Jennifer Castillo
El embajador de los Estados Unidos en Nicaragua, Robert Callahan, dijo esta mañana que los nicargüenses tienen derecho a protestar pero sin “violencia” y que los ataques contra la sede diplomática de su país no tienen justificación.
“La ciudadanía tiene todo el derecho de expresarse contra lo que no está de acuerdo (…) creemos que todo el pueblo tiene derecho a manifestarse pero de forma pacífica”, expresó Callahan en reacción al ataque de las turbas orteguistas a la embajada estadounidense ocurrido el pasado 29 de octubre.
Callahan, destacó que los orteguistas que atacaron la embajada no representan a toda la nación. “Son grupos particulares, no es la nación nicargüense (…) había como 500 personas y no fue un rechazo enorme a nuestra presencia y política”, añadió.
El diplomático quien ha sufrido persecución por parte de las turbas orteguistas aseguró tener buenas relaciones con organismos civiles del país. “Hay lazos muy fuertes que nos unen con los nicaragüenses como el medio millón de personas que reside en los Estados Unidos”, enfatizó.
El representante de Washington en Managua brindó dichas declaraciones durante una exposición que estudiantes de diversos centros educativos del país realizaron a miembros del Cuerpo de Paz estadounidense en un hotel capitalino.
La sede de la Embajada de los Estados Unidos en Managua fue blanco de los ataques de las turbas orteguistas que armadas de piedras, palos, morteros y huevos, exigían al embajador Callahan que abandonara el país, luego que el diplomático criticara un fallo irregular de seis magistrados a favor de la reelección de Daniel Ortega.
“Callahan: o te callas o te callamos; o te salís o te sacamos, hijueputa”, gritaban en coro las turbas integradas por ebrios, algunos universitarios, miembros de la Juventud Sandinista, del Frente Nacional de los Trabajadores (FNT) y empleados públicos, guiados por el diputado Gustavo Porras, quienes causaron destrozos en las afueras de la sede diplomática ubicada en el sector de Las Piedrecitas, al suroccidente de la capital.
Durante esas cinco horas, los simpatizantes orteguistas destruyeron con piedras y palos las luminarias exteriores, las cámaras de seguridad y un rótulo con el escudo del Gobierno estadounidense ubicado en la entrada del Consulado.