Al concluir la gran marcha democrática del sábado 21 de noviembre, cuando entre 50 mil y 70 mil personas salieron a la calle para pronunciarse categóricamente en defensa de la democracia y rechazo a la dictadura, algunos políticos hablaron de que ahora hay que realizar un diálogo para ventilar los grandes problemas nacionales.
Al respecto el líder del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), Arnoldo Alemán, expresó durante la gran marcha del 21 de noviembre que (Daniel Ortega) “necesita llamar a lo que el pueblo de Nicaragua quiere, a un diálogo, no a la violencia, sí a la democracia, sí al orden constitucional”. Y recordó el también ex presidente de Nicaragua que él le pidió a Daniel Ortega un diálogo nacional, desde la convención del PLC que se celebró en julio del año pasado. Luego, en la misma tarde del sábado 21 de noviembre, durante la celebración del fraude del año pasado mediante el cual el Consejo Supremo Electoral le adjudicó al FSLN la mayor parte de las alcaldías del país, a pesar de que la oposición ganó ampliamente las votaciones, Daniel Ortega también dijo en su discurso, que según él, por el bien del país se debe concretar la “unidad” y el “entendimiento” político nacional.
Sin embargo, en el Manifiesto de Managua de las organizaciones cívicas que organizaron la gran marcha del 21 de noviembre, el cual fue leído en la clausura de la imponente demostración popular por la dirigente del Movimiento por Nicaragua, Violeta Granera, se dice claramente que: “Estamos listos a mantener y promover una amplia inclusión ciudadana en un diálogo respetuoso y franco con el liderazgo político, para avanzar en el cumplimiento de este compromiso con la democracia de Nicaragua”. Y al mismo tiempo las organizaciones cívicas advierten “que no permitiremos ningún pacto a espaldas del pueblo, ni aceptaremos arreglos de cúpulas. Exigimos a los partidos políticos honrar el compromiso tanto con sus militancias como con el electorado nicaragüense, cuya gran mayoría no tiene partido, pero sí vota en las elecciones, haciendo pública y transparente cualquier negociación que afecte nuestro futuro electoral y democrático”.
En realidad, lo que patentizó la población democrática de Nicaragua con la marcha cívica multitudinaria del sábado pasado, fue un rotundo repudio al pacto y a los pactistas, la demanda de revocación del fraude electoral del año pasado y el rechazo a la reelección de Daniel Ortega. La marcha exigió a los partidos de oposición que sean consecuentes en la defensa de la democracia, con lo que se han comprometido públicamente.
Hay que tener mucho cuidado con las invocaciones al “entendimiento” y las peticiones de “diálogo nacional”. No se puede ni se debe olvidar que en 1997, después de las violentas asonadas organizadas por el FSLN que en ese tiempo gobernaba “desde abajo”, el doctor Alemán y Daniel Ortega promovieron un diálogo nacional que fue coordinado de buena fe por el doctor Roberto Calderón (q.e.p.d.), a la sazón presidente del grupo cívico Ética y Transparencia. Pero mientras se realizaba públicamente el diálogo nacional hablando de todo y adoptando decenas de recomendaciones, a espaldas del pueblo y del mismo doctor Calderón, el PLC y el FSLN negociaron en privado los verdaderos acuerdos, que fueron para su propio beneficio y contrarios al interés nacional. Y eso mismo ocurrió, prácticamente, en 1999, cuando el PLC y el FSLN negociaron el pacto y las reformas constitucionales bipartidistas que facilitaron a Daniel Ortega la recuperación del poder político total y quebrantaron la institucionalidad democrática del país.
En la lucha por la democracia, el diálogo político es un mecanismo válido, fundamental e inclusive indispensable. La democracia es una forma de política y de gobierno alternativa a la imposición, a la violencia y la dictadura, y por lo tanto en sí misma es una apuesta por el diálogo, sobre todo en las situaciones de crisis. Sin embargo, para ser verdadero, legítimo y eficaz, el diálogo tiene que ser diáfano, sin cartas ocultas ni prácticas de dobles juegos que lo desvirtúan y lo envilecen, como ha ocurrido muchas veces a lo largo de la historia y en fechas todavía muy recientes.
El diálogo que se necesita ahora, después dela gran marcha, el que demanda el pueblo de Nicaragua, es entre las fuerzas democráticas de la sociedad civil y los partidos políticos de oposición. Es el diálogo planteado en el Manifiesto de Managua, a fin de forjar, mantener y fortalecer la gran unidad nacional para derrotar a la dictadura, defender la libertad y recuperar la democracia.
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