No cabe ninguna duda de que el sabotaje a la rotativa de LA PRENSA, era para inutilizarla e impedir la impresión del periódico. Esta es otra forma de represión y de censura indirecta a la libertad de expresión y de información, por parte del régimen de Daniel Ortega, la cual denunciamos vigorosamente ante el pueblo nicaragüense y la comunidad democrática internacional.
El sabotaje a la rotativa de LA PRENSA, que afortunadamente no causó un daño mayor, se suma a las otras modalidades de represión que el orteguismo ha usado contra LA PRENSA, como la campaña de difamación contra propietarios y funcionarios de este Diario; las acusaciones y condenas judiciales contra nuestro director y jefe de redacción; el cobro de impuestos por la importación de insumos para la producción del periódico, que están exonerados por el artículo 68 de la Constitución; los impedimentos para la cobertura noticiosa en las instituciones de Gobierno; la negación de información de interés público; las agresiones físicas contra periodistas; el ataque con morteros y piedras contra las instalaciones de LA PRENSA, etc.
Al parecer, se está poniendo en práctica la recomendación de los “ideólogos” del orteguismo, de que debían exprimirse el seso para inventar otras modalidades de represión y control sobre los medios de comunicación independientes. En todo caso, en el mismo plano del sabotaje a la rotativa de LA PRENSA hay que ubicar el acoso económico y las amenazas contra Radio Corporación; la destrucción de las instalaciones de Radio Darío, en León; la clausura y el decomiso de los equipos de Radio La Ley, en Sébaco; los impedimentos a las transmisiones de Radio 15 de Septiembre y el juicio contra el director y otros funcionarios de esta radioemisora opositora, etc.
Y cabe esperar que, si los “ideólogos” del orteguismo siguen devanándose el cerebro para inventar nuevas modalidades de control y censuras directas e indirectas a la libertad de expresión y de información, vendrán nuevas e inclusive peores acciones represivas que las perpetradas hasta ahora contra LA PRENSA y demás medios de comunicación independientes.
En realidad, Ortega y su Gobierno odian la libertad de prensa por su propia naturaleza ideológica totalitaria, por una enfermiza compulsión represiva y por la obsesión de silenciar las críticas públicas a la gestión gubernamental, la denuncia de la corrupción estatal, y el desenmascaramiento de la hipocresía de quienes hablan demagógicamente en nombre de los más pobres, pero se enriquecen de manera alucinante bajo el alero del poder. Ortega y su Gobierno son enemigos mortales de la libertad de prensa, por eso es que quieren controlar todos los medios y, si les fuese posible, suprimir la libertad de prensa como lo hicieron en los años ochenta con el pretexto de una guerra que ellos mismos provocaron.
Pero es mayor la fobia del régimen orteguista contra LA PRENSA, porque este Diario es un baluarte en la lucha contra el abuso y la corrupción gubernamental, en la defensa de los valores de la justicia, la libertad y la democracia, y en la promoción de la libertad económica, del desarrollo y del progreso social y humano de todos los nicaragüenses.
En uno de los paneles de discusión de la 65 Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), recientemente celebrada en Buenos Aires, Argentina, se señaló que es una “coyuntura desgraciada” para la libertad de prensa, la que hay actualmente en las Américas. La cual es peor, sin duda, en los casos de Cuba, Venezuela y Nicaragua.
Algunos gobiernos están dictando leyes con el propósito de “controlar a los medios de comunicación, crear un monopolio estatal de medios y eliminar la prensa independiente”, denunció Julio Muñoz, director ejecutivo de la SIP. Muñoz recordó la lucha que libró la SIP contra los gobiernos dictatoriales de Perón, en Argentina; de Trujillo, en República Dominicana; de Pérez Jiménez, en Venezuela; de Rojas Pinilla, en Colombia y, por supuesto, de los Somoza en Nicaragua. Y advirtió que a la censura directa de las antiguas dictaduras le ha seguido una censura más sutil, a través de la distribución del papel o de la publicidad oficial y otras presiones, siendo la más horrible la de la violencia “para matar al mensajero”. Así es, desgraciadamente. Sin embargo esperamos que en Nicaragua, a quienes se exprimen el cerebro para idear formas de represión contra la libertad de prensa y los medios de comunicación independientes, no se les ocurra recomendar también la horrible modalidad de “matar al mensajero”, es decir, de asesinar periodistas.
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