, grito, grito, grito, grito,

Gritos que lleguen hasta el cielo, que conmuevan los mares,

Que estremezcan los bosques,

Que lloren los ángeles, que llore el sol

Que giman las estrellas,

Alarido, alarido, alarido, alarido, alarido, alarido,

Desgarro, desgarro, desgarro, desgarro, desgarro.

Hay que salvar a su hermano.

Está vivo, está vivo, está vivo, que lo presenten,

Que lo entreguen, que lo entreguen, que lo entreguen,

Mi dedo acusador señala, mis ojos señalan, mi alma entera

Dice basta ya, basta de crímenes, basta de llanto, basta de martirio.

La Patria conmovida llora y tiembla.

Cae de bruces mi pobre alma, mi pobre cuerpo.

Mi corazón de niña vaciado

Los fantasmas de los muertos

Llenando de caricias mi cabeza.

Nicaragua bajando por el túnel de la vergüenza hasta el final

No pudimos enterrar su cuerpo

Pero su hermano fue liberado.

Por mi parte, recogí el corazón que, como decía Vallejo,

Se encontraba tirado bajo un zapato viejo,

Mi padre me recibió esa noche con un abrazo y un beso

Y lloramos los dos interminablemente.

Luego me senté a esperar en la oscuridad

La llegada del nuevo día.

A 30 años del triunfo de la Revolución.

A 20 años de la pérdida de la Revolución.

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