En obras de teatro como La Autoridad, denuncia los abusos de los poderosos. LA PRENSA/Archivo

El dramaturgo

Dos paradigmas caracterizan el teatro de Octavio Robleto: la fuente popular, especialmente los juegos infantiles nicaragüenses, y el cuestionamiento a la corrupción política y social A Socorro Bonilla Castellón Cultivo desde hace años una amistad con Socorro Bonilla Castellón, a través de ella conocí a don Octavio Robleto. A partir de entonces, nos unió una […]

  • Dos paradigmas caracterizan el teatro de Octavio Robleto: la fuente popular, especialmente los juegos infantiles nicaragüenses, y el cuestionamiento a la corrupción política y social

A Socorro Bonilla Castellón

Cultivo desde hace años una amistad con Socorro Bonilla Castellón, a través de ella conocí a don Octavio Robleto. A partir de entonces, nos unió una amistad sellada por ser los dos autores de teatro. Recuerdo cuando viajé con él, al Castillo, en la hermosa rivera del Río San Juan, donde él presentó, ante un nutrido público de estudiantes, dentro del mismo castillo, su teatro histórico, Rafaela Herrera, drama de la historia de Nicaragua, en tres actos.

Mientras doña Socorro Bonilla, montaba con Comedia Nacional de Nicaragua, Fiesta de Juguetes, de mi autoría, al mismo tiempo escenificaba La Gallina Ciega de don Octavio, con profesores de la Escuela de Español de la UNAN-Managua, en el Primer Festival de Teatro de Autores Nicaragüenses.

Cuando visitaba la casa, siempre conversaba con él, especialmente de teatro. Ya me había dado su último libro de poesía para que le escribiera un comentario crítico. Hace poco que estuve con doña Socorro Bonilla, que me contaba del éxito de la temporada teatral de Comedia Nacional; me contaba que estaba preocupada por don Octavio, no quería comer y lo miraba muy triste.

Octavio Robleto nació en Comalapa, Chontales en 1935. Su creación literaria iba de la poesía al teatro. Como poeta, había ganado el Premio Nacional de Poesía Rubén Darío (1958-1959), y con la obra de teatro Y Que las Paredes no Oigan habían ganó los Juegos Florales de Quetzaltenango, en Guatemala. Dos paradigmas caracterizan el teatro de Octavio Robleto: la fuente popular, especialmente los juegos infantiles nicaragüenses, y el cuestionamiento a la corrupción política y social.

El juego infantil es la base dramática de su teatro, tanto para niños como para adultos. Cuando escribió para los niños, su teatro es juego, más que decir es hacer acciones que integren al niño al espectáculo. Entre sus mejores obras para niños, están: Nueva Historia de la Cucarachita Mandiga y el Ratoncito Pérez, De la Guerra Feroz entre Tío Coyote y Tío Conejo, La Gallina Ciega y Un Jardín para ser Feliz.

Pero el juego infantil también lo utiliza para armar sus historias de protesta, como en la farsa en un solo acto Por Aaquí Pasó un Soldado (1975), que es una muestra clara de su denuncia a la guerra brutal:

ACTOR 4

(Apasionado) Lo que no llevaba era paz, sino odio. Iba derrotado pero llevaba el odio por dentro. Le habían enseñado a odiar y odiaba. Lo habían vuelto malo de repente. Se odiaba él mismo y no tenía prójimo…

Esta denuncia constante la encontramos también en su obra La Autoridad, comedia satírica en un solo acto y ocho escenas, escrita en 1979, poco antes del triunfo de la revolución, que según sus propias palabras: “Trata de reflejar, en estampas cortas, el grado de corrupción e inmoralidad en que había desembocado la Guardia Nacional, precedida y organizada por la dinastía Somoza”.

Su teatro es una respuesta a su rebeldía como escritor; había encabezado una huelga en la Escuela nacional de Agricultura, donde fue expulsado. Cuando estudió Derecho se incorporó a la”Generación de la Autonomía universitaria”, siendo su maestro Mariano Fiallos Gil. En la Universidad de León fue director de la Revista Cuadernos Universitarios.

Doña Ana no Está Aquí (1975) está entre sus mejores obras, como siempre basado en el juego infantil. Jorge Eduardo Arellano la valora: “Por eso doña Ana no es el personaje ingenuo del juego común e intelectual que se práctica en todo el país al inicio de la según infancia, sino una dama de clase alta y bien perfilada, con constituye el blanco de su fina sátira. Con ese punto de partida, Robleto elabora una obra ubicada en un ámbito urbano y con una problemática moderna”.

Su obra antológica es sin duda Que las Paredes no Oigan, publicada en Nicaragua por la Prensa Literaria y en Cuba, por la revista Conjunto de Casa de las América. Esta obra es una parodia de la burguesía somocista simbolizada en la Gorda. Mientras ella se encierra en su casa, añorando el pasado, afuera triunfa la revolución, es por eso que la Gorda dice: ¡te das cuenta amor Todo ha cambiando. ¡Cuanto escándalo y cuanta humillación¡ ¡Ojalá que las paredes no oigan¡

Octavio Robleto ha muerto, el teatro nicaragüense está de pésame, pero él seguirá vivo a través de sus obras dramáticas, su pensamiento y la esencia de su ser está en la carne y el espíritu de sus personajes, a como dice su personaje histórico en Rafaela Herrera: “Este río nos arrastra a todos. Nosotros somos apenas dos gotas confundidas en la inmensidad de sus aguas. Por aquí ha pasado mucha historia y continúa pasando. Hoy estamos en sus aguas revueltas, mañana serán otros personajes, hasta que desemboquemos en el mar del olvido”.

La Prensa Literaria

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