El escritor Octavio Robleto no solo cultivó la poesía y el teatro, sino las investigaciones sobre tradiciones populares. LA PRENSA/Archivo.

Octavio Robleto: La literatura es un laberinto

El teatro y la poesía fueron motivos de conversación en esta entrevista publicada en febrero del 2007, un repaso por la memoria del poeta que esta semana falleciera de un paro cardíaco, su poética y dramaturgia forman parte de su legado Rodeado de libros, recuerdos y fotografías, el poeta Octavio Robleto se presta para hablar […]

  • El teatro y la poesía fueron motivos de conversación en esta entrevista publicada en febrero del 2007, un repaso por la memoria del poeta que esta semana falleciera de un paro cardíaco, su poética y dramaturgia forman parte de su legado

Rodeado de libros, recuerdos y fotografías, el poeta Octavio Robleto se presta para hablar de su amor por las letras en su casa de Ciudad Jardín en Managua. Su trayectoria como escritor es inmensa, en la que sobresalen sus obras de poesía, cuento y teatro.

A lo largo de su carrera como escritor ha ganado tres veces el premio nacional Rubén Darío en los años 1957, 1958 y 1961, consecutivamente.

De su extensa tradición literaria se desprenden obras como Vacaciones del Estudiante (1954 ) Enigma y Esfinge (1965) Epigramas con catarro(1972), Noche de Oluma(1972) Por aquí pasó un soldado (1975) El día y sus laberintos (1976) Doña Ana no está aquí (1977) Vigilia en la frontera (1984) Cuentos de verdad y de mentira(1978) entre otras publicaciones en revistas y suplementos.

Su profesión de abogado la mezcla muy bien con su carrera literaria que canta a la naturaleza en libros como El Buscador de Paisajes (1999) cuya prosa celebra el vuelo de las aves o el nacimiento y curso de un río, elementos muy arraigados en su vocación de poeta chontaleño.

Laberinto de vigilias es la poesía de un hombre atento a todos los acontecimientos de la vida.

A ratos es el poeta estremecido por el golpe de los años, a ratos el enamorado de las cosas y las mujeres, de los temas graves como la muerte, el que habla de lo cotidiano o simultáneamente hace ambas cosas.

¿Los títulos de sus libros reflejan relatos biográficos?

Sí, siempre tienen relación con los momentos de mi vida. Mi primer libro Vacaciones del Estudiante, relata la salida de un estudiante a sus vacaciones de septiembre, en compañía de una amiga con la que recorre una finca en Chontales.

En él hablo de mis aventuras amorosas en el campo, mis conquistas de vecino y de mis baños en el río con las muchachas que todavía añoro. Es mi libro de juventud.

En Enigma y Esfinge abordo las interrogantes del mito griego, la esfinge que establece las interrogantes que todo escritor se hace, la esfinge son las preguntas y respuestas enigmáticas. Posteriormente escribí El Día y sus Laberintos y mis piezas de teatro.

¿Por qué tantos laberintos en sus libros?

Para mí la vida es un laberinto permanente, esa es mi consideración. Un laberinto como el de Odiseo en la obra de Homero, que anduvo vagando errante por diez años porque estaba en laberinto continuo.

Ahora sigo con el tema de los laberintos, por eso mi último libro se llama Laberinto de Vigilias. En él ya no tengo una vida más avanzada, en este libro me influye la obra de James Joyce, Ulises, que es una obra en la que no se sabe lo que puede pasar en el día y a lo largo de la noche, esas posibilidades se reflejan a lo largo de los títulos de mi libro.

Lo mismo que mi otro libro El Buscador de Paisajes, que es una eterna búsqueda y una eterna interrogante ante la vida aunque sean estampas y relatos bien definidos, pero todo es una permanente búsqueda.

¿Estar en la literatura también es un laberinto?

Es lo mismo que estar en la vida, todo es un laberinto No conozco a una sola persona que no lleve toda una vida con subidas y caídas, sería triste conocer a alguien que tuviera una vida recta y eso también pasa en todo, hasta en la literatura. Toda persona que nace está predestinada para los laberintos. La literatura es un laberinto.

¿Como escritor, en qué laberintos no ha entrado?

