I
Cuando todo
era incierto
y ya nada era posible.
Cuando venía
de regreso
perdido.
Cuando mi alma
naufragaba
enderezaste mi barca
con la misma armonía
que acoplaste
nuestros cuerpos
en la cama.
II
Leía para vos
algunas cosas mías.
Hablamos de música
también de poesía.
Te obsequié
un disco de Tania Libertad.
Libre, libérrima,
no te bastó
darme uno tuyo.
Entre el azul
de mis sábanas
nuestros cuerpos
desnudos
eran un horno
encendido.
III
Jamás volvimos
a vernos
hasta la tarde
en que dueña de tu carácter
frente a todos
evocaste
el disco de Tania.
¿De qué manera
descifrar el mensaje?
¿Cómo una manera
de revivir el pasado?
Después supe
que explícita decías
aunque soy de otro
aquella noche
quedó prendida
para siempre
en mí vida.
IV
Tu olor a noche fresca,
tu sonrisa sal marina
tu piel de albaricoque
tus piernas encendidas
tus caderas mordaces
¡Caramba Dios mío!
Eras la misma.
Dos veces mejorada.
Un volcán encendido
Una vela que no apaga.