Son las 6: 50 de la noche cuando saludo al subteniente Terencio Ruiz, jefe de turno en el Departamento de Bomberos de la “Zona 3”, al costado norte del Mercado Roberto Huembes. Está sentado en su oficina, vestido en un uniforme sencillo de color café, esperando la segunda noche de su turno de 48 horas, con las cuales debe completar hasta 120 horas laborales en la semana.
“¿La lluvia de hoy le podría regalar una noche tranquila?”, le pregunto, y de inmediato explica desde su punto de vista profesional: “En parte; habrá menos incendios mientras los casos de cortos circuitos aumentan porque las gotas de agua conectan acometidas de corriente que luego se recalientan”.
El “walkie-talkie” se encuentra en la mesa y es como su compañero inseparable con el que se comunica en palabras incomprensibles, casi en una especie de códigos. Es su instrumento para comunicarse con las ocho zonas que cubren una amplitud desde Tipitapa hasta Ciudad Sandino.
Cómo todos los vehículos están en reparación en el taller de los bomberos, un voluntario me lleva hasta la “Zona Principal” por el Hospital Bautista donde el teniente José Juárez me presenta la variedad de vehículos disponibles.
Entre otros se encuentran dos lanchas para “sacar un muerto de la Laguna de Apoyo” y un camión regalado por los EE.UU. que según él, le tocó apoyar en el incendio de las Torres Gemelas en 2001.
“Sólo dos andan afuera ahorita. Un señor se cayó en un alcantarillado, porque a veces roban la tapa. El otro es un incendio en un quiosco”, explica sobre las actividades recientes.
Damos una gira por la sala de recreación donde no falta una mesa de billar ni lo necesario para lavarse o cocinar. Además está dispuesto un equipo para entrenamiento físico por que las exigencias en este campo comienzan desde el propio equipo que llega a pesar hasta 35 kilos e incluye: un par de botas, un pantalón, un arnés, guantes y una chaqueta protectora, una máscara, un casco y un tanque con aire comprimido.
“A veces uno lo carga por cuatro, cinco, ¡hasta diez horas!”, subraya, mientras el peso de la chaqueta protectora al ponérmela me acuerda lo suficiente de la gravedad.
Un vehículo de intenso color rojo acaba de alinearse entre los demás. “Cubrió un acto presidencial”, explica mientras otras misiones son resolver fugas de gas, un derramamiento de algunos líquidos o inundaciones. Son sus retos diarios que “se aprende practicándolos, en cursos e intercambios anuales con bomberos de Dinamarca”, quienes les regalaron un camión de bomberos.
Un límite de su trabajo es “cuándo una casa ya está perdida tras un incendio y hay que limitarse a proteger su alrededor”, dice, refiriéndose al incendio en el Mercado Oriental del año pasado dónde trabajaron durante 72 horas.
“La escena bulliciosa y los derrumbes demandaron que nos comunicáramos a través de códigos de manos o silbatos” sigue ahora explicando el teniente Apolonio de Jesús López que acaba de regresar del reciente incendio mientras se quita el polvo químico de sus botas. Aparte de ser jefe de turno, pronto cumplirá 25 años de experiencia como bombero.
“Hay la costumbre de mal almacenaje”, revela como una razón principal de incendios porque “revolvemos líquidos fácilmente inflamables con tipos de combustibles sólidos cómo papel o madera”, sigue explicando.
Confirma que hasta ahora, el turno ha sido muy tranquilo. Sin embargo, la sequía trae sus retos: “Chavalos cazan animales cómo zorros o garrobos, encendiendo sus cuevas para atraparlos, mientras las llamas luego se encuentran descuidadas.”
Otro aumento de sucesos se encuentra con lluvias fuertes que encuentran su triste cenit combinado con las festividades durante la Semana Santa, a veces con varías personas ahogadas.
“Lo ocurrido, lo evaluamos en un análisis que nos permite procesarlo”, aclara, refiriéndose a que aparte de su misión de “proteger bienes, vidas y rescatar”, los bomberos también necesitan formar y cuidarse a sí mismos.
“Sacar adelante a mi familia y darles las mejores oportunidades como antes yo lo tenía” son las razones que al teniente le hacen pasar aproximadamente la mitad de su vida en el trabajo. Si pudiera dar un sólo consejo a la población sería:
“Cuando llamen, que intenten explicar el suceso en pocas palabras”.