En el de la muerte. En el anterior libro El Ddía y sus Laberintos, que está dividido en secciones que he estructurado, como los laberintos del amor, laberinto de huesos, que es la finalidad, la muerte. Hay otros laberintos, los cósmicos que uno pueda tener después de la muerte, los que están en el más allá, esos no los conozco.

¿Cómo enfoca todos esos laberintos en el teatro?

Tal vez sea el único escritor que haya tocado todos los géneros, cuentos, poesía, teatro para adultos y teatro para niños y, en todas esas ramas he trabajado con temas importantes.

¿De los géneros literarios, cuál le produce más satisfacción?

La poesía. En este género se pueden captar todas esas propuestas estéticas, a través de ella se puede captar la belleza y manifestarla en todas las expresiones artísticas.

¿Se puede ser original en la poesía?

Se puede ser original, pero ser novedoso es lo difícil. Los temas van a seguir siendo los mismos: el amor, la muerte, la vida, pero la forma como estén expresados es lo que le va a dar la novedad, esa es la misión del poeta y además decir lo que los otros no pueden decir en poesía. Es cantar su tiempo, es criticar el abandono en que lo dejan y criticar a las lacras sociales.

TEATRO PARA NIÑOS Y ADULTOS

¿Con qué tipo de teatro se identifica más?

En el teatro siempre me ha gustado expresar lo que siento. Mi primera obra de teatro Las Naranjas Rosadas, la escribí cuando era estudiante, es una obra sensual, en esa época tenía 18 años, al igual que otra que se llama La Dicha se Envuelve en Tusa, escrita en poesía chinfónica, la hice así para hacerla más atractiva.

Mis obras anteriores como Teatro para Adultos, están basadas en temas que tienen un arraigo folclórico y popular como El pájaro del Dulce Encanto, que exactamente está basada en la leyenda del Pájaro del dulce encanto. En realidad debería llamarse el pájaro del dulce desencanto. Obras de teatro de lo popular como Doña Ana no Está Aquí, que es un juego que adapté para teatro.

En cuanto al teatro para niños ¿cuáles son sus mensajes?

Muchos creen que soy un especialista del teatro para niños, pero no, lo que hago es que retomo los elementos de mi infancia, los cuentos que me contaba mi padre como “El tío coyote y el tío conejo”, piezas populares que las adapto como Un Jardín para Ser Feliz, que tiene algo de fondo de las leyendas populares de Nicaragua.

¿Retoma lo chinfónico de las obras de José Coronel Urtecho?

Sí. Coronel y Joaquín Pasos fueron los creadores de La Chinfonía Burguesa, pero eso no es invento de ellos, ambos lo utilizan en la poesía, que es un invento del pueblo, es una creación popular. Como las obras Que las Paredes no Oigan, La Autoridad, que no es un juego, sino una sátira contra la autoridad, El Soldadito de Plomo que es un juego infantil que lo paso al teatro con la intención de tener mayor repercusión en lo social.

¿A qué se debe la poca producción de obras teatrales ?

Hay pocas, pero buenos escritores que han hecho y escrito teatro.

¿Existe una promoción equivalente al número de estos autores?

Claro, hay autores jóvenes como Alberto Icaza e Isidro Rodríguez Silva, Chuno Blandón, que han escrito muchas obras.

UN POETA INDEPENDIENTE

Usted creció entre una generación en medio de fuertes divisiones ideológicas. ¿Participó su obra en alguna corriente específica?

Me considero un poeta independiente. Publiqué en los años sesenta en la revista Ventana que dirigía Fernando Gordillo y Sergio Ramírez, al grupo de la Generación Traicionada nunca pertenecí. Mi obra es independiente, no tiene ninguna influencia política y en lo de mis influencias literarias son los clásicos griegos y Rubén Darío.

Citando a Borges que dice: “He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer. No he sido feliz”. Le pregunto, ¿ha sido feliz?

El mayor de los pecados es no sentirse feliz, uno puede estar acompañado y estar feliz con una muchacha en una puesta de sol, ver el paisaje, disfrutar de una hamaca y con la compañía del amor se puede estar mucho mejor. Las amistades son excelentes, pero es una felicidad momentánea, no es para siempre. He sido feliz claro que sí (y sonríe).

La Prensa Literaria

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