Guillermo Rothschuh Villanueva

I Cuando todo era incierto y ya nada era posible. Cuando venía de regreso perdido. Cuando mi alma naufragaba enderezaste mi barca con la misma armonía que acoplaste nuestros cuerpos en la cama. II Leía para vos algunas cosas mías. Hablamos de música también de poesía. Te obsequié un disco de Tania Libertad. Libre, libérrima, […]

I

Cuando todo

era incierto

y ya nada era posible.

Cuando venía

de regreso

perdido.

Cuando mi alma

naufragaba

enderezaste mi barca

con la misma armonía

que acoplaste

nuestros cuerpos

en la cama.

II

Leía para vos

algunas cosas mías.

Hablamos de música

también de poesía.

Te obsequié

un disco de Tania Libertad.

Libre, libérrima,

no te bastó

darme uno tuyo.

Entre el azul

de mis sábanas

nuestros cuerpos

desnudos

eran un horno

encendido.

III

Jamás volvimos

a vernos

hasta la tarde

en que dueña de tu carácter

frente a todos

evocaste

el disco de Tania.

¿De qué manera

descifrar el mensaje?

¿Cómo una manera

de revivir el pasado?

Después supe

que explícita decías

aunque soy de otro

aquella noche

quedó prendida

para siempre

en mí vida.

IV

Tu olor a noche fresca,

tu sonrisa sal marina

tu piel de albaricoque

tus piernas encendidas

tus caderas mordaces

¡Caramba Dios mío!

Eras la misma.

Dos veces mejorada.

Un volcán encendido

Una vela que no apaga.

La Prensa Literaria

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí