San Miguel

Vecino de Santo Domingo, Candelaria y Catedral, San Miguel era un barrio importante de la Ciudad de Managua. A mi manera voy a describirlo y llevar sus límites hasta el propio costado este de la Avenida Roosevelt para desarrollar mis recuerdos. Mercados, comercios, zona residencial, bancos y empresas de servicio, integraban esta zona que era […]

Vecino de Santo Domingo, Candelaria y Catedral, San Miguel era un barrio importante de la Ciudad de Managua. A mi manera voy a describirlo y llevar sus límites hasta el propio costado este de la Avenida Roosevelt para desarrollar mis recuerdos. Mercados, comercios, zona residencial, bancos y empresas de servicio, integraban esta zona que era definitivanente el corazón de las actividad mercantíl de nuestra capital.

Cuando Trucson llegó a Managua con el Circo de los Hermanos Atayde, nadie se imaginó que el nombre del gorila, se transformaría en una marca de calzoncillos que Serafín Giacoman registraría para venderlos precisamente en su establecimiento del Mercado San Miguel .Como publicista nunca he logrado descifrar la razón de dicho bautizo, no sé si eran muy fuertes o fieros, resistentes a cualquier embate orgánico o simplemente un nombre sonoro difícil de olvidar.

A propósito de sonoridad, la tienda Roca no se quedaba atrás. Sin embargo eran las dos primeras letras del nombre y apellido de don Rodolfo Cardenal, persona muy apreciada, con estudios de ingeniería en Inglaterra, pero forzado por su padre a meterse en el área de comercio, simplemente por que los ingenieros manejaban muy hábilmente las matemáticas y necesitaban a una persona de toda confianza administrando la contabilidad. Sus sueños de trabajar para el Ingenio San Antonio se vinieron al suelo hasta desencadenar en la tienda y posteriormente en una agencia de publicidad, también llamada Roca, según me lo contó el propio don Rodolfo tiempo después.

Un personaje inolvidable de esa Managua fue Tex Ramírez, dueño de la primera “Barata” que tuvo Managua, recorría precisamente las calles y avenidas de los mercados, saludando por su nombre a los comerciantes y vecinos. La esquina de “la barata” era propiedad del Dr Carlos José Solórzano y la Farmacia “Managua” era regida por su dueño Alberto Lacayo Lacayo, abogado y farmacéutico a quién cariñosamente llamaban “Corazón Santo”, quizás por su devoción cristiana. Esa zona estaba plagada de farmacias – Granera y Padilla– Sabas Acosta- Guerrero Castillo– luego Cesar Guerrero, Francisco Álvarez Lacayo, Armando Pallais Lacayo, los Guerrero Pineda, Los Ode, Farmacia Alvarado, Poveda y Marenco, Brenes Jarquín, Genaro Mayorga-luego Francisco Gutiérrez, los Sarria, Arana Guerrero y la recordada Farmacia y Droguería Carrión que dominaba la esquina opuesta al sur oeste del Mercado Central.

El mercado San Miguel, desordenado, producto de escombros, alojaba comercios de granos y verduras, frutas, canela en churlos, y al mismo tiempo se admiraba con respeto al campeón de ciclismo nicaragüense, quién tenía precisamente un puesto de bicicletas, repuestos y otros artículos. Comiderías con la rica sazón nicaragüense, pescaditos secos del lago de Managua, ropa de partida y hasta una cantina llamada el Nilo Blanco donde al terminar la secundaria fuimos a tomarnos una “carga cerrada” consistente en cinco tragos seguidos y en línea, por demás está decir que fue la primera gran picada de nuestras vidas.

En San Miguel, estaba el establecimiento de la Chila Reyes, esforzada comerciante nicaragüense que sufrió persecución y exilio por el delito de ser familiar inmediata del doctor Lacayo Farfán. La familia Merlo era otra rama importante del comercio, así también los Pérez Mora, Don Poncho Wong, los Shible, Frech, Farach, Dajer, Abohasen y muchos otros sirio- libaneses, como Zogaib, Zarruk, Del Carmen, Hueda, Tabbag, y tantos otros personajes honorables, dinamizaron el comercio, siendo los árabes la fuerza principal de nuestro comercio mediano y menor, localizados desde la Roosevelt hasta la Gota de Leche y de ahí hasta la calle de Santo Domingo.

Nombres tras nombres recordamos con cariño y nostalgia. La Pilú Ocampo, los Gurdián, la Lilam Solórzano, los Palma Martínez, doña Gloria Benard, Renato Argüello y su Rarpe, uno de los tres licenciados en Farmacia acogidos a la Ley Moncada, siendo los otros Antenor Ulloa y Octaviano Sánchez. El escritor y dibujante Pérez Valle, don Miguel Silva y su edificio, la Zela Lacayo actriz El entonces reciente matrimonio de Pedro J Chamorro y doña Violeta, soñando el primero con Nicaragua republicana y ella sin imaginar que llegaría a ser Presidente de Nicaragua, con el mérito de pacificar la nación, estabilizar la moneda e institucionalizar al Ejército y la Policía.

