Entró con desparpajo a la vieja cantina de la esquina, se sentó en una vieja silla del bar, desvencijada como todo el bar. Vestía una camiseta escotada y unos pantalones jeans pegados a su bello cuerpo. Era mulata y su piel caoba se veía aun mas ennegrecida por las sombras de las candelas. Tenía puestos sus zapatos de charol rojo; contrastando con su maquillaje azul nilo, que hacían ver sus ojos más grandes y de un verde profundo; la roconola apagada solo insinuaba viejas canciones de amor. Un hombre alto, moreno de pelo chirizo se le acerco, ella le sonrió. Él le pregunto, estás temblando, tienes miedo? Ella se sonrió fuertemente y le dijo no, estoy de goma. Él le pidió al barman una cerveza y se la pasó a ella. Se sentaron juntos en una mesita de la esquina, yo te he visto, le dice maliciosamente, ella coqueta le pregunta ¿Dónde?, en el otro bar., bailamos regué y parecías una muñeca. La negra le dice coqueta ¿te gusto?, él dijo sencillamente sí, ¿tenés riales?, le pregunto ella, él dijo un poco, pero tengo de lo que te gusta a vos, ella rió tentándolo ¿Qué me gusta a mí?, sí dijo él, eso que te pone a bailar, ella se acercó aun más y al oído le dice ¿blanco?, pura dice él. Ella entusiasmada le dice y riales?, andas riales para el motel?, sí dice él, ando un poco para el de aquí cerca. Se quedaron viendo, sonriendo y en silencio. De pronto las luces se encendieron y la roconola tocó una ranchera.
Ella se recompuso, se miró en su espejito, vio que a pesar de los 35 años todavía era bella. Él la vio y le dijo ¿me gustas?, ¿y cómo sabes lo que me gusta? Pregunta la negra, soy policía le dijo él pero no tengas miedo, yo también le hago cuando puedo, pusieron a Bob Marley y ella instintamente comenzó a bailar, sus zapatos rojos se deslizaban en el cemento, él se levantó y bailó con ella, ambos sentían el cuerpo caliente y bailaban con desparpajo. Se sentaron, pidieron otra cerveza y la bulla los apagó un poco. Él se acercó y le tocó la pierna ¿Cuánto? Ella le dijo dos paquetitos y el motel, bueno dijo él.
Salieron de la cantina y caminaron por la calle mal iluminada y llegaron a un rótulo que decía Motel, entraron a la habitación desastrosa y mal oliente. Qué querés preguntó él, un ñatazo respondió ella, él sacó de su bolsillo una bolsita, ella inhaló con una llave después él, se besaron apasionadamente, se desnudaron ella le puso el condón he hicieron el amor como locos, tuvieron el orgasmo casi al mismo tiempo y siguieron besándose, me tengo que ir dijo ella paleándose, te acompaño, le dijo él.
Salieron tomados de la mano ella con sus zapatos rojos, el feliz la subió a un taxi, llovía, él no supo si el maquillaje se descorría por la lluvia o por algo más, sentía un gran amor por ella, una eterna gratitud. Quiso detener al taxi, pero ya partía, la lluvia no cesó y se quedó en medio de la calle viendo como ella se alejaba diciéndole adiós. Ella se quitó los zapatos rojos de charol y se los dio, mañana te espero le dijo y alegre subió al taxi.