Antonio Skármeta en una historia de Insurrección

El novelista chileno Antonio Skármeta, el guionista del largometraje La insurrección filmada en Nicaragua a finales del 1979, en mero hervor revolucionario, comenta de su aventura en el país y la historia que escribió La insurrección, largometraje de ficción filmado en Nicaragua a finales de 1979 y comienzos de 1980, fue dirigida por el reconocido […]

  • El novelista chileno Antonio Skármeta, el guionista del largometraje La insurrección filmada en Nicaragua a finales del 1979, en mero hervor revolucionario, comenta de su aventura en el país y la historia que escribió

La insurrección, largometraje de ficción filmado en Nicaragua a finales de 1979 y comienzos de 1980, fue dirigida por el reconocido cineasta alemán Peter Lilienthal, escrita por Antonio Skármeta y protagonizada principalmente por ciudadanos de León, de donde surgieron además los personajes secundarios, extras y comparsas.

Skármeta y Lilienthal habían tenido conexiones artísticas desde 1972 en Chile. Peter había leído los cuentos de Antonio como su lector y le pidió escribir un guión para una película, del que surge el film La Victoria. Después del Golpe Militar a Salvador Allende en 1973, Antonio sale voluntariamente del país rumbo a Argentina, en donde escribe el segundo guión para Peter, Reina la Tranquilidad en el País, que se filma en Portugal dos años después, en 1975. Recibe la beca del Programa de las Artes de la Academia Alemana de Intercambio Académico y viaja a Berlín Occidental, donde escribe su primera novela titulada Soñé que la Nieve Ardía. Crea al mismo tiempo guiones para radio, transmitidos en Alemania y pronto en el resto de Europa. En 1979, a causa de los éxitos de sus guiones cinematográficos que recibe premios en Europa, es invitado a dar clases de guión en la Academia de Cine y Televisión Alemana, donde trabaja tres años. En 1980 viaja a Nicaragua y escribe el guión cinematográfico de La Insurrección. Con los materiales de sus investigaciones y entrevistas en Nicaragua escribe la novela que lleva el mismo nombre, escrita en español y traducida a varios idiomas.

Sergio Ramírez comenta su encuentro con Antonio en Berlín: “Después del golpe de Chile, en 1973, conocí en Berlín a muchísimos chilenos que llegaron exiliados. Hice relaciones personales con ellos, conocí a los Parra, muchos artistas. Unos se fueron a Berlín Oriental, otros se quedaron en Berlín Occidental, uno de ellos fue Antonio. Y me relacioné más con él porque llegó con la misma beca que yo tenía del DAD y le ayudé a instalarse. Cuando me vine con mi familia no pudimos traernos algunas cosas, así que se las dejamos a ellos, por ejemplo, dejamos las bicicletas de nuestros niños a los niños de Antonio. De manera que hicimos una amistad muy estrecha a partir de entonces y creo que eso debe haber valido mucho, también, para la venida de él con Peter Lilienthal en 1979”.

Peter Lilienthal llega a Nicaragua el 19 de noviembre de 1979, cuatro meses después del triunfo y comienza su investigación y preproducción. Ese año había ganado el Oso de Oro del festival de cine en Berlín, por su largometraje David. La televisión Alemana proporcionó los recursos de la película y en Centroamérica se contrató a Istmo Film, de Costa Rica, para la producción ejecutiva. Era una coproducción alemana con Provobis y V. Vietinghoff Film e INCINE apoyó en lo que faltaba para la producción. El trabajo se realizó con la cámara del alemán Michael Ballhaus, los montajes de Siegrun Jaeger, el sonido a cargo de Mario Jacob y Luis Fuentes y los actores Agustín Pereira, Carlos Catania, María Lourdes Centeno, Óscar Castillo, Guido Sáenz, Vicky Montero y Daida Mendieta Ruiz. Fue distribuida a nivel mundial por Jochen von Vietinghoff. Se estrenó en 1980 en Nueva York, con un programa doble que incluía el largometraje documental El Salvador, el Pueblo Vencerá, del cineasta puertorriqueño Diego de la Texera.

¿Qué motivaciones tuvo para viajar a Nicaragua a escribir el guión de Lilienthal?

