Por Franklin Barriga López
Gonzalo Guimaraes aseveró que, con
los acuerdos entre los mandatarios de Irán y Venezuela, América Latina podría transformarse en un nuevo campo de batalla político, financiero y hasta militar, al extremo de extender a nuestros territorios los conflictos de Oriente Medio.
Esta opinión se sustenta en el deplorable perfil del camorrista Hugo Chávez, quien sigue comprando armamento, de manera desproporcionada, mientras en Venezuela crecen la pobreza y el desempleo. Mahmoud Ahmadineyad, a quien Chávez considera gran camarada, tiene rasgos patológicos no menos inquietantes: cínicamente niega el Holocausto en que murieron más de seis millones de judíos, además de lanzar su latente amenaza de borrar del mapa a Israel, como lo hizo el ayatolá Jomeini que fomentó la guerra santa y las acciones terroristas, impulsadas por ese fundamentalismo que ofrece el paraíso a los asesinos. En Irán, Venezuela y Cuba es donde menos se respeta la libertad de prensa.
En declaraciones para el diario francés Le Figaro, Chávez afirmó que Irán está ayudando a Venezuela a desarrollar un programa nuclear civil para producir energía atómica. Lo que hace Irán en este campo ha merecido sanciones de la comunidad internacional, por cuanto existen sólidas sospechas de que, de manera encubierta, estaría buscando con obsesión la bomba atómica, lo que debe atraer poderosamente al mandatario venezolano. En Venezuela y otras regiones latinoamericanas hay uranio, lo que ayudaría a descifrar uno de los principales intereses iraníes en nuestras latitudes, ya que con Irán no nos vincula ni cercanía geográfica ni nexos históricos, lingüísticos, culturales o religiosos.
¿A qué se debe la reciente y obsesiva inclinación de Irán por América Latina? Esta inquietante presencia no es bien vista en nuestros territorios, en especial por su odio contra Occidente; no obstante, Chávez ha suscrito más de cien convenios con la cuestionada nación del extremismo islámico y, por la influencia que demuestra este histriónico mandatario en Bolivia, Nicaragua y Ecuador, Irán va infiltrándose con piel de oveja.
Evo Morales, quien sigue a pie juntillas los lineamientos chavistas, expresó públicamente que Bolivia apoya los planes nucleares en referencia. Daniel Ortega, otro gobernante desorientado y enemigo de la prensa libre, ha abierto las puertas de Nicaragua para que penetren numerosos iraníes con el membrete de diplomáticos. Es pertinente recordar los devastadores hechos terroristas que sufrió Buenos Aires, precisamente por sujetos iraníes que ingresaron a la Argentina con este status y que hoy son buscados por la justicia internacional, debido a su participación en los mencionados atentados.
En Ecuador, se manifiesta enorme preocupación por el Memorando de Entendimiento del Banco Central con el Banco de Desarrollo y de Exportaciones de Irán (EDBI), condenado internacionalmente, según se ha denunciado por el papel que desempeña para violar las sanciones impuestas a Irán por las Naciones Unidas, por sus programas que ayudan a la proliferación de armas de destrucción masiva, al terrorismo y al lavado de activos.
Si bien los representantes ecuatorianos pueden suscribir los acuerdos que gusten en aplicación de la soberanía, esta misma soberanía obliga a realizar actos que sean beneficiosos, dentro de sensata, constructiva y visionaria política externa. En el caso de proseguir el entendimiento con EDBI, ¿qué haría la ONU frente al incumplimiento de sus resoluciones?
Finalmente, se vuelve oportuno no olvidar que el régimen iraní apoya a Hezbolá y Hamas, que se localizan entre los más agresivos grupos del terrorismo transnacional. ¿Traerán beneficios las alianzas con Irán?
El autor es periodista y escritor ecuatoriano.
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