Las lecciones de la gran marcha

La gran marcha democrática del recién pasado sábado 21 de noviembre en Managua, en la cual una multitud calculada entre 50 y 70 mil personas planteó en las calles las reivindicaciones políticas, económicas y sociales más importantes y sentidas de toda la población, ha motivado numerosas y diversas valoraciones. Y muchas lecturas más se podrían hacer de este histórico evento político, que sin duda marca un antes y un después en la intensa lucha que está librando la ciudadanía por el rescate de la república democrática en Nicaragua.

Pero ante todo es justo reconocer que la Policía Nacional, y personalmente su jefa, la primera comisionada Aminta Granera, cumplieron su compromiso y su deber de garantizar la seguridad de los marchistas democráticos. Los incidentes de violencia causados por agresiones de turbas orteguistas, que lesionaron el ojo de una oficial de policía y golpearon a algunos manifestantes ya cuando éstos regresaban a sus lugares de origen y a sus hogares, fueron hechos aislados prácticamente incontrolables, derivados de la irrefrenable compulsión agresiva de los partidarios de Daniel Ortega

Ahora bien, a nuestro juicio el aspecto más importante y destacado de la marcha fue la gran demostración de unidad de todos los sectores democráticos del país, como no se había visto desde 1990, pero ahora más amplia, porque ha sido enriquecida con la participación de los sectores sandinistas democráticos y una amplia red de organizaciones progresistas de la sociedad civil. A partir de ahora, los líderes políticos, que por cierto participaron en la marcha, ¿seguirán poniendo obstáculos a la unidad opositora o van a atender la clara voluntad y el categórico mandato unitario del pueblo? La respuesta es de ellos.

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Por otra parte, la formidable demostración de fuerza cívica y de unidad democrática que dieron los ciudadanos el sábado pasado, hace renacer la esperanza en que mediante la manifestación de la voluntad popular en las urnas electorales, se pudiera rectificar el rumbo del país. Un rumbo que ha sido desviado hacia el autoritarismo y el regreso a la dictadura, arrastrando en su retroceso las conquistas democráticas logradas después de cruentos sacrificios e ingentes esfuerzos nacionales, con la valiosa colaboración de la comunidad internacional.

En realidad, el mensaje de la población democrática por medio de la multitudinaria marcha del sábado pasado ha sido absolutamente claro: no más pactos perversos para seguir sacrificando la institucionalidad democrática y la libertad, a cambio de jugosos puestos en los poderes del Estado. En vez de hacer pactos prebendarios y corruptos, los líderes de oposición deben luchar por crear las condiciones políticas y los mecanismos legales e institucionales necesarios para restablecer la confianza ciudadana en el Poder Electoral, que ha sido emporcado integralmente por la corrupción y el fraude.

Sin embargo, el mandato de la histórica y monumental marcha democrática del 21 de noviembre, sólo se puede cumplir si se mantiene y aumenta la presión popular contra el autoritarismo de Daniel Ortega, así como también sobre la misma dirigencia opositora. Y si los ciudadanos logran vencer el miedo de manera definitiva, no sólo durante un día. El miedo es el arma fundamental que usa Daniel Ortega para mantener sometida a la población y realizar impunemente sus abusos contra la Constitución y la ley, para perpetrar sus atropellos a las instituciones, las libertades y los derechos de los nicaragüenses. El miedo es el instrumento de dominación más perverso, eficaz y contundente de los dictadores de cualquier clase, para imponer su voluntad despótica sin que la población se resista ni se oponga. La persona que tiene miedo acepta dócilmente la imposición. Quien vence el miedo, en cambio, puede expresar abiertamente su pensamiento, desplegar su energía positiva, defender sus derechos, luchar por su libertad, transformar con su participación la realidad de acuerdo con sus necesidades y sus aspiraciones sociales, económicas, políticas, culturales y espirituales.

La marcha democrática del sábado 21 de noviembre fue exitosa, multitudinaria y contundente, porque las personas que marcharon vencieron el miedo. De ese mismo modo, el triunfo definitivo de la libertad, la democracia y la justicia sobre el autoritarismo, la dictadura, la opresión y la represión, sólo se logrará si la población vence completamente el miedo, como lo venció en 1978 y 1979, como lo venció en 1990 y como ya lo venció ahora, el sábado 21 de noviembre.

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