Otros nombres y personas vivían y laboraban en San Miguel, los Acosta- don Sabas y doña Elvira, Ligia, Reynaldo, Georgina, Edgard, Ruth, Araceli y Haydee a quién el destino ha dado la oportunidad de tratar en organismos de promoción y desarrollo humano. Carlos Barrios y la Leonorcita su brazo derecho, el Coronel Félix Saborío y los Zavala que controlaban la Carne de Managua. Don Rodolfo Peña y sus hijas en cuya casa se hospedaba la bellísima Berthita Zambrana novia entonces de Somoza DeBayle. Don Rodolfo producía aguardiente con los llamados- guareros- que eran Somoza García, Carlos Pasos, Mundo Sánchez, Juan Rueda, don Alberto Reyes, los Martínez de Jinotepe, Orochena y otros apellidos que se pierden en el tiempo.

Evoco con fruición a las Vílchez, las hijas de don Mauro, sobre todo a Marina linda entonces y bella ahora, a las Guerra, la Violetita del Diablo Zelaya y su hermana ya fallecida y viuda de Ernesto López de El Cazador y los supermercados, que en el terremoto sufrieron la pérdida de docenas de casas. En esa misma cuadra el doctor Pío Ortega Aguilar y doña Angelita Gallegos, padres de mi comadre Ruth, y sus hermanas Diana Llanesa, esposa de un gran productor de tabaco y banquero, domiciliados en Tampa. Nidia que fue Musa de Rubén Darío, hoy señora de Aguilar Cortés y Ángeles, la menor. Recuerdo la tragedia de Carlos Eduardo muerto en un accidente con arma de fuego, siendo un adolescente. Don Julio y doña Bertha Tapia y sus hijos Julio, Norman y Nina también vivían en esa misma cuadra que era del Hotel Colón, referencia obligada de Managua y propiedad de don Plutarco Pasos, abuelo de Sonia y Carlos Barrios Pasos, la primera fallecida tristemente en un asalto en los Estados Unidos y el segundo aún viviendo en esta capital. En la acera de enfrente a la orilla de lo que fue la Farmacia Española, Camilo Fernández hacía de las suyas en el vecindario, acompañado de sus hermanos Julio y Alberto. Hoy Camilo es importante hombre de negocios, guiando a sus hijos en diversas empresas. Su hermano Fanor, siempre circunspecto, vive en El Salvador También ha sido un hombre de éxito.

En esta crónica no podía faltar “La Colmena” que se estableció primero en San Miguel y después se trasladó enfrente del Club Internacional, servía comida francesa, húngara y alemana, amenizando los almuerzos con violines y acordeones, dejando escapar música zíngara y hermosos valses vieneses.

Chinos importantes como los Quants y Frank Ley, operaban en esa zona, pequeñas tiendas como la tienda Loza, Panchito Uriarte, Los Guerrero y sus quesos, Benvenuto Martínez y desde luego, El establecimiento de José Benito Ramírez, sobrino de Pedro Ramírez un carpintero que trabajaba en Montelimar y lo regañaba cuando su sobrino llegaba a ver a Somoza. Julio Martínez y Francisco Mendieta vendían los Jeeps, repuestos y discos. El Patio lugar preferido de la Colonia Alemana con sus hojas secas y chorizos especiales, La Tina Arana y su hermano Fernando, la Casa Tefel, La casa de Pedro Belli gerenteada por Ismael Reyes.La distribuidora WELLA, las camas Simmons,los discos de William Arguello, el edificio Adela, la sastrería Morales del papá de Cesar, la tienda de Cruz Vega, El Hogar Bunge la ferretería, la Kodak, los precios fijos de Morales, Rivas Opstaele, la Tina Lugo, El Nene,El Chic Parisién, la Ludeca, la Tropical Radio, Sengelmann, Tino Pereira, el Banco Nicaragüense, la Floristería de Leo Salazar, Mc Gregor, Licores Bell, Estudio Fotográfico Alemán, Clínica y empresas del DR José Rodríguez Blen,la sastrería CABRERA Ampíe, joyería La princesa, Elías Argeñal, la tienda Alicia, don Adán Sáenz, La Florida de don Tino Wagui, “ La Noticia” en su época el principal diario de Nicaragua con sus tres personajes Panchito y La Rana y mister Hit, los primeros caricaturas y el segundo el cronista deportivo de la época. Don Aurelio Montenegro y su negocio de pieles y la Escuela de Comercio de Paco Martínez.

Hacia el lago y hacia arriba había paradas de buses, pequeños hoteles y establecimientos distribuidoras de jabón, aceite y granos. Don Hildebrando Arguello y doña Anita Polex su señora formaron a varios hijos como insignes trabajadores, uno de ellos, Hildebrando mi querido amigo, inició su luna de miel en una Harley Davidson, hace ya más de sesenta años y hoy sigue feliz con Ruth como el primer día, rodeados de una hermosa familia respetada y querida por todos. Don Guillermo Castillo y doña María Barberena también tenían una distribuidora fuerte, ellos fallecieron trágicamente y siempre se les recuerda con afecto.

Me he saltado direcciones y nombres, calles y avenidas, pero aún recuerdo en esa zona a Julio Cedeño, Edmundo Castillo – sastre y compositor de preciosos boleros- el doctor Mora en la Biblioteca Nacional, Panchito Brockmann, Sucre Frech, Gallo y Villa con su venta de artículos de peltre, Benji vendiendo chiclets por mayor, Nico Demann de la Ferretería Bunge, Fredie Lufhz contiguo a Aníbal Román, Beno Springer codueño de Gallo y Villa Ferretería y tantos otros como Adolfo Hurtado-mi compadre Quijote-.

La Prensa Literaria

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