Más que amistad con él y los trabajos que habíamos hecho, las motivaciones que me llevaron a interesarme en Nicaragua fueron de tipo político y literario. En aquellos años, la lucha contra un dictador que agrupaba fuerzas disímiles tras un objetivo libertario me parecía extremadamente atractiva y veía en ella un posible ejemplo de unidad contra Pinochet en Chile, circunstancia que a la larga se produjo. Se acentuó mi simpatía por Nicaragua por el cariño que desde niño y joven sentía por su literatura: Rubén Darío, Coronel Urtecho, Ernesto Cardenal, Sergio Ramírez, y tantos otros escritores y escritoras que fui conociendo.

Cuando estuvo en el país ¿cuál fue el principal elemento que influyó en la escritura de su guión?

Una característica especial es el hecho de que Peter me invitó a escribir un guión «en terreno». Eso quiere decir que durante la noche escribía y Peter filmaba durante el día. Una experiencia nueva y fascinante.

¿Cómo organizaron el trabajo de producción con la premura del guión en pleno taller de creación?

Peter llegó antes que yo y se instaló en León en el barrio de Subtiava, donde oyó muchas cosas que la gente le contaba, lo que habían vivido durante la insurrección. Éstas lo impresionaron vivamente. Cuando filmó, intentó casi reproducir documentalmente lo que le habían contado. Se introdujo en la película, en las historias, en el sentir del pueblo leonés, y se eligió León, porque fue el primer pueblo aguerrido durante la época de insurrección. Eso fue mi inicio para crear.

Si usted estaba escribiendo “en terreno” y se filmaba en el día lo que usted había escrito la noche anterior ¿Cuál es la diferencia entre la realidad y la ficción?

Eso viene primero en la relación entre guión y película. Hay algunas situaciones que están rigurosamente escritas y filmadas como se escribieron. El enfrentamiento inicial en la casa entre el padre y el soldado cuando el padre le reprocha al hijo que esté en el ejército de Somoza, esa secuencia fue hecha casi al pie de la letra. Al escribirla tenía muy presente un formidable cuento de Ariel Dorfman, En Familia, que alude a una situación semejante en Chile, asimismo la secuencia en que el capitán viene a buscar a la casa a Agustín ante el barrio paralizado de terror, y con la clara amenaza de fusilar a un niño si Agustín, el desertor, no sale de su escondite; la secuencia en que las madres vienen hasta las puertas del regimiento a pedir que dejen salir a su hijos pues ellas no los han criado para ser asesinos.

Sobre esta dramaturgia escrita, Lilienthal dejó entrar la dramaturgia espontánea que la gente le proponía. Eso le da al film un aspecto de docu-drama, porque los actores habían vivido la historia, fue como repetir su experiencia y eso le dio emoción y fuerza a mi guión y a la película. Por supuesto, los actores sobrepasaron a mis líneas con sus talentos y con la emoción de actuar sobre lo que habían vivido.

¿Cómo fue el proceso de investigación para escribir su novela si ésta es diferente al film?

Hice durante un mes intensas entrevistas con mucha gente. Y todo ese material al volver a Berlín lo usé para construir la novela La Insurrección que fue escrita, por tanto, después del guión y antes que el film se estrenara. Era apasionante realizar cine en Nicaragua con todo el desborde de talentos, de personajes, de situaciones que ayudaron a mi imaginación y sobrepasaron las expectativas del guión.

¿Cómo puede describir entonces la diferencia entre el guión cinematográfico, la película y la novela, de la vida real?

Es que esta idea se materializó en varios productos: película, guión, novela. La novela es bastante diferente al film. Un ejemplo adecuando de cómo elaboré narrativamente el material documental es el capítulo en que una madre cuenta hacia el final de la novela cómo le dispararon a su hijo y lo mataron cuando venía de vuelta de la guerra celebrando la victoria. Y eso fue realidad en la cotidianidad de León durante la insurrección. A la distancia creo que haber creado personajes carnales – y no meramente instrumentales a un argumento – permite que la novela se lea hoy como un drama político moral que puede ocurrir en cualquier parte del mundo.

¿Qué consecuencias positivas trajo para usted toda esta creación?

Ella sola era una consecuencia positiva. El film obtuvo el Premio Federal de Cine Alemán y contó con la cámara de quien sería después el camarógrafo favorito de Scorsese, el alemán Michael Ballhaus. A mí me dejó una apasionante experiencia y maravillosos recuerdos de Nicaragua.

La Prensa Literaria

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